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Inicio » Entrevista » La tarea «solitaria y hermosa» de Juan Muñoz

El Centro Botín de Santander, que celebra ahora su quinto aniversario, no es solamente un espectacular edificio mirando al mar, sino que su arquitecto, Renzo Piano (Génova, 1937), hizo el proyecto pensando en su impacto social y cultural, haciendo que la ciudad se reencontrara con su frente marítimo al soterrar la autopista que la separaba del mar, creando en su lugar un agradable jardín.

Sin título, 1992

El Centro Botín, además de ser un importante referente como centro de arte, es un espacio privilegiado como mirador para contemplar el mar; está cubierto con 280.000 pequeñas baldosas cerámicas redondeadas de color perla que reflejan la luz del sol y el brillo del agua. Coincidiendo con su quinto aniversario, se ha inaugurado Juan Muñoz: Dibujos 1982- 2000, la primera retrospectiva de la obra dibujística del escultor español (Madrid, 1953 – Ibiza, 2001), uno de los artistas europeos más relevantes del siglo XX, que podrá visitarse hasta el 16 de octubre de 2022.

Rosso in Africa, 1994

Comisariada por Dieter Schwarz, esta exposición presenta la trayectoria del artista como dibujante a lo largo de dos décadas. Con más de doscientas obras, prestadas por instituciones y coleccionistas particulares, europeos y estadounidenses, está producida por el Centro Botín en colaboración con el Juan Muñoz Estate. Además de los dibujos, la exposición incluye el impresionante conjunto escultórico La naturaleza de la ilusión visual (1994-1997). 

La naturaleza de la ilusión visual (1994-1997)

Juan Muñoz decía que dibujar era un placer, una tarea solitaria y hermosa, y que siempre intentó hacer dibujos como entidades separadas de su obra escultórica. La mayoría de los dibujos no tienen título, pero una palabra en el dibujo cambia y refuerza la potencia conceptual de la imagen: un balcón deja de ser un elemento anecdótico al incluir la palabra «Hotel», que amplia su nivel de significación sugieriendo una profunda soledad, más allá del silencio de Edward Hopper.

En la serie Raincoat Drawings, realizados con tiza blanca sobre negro, presenta interiores sombríos y desiertos, probables recuerdos del desasosiego que sentía al llegar a casa y ver con extrañeza los constantes cambios que hacía su madre en su habitación y en la de su hermano siendo niños. En la exposición puede verse que son dibujos de escultor, con la contundencia del volumen y del trazo negro. La constante de estos dibujos parece ser la «Asfixiante proximidad» [título de una de sus obras] que ve el artista en su entorno y la fragilidad de la naturaleza humana, que expresa a través de unos personajes profundamente enigmáticos, contando historias ante las que cada espectador puede vivir su propia experiencia emocional.

Raincoat Drawing, 1992-1993

Algunos de los dibujos son realmente impresionantes, especialmente los personajes que viven aprisionados en estructuras como pesadas bolas, de las que ya forman parte, sin posibilidad de tener estabilidad ni de avanzar, como criaturas sin destino; en sus gestos y actitudes pueden verse rasgos de Goya, como los palos, la maldad, la ignorancia, el humor negro, que tan bien reflejó el artista aragonés. Unas miradas goyescas, que reflejan miedo, soledad, angustia, dolor, desconfianza, también prepotencia y poder, y sonrisas tristemente enajenadas. Son visiones muy contemporáneas, que nos llevan a Goya, a El Bosco, al mundo feliz de Aldous Huxley, al 1984 de George Orwell, y esos personajes-bola, que parecen desprovistos de identidad y sonríen alelados, al mundo feliz del 2030. También es sorprendente que, poco antes de su deceso, creara A brief description of my death, en 1999. [© Fotos: Belén de Benito]

Late Portrait, 1985