Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia, personalizar y analizar tu navegación, mostrar publicidad y anuncios basados en tus intereses
Si sigues navegando, consideramos que
Para obtener más información entra en la sección de Política de cookies

Inicio » Entrevista » Materia y luz

El pintor y escultor español David Rodríguez Caballero, el artista más joven de la galería Marlborough, puede presumir de una carrera meteórica con gran eco internacional.

Desde que en 1998 David Rodríguez Caballero (Palencia, 1970) llegara a Nueva York becado por el Gobierno navarro ha llovido mucho. Durante aquella estancia trabajó en el MoMA y el Guggenheim y, tras fichar por la Marlborough aprendió a nadar en las procelosas aguas del mundo artístico, además de granjearse el respeto de colegas como Manolo Valdés. Con estudios abiertos en la Gran Manzana y Madrid, su ritmo de trabajo es frenético, encadenando proyectos y encargos sin apenas tiempo libre para disfrutar de sus aficiones como el jazz. La luz y la materia son los ejes de su personal universo plástico que se enmarca dentro de una depurada abstracción geométrica. Su primera exposición individual en Nueva York, tuvo un éxito aplastante de crítica y ventas –se vendieron el 88% de las obras– y contribuyó a ponerle en el mapa. Este mes sus elegantes creaciones se expondrán en el stand de la galería Marlborough en la feria Tefaf Maastricht.

¿Cuál es su primer recuerdo memorable con el arte?
Fue el encuentro con unos cuadros de Zurbarán cuando yo era niño. Quedé impresionado por cómo una imagen podía contener un mundo complejo y contarlo de una forma tan sencilla.

¿Cuándo empezó a sentirse artista?
Comencé a sentirme artista con mis primeras exposiciones en mi época de estudiante. Pero mirando hacia atrás, la conciencia de artista aparece cuando puedo dedicarme profesionalmente a ello y consigo vivir de mi actividad. A veces me pregunto ‘¿y si tuviera que renunciar al arte?’ ‘¿a qué podría dedicarme?’. Siempre me quedo sin respuesta. Soy incapaz de visualizarme haciendo algo distinto.

¿Cómo fue el paso de su obra a la escultura monumental?
El proceso fue muy natural. Yo vengo de la pintura, en un comienzo una abstracción lírica y después una geometría abstracta. En 1998 decido utilizar materiales que pertenecen a la escultura y a otras disciplinas para hablar de pintura. Esto me lleva más adelante a la construcción de relieves, esculturas de pared y posteriormente a abandonar la pared para hacer obra exenta. Incorporar el elemento de la curva a mis obras me hizo pensar y desarrollar la tridimensionalidad. Fue Manolo Valdés, quien me “forzó” a dar el salto a la escala monumental al encargarme una obra de exterior para su colección. Paralelamente, Kosme de Barañano, comisario de mi exposición en el Museo Würth La Rioja, me propuso realizar una obra para el jardín del museo.

¿Cómo se ha transformado su proceso de trabajo? ¿Cómo se organiza al tener que contar con asistentes?
El proceso de trabajo ha cambiado mucho en los últimos años, fundamentalmente desde hace tres, cuando abrí estudio en Nueva York y Madrid. Ambos están operativos permanentemente. En función del momento del proceso de la obra, trabajo en uno o en otro. Mi vida personal y artística se ha complicado bastante. Dependo de equipos de trabajo para algunas partes del proceso de producción de una obra. Tengo un equipo fijo de asistentes en las dos ciudades. Y luego colaboro con cinco fábricas de producción, dependiendo del tipo de obra que quiera ejecutar.

¿Cómo definiría su experiencia personal en Nueva York?
Nueva York es una ciudad maravillosa donde casi todo es posible. Te da mucho pero al mismo tiempo es muy exigente. El nivel de calidad de la cultura que se consume aquí es muy alto. Todo el mundo quiere mostrar y dar lo mejor que tiene. Esta ciudad te rechaza si no eres productivo. Eso implica que uno siempre mantiene una tensión, una especie de alerta que nunca te permite bajar la guardia. Eso te hace mejor pero te agota al mismo tiempo. Las relaciones personales son muy importantes. Desde el momento en que la sociedad consume el arte, es necesario que haya una estrecha relación con la sociedad para poder completar la cadena del sistema del arte.

¿Qué contenido conceptual quiere comunicar con su obra?
Si tuviera que dar cuatro puntos sobre mi trabajo diría que mi obra se enmarca en una abstracción geométrica. La luz y el material son los dos elementos que vertebran mi discurso. La luz pasa a ser materia, elemento de primer orden que conforma la escultura al igual que los arquitectos griegos construían los edificios con la luz y la sombra. Hasta hace poco cada obra era el resultado de una reformulación de otra anterior, es decir un work in progress, una especie de cadena de desarrollo a través del trabajo que no parte de ningún referente real o idea metafórica: un desarrollo de pensamiento visual. Desde hace un par de años este proceso se ha mezclado con la utilización de referentes figurativos (a modo de arranque e inspiración) como la iconografía africana y las formas arquitectónicas de la gran ciudad.

¿Qué libros le gusta leer? ¿Qué artistas le interesan más?
Desde poesía (generalmente poesía de la experiencia) a libros históricos sobre artistas, literatura japonesa de los 50, etc. Me interesan muchos artistas. El abanico es amplio: Zurbarán, Brancusi, Giacometti, Plensa, Fontana, Gunther Forg, Ryman, Cai Guo-Qiang, entre otros. Todo lo que nos gusta ejerce una influencia sobre nosotros, de la manera que sea, y pasa a formar parte de ese cóctel de “herramientas” que los artistas utilizamos para crear nuestro lenguaje personal.

¿Qué importancia tiene para usted la tradición cultural japonesa?
Mucha. Sentí desde muy joven fascinación por la literatura de Yukio Mishima, Tanizaki y Kenzaburo Oe, entre otros. Eso me llevó a poner mis ojos en las estéticas niponas y uno de los resultados fue el desarrollo de los “origami abstractos” en papel vegetal. Estas obras son la semilla de mi trabajo. La idea de pliegue arranca en aquel momento y con los origamis.

¿Le gustaría colaborar con algún artista?
Sí, con Peter Zumthor y SANNA, ambos arquitectos

Por último ¿qué presentará en Tefaf? ¿Había visitado ya la feria?
Conozco la feria porque es una referencia, aunque nunca la he visitado. ¡Qué mejor ocasión que esta para hacerlo!. Expondré esculturas lineales de pared en latón y dibujos a modo de pensamiento visual.

Raquel García-Osuna
Fotografías Cortesía Galería Marlborough