Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia, personalizar y analizar tu navegación, mostrar publicidad y anuncios basados en tus intereses
Si sigues navegando, consideramos que
Para obtener más información entra en la sección de Política de cookies

Inicio » Archivo » La colección de Dimitris Daskalopoulos

Tuve mi primera epifanía con el arte a la tierna e impresionable edad ¡de 12 años!. Dos tíos míos, muy cultivados, me llevaron de viaje por Europa –eran los años sesenta- e hicimos una parada en la Alte Pinakothek de Munich. Allí me quedé sentado en un banco durante dos horas, hipnotizado delante de las pinturas de Rubens. Me acuerdo del enorme impacto emocional que me produjo el cuadro La caída de los condenados. Su composición y dramatismo te hacían sentir que estabas contemplando una imagen en perpetuo movimiento y que incluso podías escuchar los gritos. Recuerdo la belleza y la serenidad de la luz que emanaba de El Juicio Final” evoca Dimitris Daskalopoulos (Atenas, 1957) dueño de una de las colecciones privadas de arte contemporáneo más importantes del mundo.
El empresario ateniense vendió en 2007 su participación en el grupo de empresas de su familia, el mayor de Grecia en el sector de la alimentación, para dedicarse a los negocios financieros. Actual presidente de la Federación Griega de Empresas, hace veinte años que comenzó su colección de arte contemporáneo que ya cuenta con 400 obras, en su mayor parte instalaciones y esculturas de gran formato.
El museo Guggenheim de Bilbao expone una selección de los fondos de esta colección –“uno de los secretos mejor guardados del mundo del arte” según su comisaria, Nancy Spector- bajo el nombre de El intervalo luminoso. El título procede del concepto elaborado por el poeta Nikos Kazantzakis que habla de aquel lugar de vida que se abre en el corazón del abismo, de forma que, como un brevísimo destello, es un instante flanqueado por los polos de la nada y de la muerte. Las obras atesoradas por Daskalopoulos pretenden dar a nuestra existencia cotidiana un nuevo y resplandeciente significado. El grueso de las piezas datan de las décadas de 1980 y 1990, y están firmadas por artistas como Louise Bourgeois, Robert Gober, Martin Kippenberger, Paul McCarthy, Mike Kelley o Kiki Smith.

DE LAS PIPAS AL ARTE EMERGENTE
“No hubo un momento específico en que me descubriera como coleccionista. He sentido un impulso hacia el arte desde muy joven -nos explica- Mis padres, por el contrario, no sentían ningún interés por el arte. Estaban demasiado ocupados trabajando para prosperar y poder ofrecernos a mi hermana y a mi la mejor educación. Lo que aprendí de ellos, sin embargo, fue algo muy valioso: una ética del trabajo duro y la pasión por la creación. Ambas me han servido para conseguir los medios económicos que hoy me permiten el lujo de ser coleccionista. En cuanto a mis hijas, veneran la magnitud de la colección –dice bromeando- ¡Y desean sacrificar un unicornio en su honor!.”
Su primera incursión en el arte contemporáneo se produjo en 1989, con la adquisición de un cuadro abstracto de James Groody. “Conservo esa pintura, a todo el mundo le gusta, y mis hijas se turnan para colgarla en sus apartamentos”. Sin embargo, antes, ya había coleccionado pipas del siglo XVII y esculturas japonesas. “En realidad, mi primer objeto de coleccionista fue una estatuilla de un organista que compré en Tailandia en 1975, a los dieciocho años. Todavía la tengo. Me gustaba tanto que como no cabía en la maleta, ¡la llevé conmigo por todo el sudeste asiático durante una semana!. Pero ahora solo me interesa el arte contemporáneo. Lo demás se acabó.”
Su primera obra de un artista reconocido llegaría en 1993 (“No recuerdo si la compré en la Fiac o en Art Cologne”) era una escultura de Rebecca Horn (La pintura está dentro del huevo), una vitrina de vidrio con un huevo, un lienzo en blanco y un mecanismo que movía unos pinceles. “Cuando la vi, y dado que mi experiencia en materia de ferias de arte era nula, ¡quería firmar un cheque y descolgarla de la pared allí mismo!.”

EL URINARIO DE DUCHAMP
1999 marca un punto de inflexión con la adquisición de Fuente de Marcel Duchamp, una de las pocas obras históricas de su colección, por el precio récord de 1,7 millones de dólares.
Fuente se basa en un urinario que Duchamp encontró, firmado por “R Mutt”, y exhibió como obra de arte en 1917. Aunque la primera fuente se perdió, o se rompió, pronto se convirtió en un poderoso símbolo al ser reproducida por otros artistas de la década de 1960, desafiando los valores de singularidad y autenticidad del arte. Así, en 1964, Duchamp lo recrea en una edición de ocho, más cuatro pruebas de artista. Daskalopoulos compró la número 5, que había sido anunciada como la última restante en manos privadas de aquella edición de ocho, y ahora ocupa un lugar preferente en la exposición bilbaína.
Otra de las grandes adquisiciones del magnate heleno también puede contemplarse en Bilbao, Niña (versión más dulce), una escultura fálica de látex de Louise Bourgeois que compró en 2004 por 455.500 dólares, el tercer precio más alto pagado por una obra de la artista en aquel momento. Bunny Gets Snookered, de Sarah Lucas, fue adquirida un año antes por 163.500 dólares, otro récord para la artista británica.
“No tengo ningún plan formal de adquisiciones aunque, obviamente, mi colección tiene una orientación enfocada a determinados artistas, aunque este enfoque sea cambiante –manifiesta- No tengo ningún presupuesto fijo, y por ahora tampoco he hecho ningún encargo. Creo que los encargos deben vincularse a un cierto “punto de intriga” (un espacio concreto, arquitectónico, histórico) que inspire al artista. Cuando abra mi Fundación en Atenas, los encargos, sin duda, llegarán.”
A Daskalopoulos no le entusiasma demasiado visitar los estudios de sus artistas. “Yo soy amigo de las personas por lo que son, no por el trabajo que tienen. Es casualidad que no haya artistas en mi círculo más íntimo de amigos. Solo en contadas ocasiones visito sus estudios para charlar con ellos sobre sus trabajos. Soy de la opinión de que una obra impactante habla por si misma y no hay necesidad de recibir una explicación verbal de su creador.”

LO GIGANTE ES BELLO
La colección del mecenas griego es célebre por sus instalaciones grandes, de escala ambiental. “Es verdad que tengo un montón de piezas colosales porque, a menudo, es más fácil para los artistas realizar sus sueños más ambiciosos y salvajes a gran escala. Pero la mayoría de mis obras no tienen tamaños descomunales, y también me atraen las pequeñas joyas, como los dibujos. ¿Tiene mi colección un tema? Yo no usaría el término “tema”. Ciertamente refleja mi visión del mundo y mi sensibilidad estética, por ejemplo, mi interés por el cuerpo humano como terreno de violencia psicológica, lucha ideológica y social.”
Daskalopoulos se muestra reacio a descubrir cuáles son sus obras favoritas. “Me parece injusto mencionar algunos nombres aislados, cuando todas las obras de mi colección merecen mi admiración y afecto. Todas son importantes para mí. Pero si me obligan a hacer elecciones discriminatorias –dice con sarcasmo- tengo que destacar el urinario de Duchamp, por ser la obra seminal de la que surgen todas las corrientes del arte contemporáneo, y la escultura Niña (versión más dulce) de Louise Bourgeois, porque resume la esencia de lo que mi colección pretende ser.”
Sobre sus estrategias a la hora de comprar, el empresario admite “Tengo un equipo de asesores de confianza que me aconseja pero la decisión final recae en mis instintos. Mi familia no interviene en mis decisiones. ¿Perder el tren? No comparto lo que yo llamo “mentalidad de capital riesgo”, no soy de esos coleccionistas que persiguen al “artista del mes”. Por consiguiente, a veces me ha tocado pagar más por obras de artistas emergentes que al principio no me habían convencido plenamente y esperé a ver su evolución. Coleccionar no consiste en escoger obras de jóvenes promesas con talento, sino cuyo contenido se interrelacione dentro de la colección.”

COLECCIONAR PARA COMPARTIR
“El arte habla del poder de las ideas y la creatividad y ambas deberían hacerse llegar al público más amplio posible –explica–. El arte no se debe almacenar en lóbregos almacenes.”
Algunos críticos han señalado su aparente desinterés por el arte político a lo que el coleccionista responde: “El contenido político en el arte puede ser interesante, pero mi interés en el arte trasciende del aspecto efímero de la política, de un momento específico en la historia y de la geografía. Me siento más atraído por las cuestiones universales y los asuntos diacrónicos de la condición humana.”
“Lamentablemente, mi colección es demasiado extensa como para tenerla siempre expuesta –reconoce- hay un montón de instalaciones gigantescas. Trato de mostrar la mayor cantidad de piezas que puedo en mis oficinas y me consuela el hecho de que muchas de ellas puedan verse por todo el mundo gracias a mis préstamos a museos y exposiciones. ¡Ansío el momento en que consiga liberarlas de la oscuridad de sus cajas!.”

V. García-Osuna

Daskalopoulos