Manuel Puig es doctor en Medicina pero su discurso de ingreso a la Real Academia Europea de Doctores, no versó sobre medicina sino sobre coleccionismo; lo inició con una reflexión del filósofo francés La Bruyère: “El coleccionismo no se trata de una distracción sino de una pasión y casi siempre tan violenta que solo se distingue del amor o la ambición por la insignificancia de su objetivo”, una pasión que él no ha dejado de cultivar desde su adolescencia. Su exquisita colección particular, de unas 250 obras, recorre siglos de historia sobre papel con dibujos enmarcados por el especialista en marcos históricos Horacio Pérez-Hita, recientemente fallecido. Colecciona, también, objetos religiosos, “soy muy aficionado a las imágenes religiosas, sobre todo a las de Cristo”, dice mientras muestra su personal gabinete de curiosidades, su Wunderkammer, con cruces principalmente de plata, de distintos periodos (siglos XIII al XVII) y distintos lugares: Girona, Castilla, Limoges, Italia, y entre ellas, un Cristo de Guglielmo della Porta.
¿Recuerda su primera adquisición? Sí, yo tendría unos 14 años; fui con mi padre a ver una exposición y me cautivó un dibujo de Josep Niebla, de 1962, de su época parisina. Lo encontré precioso y fue mi regalo de Reyes. Luego, compras cuando puedes para decorar tu entorno, vas profundizando en el estudio de lo que adquieres, vas perfilando tu criterio y lo que tenía un sentido decorativo se transforma en un proceso más racional que acaba fraguando una colección, tratando de que tenga una cierta coherencia, siguiendo ciertos parámetros personales que se van modificando con el tiempo.
¿Hay un hilo conductor en su colección? Creo que todas lo tienen, si no, hablaríamos de mera acumulación de objetos. En mi caso, el hilo conductor es la obra sobre papel, sea dibujo, gouache, acuarela, cualquier técnica. Recordemos que Giorgio Vasari defendió el dibujo como el fundamento intelectual y el alma de todas las artes. Otro artista, Alberto Giacometti, decía “se trate de escultura o de pintura, en el fondo solo es el dibujo el que cuenta”. Estas palabras han sido para mí la base para la formación de mi colección. Describir, cuando encuentras un nuevo dibujo, la emoción, el deseo, la ilusión, y todos los sentimientos que se despiertan en aquel momento, es difícil. La obra sobre papel da una libertad al artista que lo hace mucho más espontáneo, más emocional, y cuando miro un dibujo me gusta pensar qué debía sentir cuando lo dibujaba en plena libertad creadora.
¿Cuáles son las obras más significativas? En la compra de un dibujo siempre hay algo emocional, además del interés que suscita, y resulta difícil determinar si una pieza es mejor que otra cuando no son criterios de mercado. Para mí, hay muchos dibujos importantes y de épocas distintas. Por ejemplo, este de Angelino Medoro, un artista italiano activo en Perú a finales del siglo XVI y que a principios del XVII estaba trabajando en Sevilla, lo encuentro fantástico, pero no quiere decir que no aprecie este de Tàpies o estos “personajes omelette” de Dalí de los años 40; este Retrato de Nijinsky de Oskar Kokoschka o ese de Henri Matisse, que es el personaje central de La danza, que pintó para la Fundación Barnes de Filadelfia, y tener este dibujo, que es el primer esbozo, me hace ilusión. Hace unos años pude adquirir este paisaje, que me encanta, de David Bomberg, poco conocido en España, que en los años 80 era uno de los artistas ingleses más destacados. Hay artistas ingleses que me gustan muchísimo, especialmente los que Kitaj denominó como Escuela de Londres, como este desnudo de Leon Kossoff y este espléndido paisaje de 1954 de Frank Auerbach. Esta es Mare de Déu de Portlligat, uno de los dibujos que Dalí publicó en su libro 50 secretos mágicos para pintar. Y esta acuarela de Fortuny para mí es maravillosa, o este torero de Guinovart de 1950 que encuentro precioso. Si hablamos de dibujo antiguo, este carrusel de Erasmus Quellinus o este dibujo de Luca Giordano, me parecen estupendos. Es difícil priorizar una obra sobre otras, así como no hay una temática concreta en la colección, aunque predominen el retrato y la figura humana.
¿Y estos marcos tan espectaculares? Los marcos son una pasión especial que tuve la suerte de compartir con Horacio Pérez-Hita y con Pere, su padre. El 95% de los marcos fueron elegidos con ellos, específicamente para cada dibujo. Ahora que falta Horacio, sigo con su padre, que tiene 91 años y continúa en activo….
Resulta una colección de doble interés por los marcos históricos. Sí, pero la colección es una, que yo he interpretado como un conjunto de piezas que tienen la gracia de estar reunidas. Pero sí que intento que los marcos estén muy cuidados. Acabo de enmarcar un dibujo del Equipo Crónica de 1981 y he tenido la suerte de encontrar un par de marcos españoles del XVII, bellísimos, y el conjunto es maravilloso. Este es Antony Williams, retratista de Isabel II; le hizo un retrato extraordinario, pero tuvo la mala fortuna de pintar unas manos tan duras, que lo apartaron, creo yo, del lugar que merece por su calidad…. [Marga Perera. Foto: Maria Dias]












