• La colección de Álvaro López de Lamadrid

    Álvaro López de Lamadrid, empresario del sector textil de alta decoración, empezó a coleccionar hace unos 30 años, un tiempo que no pasó en vano y que, paso a paso, hizo realidad lo que soñaba alcanzar: convertir el arte de coleccionar en su gran pasión. Su concepto de coleccionismo es el propio proceso de descubrir artistas, seguir su trayectoria, entender sus reflexiones y, en algunos casos, acabar conociéndolos o adquiriendo alguna obra. Reconoce que el arte le ha cambiado la vida y que le gusta organizar, con su mujer Nadia Hernández Henche, encuentros con artistas, galeristas, coleccionistas y comisarios, como una forma de vivir la experiencia de ese proceso de coleccionar. Dado que su interés por el arte se basa en el proceso y no en la posesión, uno de los proyectos que le hacen más feliz es una colaboración con el MACBA, de cuya Fundación es miembro, mediante la cual lleva a cabo una labor de mecenazgo comprando obras de artistas con las que enriquecer la colección del museo barcelonés.

     Grupo Lamadrid es una empresa familiar fundada hace más de medio siglo, ¿tienen tradición de coleccionismo en la compañía o en la familia? No, no hubo coleccionistas anteriormente en mi familia. A mi padre le gustaba coleccionar muchos objetos, pero no tenía una gran afición por el arte. Mi madre en cambio tenía gran sensibilidad y le encantaban el arte, la ópera y la música clásica. Sin embargo, la cultura siempre ha estado presente en la familia, mi hermana es fotógrafa profesional y ha expuesto sus fotos artísticas en varias ocasiones; mi hermano fue un reconocido editor literario y tenemos un hijo que es bailarín y trabaja en una compañía en Londres. Tanto en este despacho, donde estamos ahora, como en nuestros showrooms, tenemos algunas de mis obras fotográficas, pero mi deseo sería crear una colección de arte textil para la compañía; [me enseña el catálogo de la exposición Woven Histories Textiles and Modern Abstraction presentada en el MoMA]. No como inversión, sino por tener una colección corporativa con un sentido, con la idea de que nos acompañe en la vida de la propia sociedad.

    ¿Cómo comenzó su aventura coleccionista? Hace más de treinta y cinco años, a través de un amigo, compré en Carles Taché una pieza de Tomás Gómez, un pintor que al cabo de un tiempo abandonó su actividad como artista. Su trabajo me pareció muy interesante, aún hoy me lo sigue pareciendo. A partir de entonces empecé a visitar galerías y museos con mayor frecuencia, iniciando un camino lento, adquiriendo lo que me gustaba sin demasiada reflexión, probablemente con muchos errores, pero poco a poco aprendí a seleccionar lo que me interesaba y a disfrutar contemplando las obras. Sin duda, haber conocido a mi esposa Nadia en aquellos años, siendo ella una profesional del arte, supuso un acicate para mi incipiente camino de coleccionista, al poder compartir nuestro interés común por este mundo.

    ¿Por qué colecciona? La necesidad de comprender el mundo que me rodea es una pulsión que, el arte, como experiencia de descubrimiento y de conocimiento, me permite satisfacer. Me atrae especialmente todo el proceso de coleccionar, conocer o descubrir artistas, investigar y leer sobre su obra, seguir su trayectoria. Entender cómo el artista ha llegado a crear una determinada obra, conocer sus reflexiones y su proceso intelectual me parece esencial. Sin eso la adquisición se centraría en un tema estético y eso me parece muy frívolo. No niego que puedan existir otros motivos más prosaicos o de carácter práctico, pero estos no justifican mi voluntad.

    ¿De qué manera le inspira el arte en su vida cotidiana? Quiero pensar que lo que a mí me motiva del arte es la belleza, entendida como el resultado de la armonía entre conocimiento y sensibilidad. El arte me permite adquirir conocimiento y educar la sensibilidad. Y esta mezcla es una droga muy potente; estar rodeado de tanta fuerza creativa es una de las motivaciones más importantes de mi vida.

    ¿Cuáles han sido los cambios en el mercado del arte que más le han llamado la atención? La globalización y el desarrollo tecnológico han originado cambios importantes en el mercado del arte; tener acceso al trabajo completo de muchos artistas para seguirlos y estudiarlos en profundidad es fantástico. Además, hay nuevas formas de disfrutar el arte, no es imperativo tener las obras colgadas de las paredes de nuestras casas como antes. Podemos también disfrutarlas en la pantalla o mediante copias de exposición, por lo que la presencia física de la obra no es imprescindible. Esto favorece, además, su conservación. En cierto modo, es una tendencia hacia el consumo individual de arte que también se observa en los museos, en los que la mayor vía de crecimiento de público es la digital. Otro de los cambios que me llama la atención es la polarización, el desarrollo exponencial de artistas que configuran una “marca” internacional, que tienen una gran demanda y se venden a precios millonarios como, por ejemplo, Damien Hirst o Anish Kapoor, y muchos otros que, generalmente, no me interesan… [Marga Perera. Foto: Maria Dias]

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