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Inicio » Archivo » Kcho: “No pido perdón ni permiso”

Kcho, Alexis Leyva Machado (Nueva Gerona, Cuba, 1970), es uno de los artistas más conocidos de la nueva generación cubana; su obra habla de penuria, migración y desarraigo, y sigue viviendo en La Habana… “trabajo en La Habana y en cualquier lugar donde esté. Soy de una pequeña isla al sur de La Habana, la Isla de la Juventud, en una ciudad que podría estar hermanada con Cataluña porque se llama Nueva Gerona. Estudié en La Isla de 1983 a 1986 antes de viajar a La Habana para continuar estudios en la Escuela Nacional de Arte”… Artista invitado por Italia en la Bienal de Venecia, expone ahora en la galería Marlborough de Barcelona.

¿De dónde viene lo de Kcho?
Mi padre quería ponerme ‘Cacho’, porque sentía que yo era como un pedazo de él, pero al final me pusieron Alexis, aunque siempre me llamaron Cacho; y en la escuela de arte, apropiándome del sonido de la K, me cambié a Kcho que es el nombre que siempre me ha acompañado. Como en mi caso, que tuve nombre antes de nacer, mi obra siempre tiene un título previo, como fundacional.

En su discurso, se percibe una preocupación por la emigración
Me preocupa porque implica la necesidad de marcharse a otro lugar. En una isla el mar te acompaña por todas partes; cuando andas, tu límite es la costa y atravesar esa barrera natural, el mar, se vuelve una necesidad innata de viajar, siempre en barca; y en una isla pequeña esa frontera está muy presente. En la cultura de Cuba todo tiene que ver con el mar. El origen de la isla es calcáreo, emergió de las aguas por los movimientos de las placas, y esa roca fue creciendo de tamaño sobre la superficie, luego las aves fueron dejando excrementos, llevaron semillas y fue apareciendo la vegetación propia de los trópicos; luego llegaron los aborígenes y se pobló la isla, después llegó Colón con sus carabelas y luego los negros de África como esclavos. La patrona, la Virgen de la Caridad de Cobre, fue vista por tres hombres que iban en un bote… si lo analizamos, todo tiene que ver con el mar y las migraciones, y después, la guerra; las expediciones durante la Guerra de Independencia, el hundimiento del USS Maine, el Yate Granma, Playa Girón… en Cuba todo ha llegado por el mar. Nuestra historia está hecha con sangre y agua de mar.
En nuestra tierra hay pasión y sacrificio. Mi obra Regata, del 93, que está en la colección de el Museo de Colonia y fue portada de la revista ArtNews, es anterior a los balseros del 94; fue premonitoria porque narraba una experiencia: el hombre tiene un deseo de prosperidad, como ser social trata de superarse a sí mismo y por eso emprende el viaje, hacia lo que sea, esto convierte la isla en un viaje cotidiano: ¡yo puedo ir más allá!. El arte puede ir más allá.

¿Ha pensado marcharse de la isla?
No, sólo pensaba en la capacidad de hacerlo. El arte, más que una discusión o un juego, es una responsabilidad. Cuando hice Regata estuvo muy mal vista porque hablaba de un asunto que empezaba a ser muy preocupante.
Pero hay dos cosas que me parecen fundamentales: no pedir permiso ni pedir perdón. Uno debe ser responsable. ¿Hay que pedir permiso para dibujar?, ¿para cantar?, ¿para soñar?. En Cuba nunca se ha censurado mi obra, pero tengo que venderla fuera porque no hay mercado interno. Lo más complejo es el mercado con Estados Unidos…

¿Cómo es?
Los envíos se demoran por las aduanas… de Cuba a Estados Unidos no hay transporte directo y no se pueden enviar las obras, que tienen que mandarse a Canadá y desde allí a Estados Unidos. Precisamente, acaba de restablecerse el intercambio postal, suspendido desde 1963. Por eso muchos artistas trabajan en otros lugares, fuera de Cuba. Otro problema es que no se puede ingresar dinero porque hay un bloqueo. Un cubano no puede trabajar en Estados Unidos, pero sí puede hacerlo como intercambio cultural, aunque cuando hay pagos se convierte en un problema. Por ejemplo, no puedo acudir yo mismo a montar la exposición, ¡tengo que hacerlo por teléfono!; yo mismo, ¡desde el 97 no tengo visado!, por eso al final tuve que dejar de trabajar con la galería Bárbara Gladstone (Nueva York), aunque fue una experiencia importante para mí. Afortunadamente, ahora trabajo con la Marlborough, que tiene una red de galerías por todo el mundo y la obra puede moverse con facilidad superando estas limitaciones.

Su obra también habla de estas limitaciones…
Sí, hablo de las imposiciones, carencias y olvidos. Utilizo materiales de desecho porque en la vida diaria cubana hay mucho reciclaje, no podemos permitirnos tirar nada, hemos sido educados así. Mis instalaciones y esculturas tienen una vida anterior a la de mi obra porque todo es reciclado, la vida continúa.

¿Cómo es la relación entre los artistas cubanos?
Todos estudiamos en la misma escuela (hay una en cada provincia), pero todo el mundo pasa por La Habana y la relación entre nosotros es buena. A mi me alegra ver que alguien es capaz de superar la precariedad con su esfuerzo. Hacemos fiestas, nos reunimos y nos visitamos en nuestros estudios y exposiciones y compartimos ideas… es también nuestra forma de vivir.

Hay muchos artistas en Cuba…
Sí, ¿y sabe por qué existen tantos artistas buenos en Cuba? porque Fidel Castro tuvo la magnífica idea de construir en cada provincia escuelas de arte, pero también de deporte, de danza… eso permite que el talento no se pierda, que pueda identificarse y desarrollarse. Hay artistas maravillosos y muy profesionales en todas las provincias del país, no son todos de la capital.
En la pequeña isla en la que nací también se abrió una escuela de arte, y gracias a esto pude dar mis primeros pasos.

Su madre tuvo un papel importante en su desarrollo como artista…
Mi padre era carpintero y mi madre hacía cerámica y papel maché; era una artista local muy apreciada, incluso pusieron su nombre a la escuela de instructores de arte, se llama Martha Machado; trabajaba con personas con dificultades, ex presidiarios, amas de casa, niños… a los que les enseñaba manualidades, pintura, cerámica, papel maché.

Su obra, ¿es crítica o documento social?
Es una reflexión necesaria. Yo soy viajero, he estado en muchos lugares, en sitios donde se vive el drama de la emigración, por eso mi obra tiene relación con los problemas sociales. Mi obra trata de toda esta penuria e incongruencia, peligros y olvidos.

Usted ha sido elegido para el Pabellón Italiano de la Bienal de Venecia, ¿qué prepara?
Preparo una obra sobre los acontecimientos recientes en Lampedusa… [Kcho me enseña su cuaderno de dibujo con los bocetos de sus ideas para su instalación]… su última cena, qué habrán hecho antes de embarcarse, escenas de despedida, desarraigo… tienen su religión, su comida, su vestido, es su memoria… y sobre eso quiero hablar en Venecia [uno de los dibujos del cuaderno de Kcho es una columna de balsas] será como una gran columna, como un obelisco [entre sus dibujos, hay también calaveras con remos]. Fui a Milán y estaba cerca del Duomo, y lo que me impactó fue que la gente seguía comprando moda en un escenario en el que mucha otra gente, los “manteros” intentaban vender sus mercancías, y sobre esto también he hecho dibujos. Y tengo una serie sobre lo que la gente me cuenta de la emigración y dejo constancia de ello, como un testimonio… dibujo todos los días en cuadernos. Hoy sale una noticia sobre 200 muertos en un naufragio cerca de Canarias o Lampedusa, pero si al día siguiente se habla de que ha aumentado el paro, los 200 muertos se olvidan. Para no olvidarlo, yo hablo de esto todo el tiempo.

En su obra también hay muchos tiburones
Me gusta este animal; en una ocasión accioné una cámara de video para grabarlo… los tiburones están en todas partes y es una de las últimas cosas que ven los náufragos. Ahora estoy trabajando en una video-instalación que se llama El Intruso.

¿Cuáles son sus proyectos?
Para la próxima Bienal de La Habana, en 2012, quiero organizar una regata real en La Habana en el Malecón, desde el Castillo del Morro al río Almendares. Ya quería haberla organizado en 1994, pero entonces era un artista desconocido. El premio será una pequeña escultura… va a ser una regata precaria porque en Cuba mucha gente hace barcos con poliuretano, y además pescan mucho y viven de esto. El cubano hace un barco con lo que sea, ¡yo les llamo ‘objetos flotantes’!.

En carne propia
El artista cubano no olvida una exposición celebrada en nuestro país: “Participé en una exposición en 1994 en el Reina Sofía –Cocido y Crudo– comisariada por Dan Cameron, con una obra que se llama Lo mejor del verano; era una instalación donde el espectador vivía la experiencia del ahogado porque era como estar sumergido, como un viaje… yo venía de Cuba y quería utilizar elementos que dieran a la pieza un aspecto de cotidianeidad, y conseguí mucha basura, zapatos… y mientras estaba conversando con otros artistas que estaban allí, se empezaron a desprender pedazos de la obra, gotas de agua, cangrejitos… que se caían encima del espectador. ¡Yo no sabía que iba a pasar eso!, pero si hubiera limpiado esta basura no hubiera sido una obra mía; eran como voces en la regata silenciosa y me gustaba esta idea: los espectadores se convertían en viajeros y ahogados porque en un viaje de este tipo son más los que se pierden que los que llegan”.

M. Perera

Kcho