• Relatos de Ultramar en la Colección Thoma

    Mientras contemplaba Las Meninas, el escritor mexicano Carlos Fuentes fantaseaba con que la mirada de Velázquez en este cuadro, no iba dirigida a los reyes, sino más allá, al otro lado del Atlántico, a América. Hacia esta tierra mira también la colección reunida por Marilynn Thoma con la complicidad de su esposo Carl, que reivindica el arte que floreció en el Nuevo Mundo bajo la monarquía hispánica. Su fascinación surgió tras descubrir por casualidad en el escaparate de una galería unas pinturas andinas cuya expresividad le conmocionó. Treinta años después, la suya es una colección de referencia, cuyas piezas son solicitadas en préstamo por museos como el Prado madrileño, el Metropolitan de Nueva York o el Art Institute de Chicago (de cuyo patronato es miembro). Sus fondos de arte virreinal han ido creciendo hasta las 250 obras que atraviesan cuatrocientos años. Estos días una selección de ellos se despliega en el museo Meadows de Dallas en la muestra Espectáculos de Poder y Fe: arte colonial latinoamericano de la Fundación Thoma. Se presentan 63 pinturas creadas entre 1600 y 1850 por artistas que trabajaron en los cosmopolitas centros culturales de América del Sur. Llama la atención que algunos de estos “Apeles indianos” firmaran sus creaciones no sólo con su nombre sino también con el lugar donde fueron producidas, como gesto de orgullo por sus raíces. Estas obras, desde luminosas imágenes de santos y la Virgen María hasta retratos íntimos pasando por delicadas pinturas sobre cobre, reflejan el esplendor del arte producido en la América española. “El arte virreinal ha sido una parte central de mi vida”, confiesa aquí Marilynn Thoma.

    ¿Recuerda su primera experiencia con el arte colonial hispanoamericano? Fue en 1997. Mi esposo Carl y yo paseábamos por Santa Fe, Nuevo México, y en una galería vimos cinco pinturas coloniales andinas. Me detuve en seco. Tenían una fuerza y una expresividad que no había visto antes, y no podía dejar de mirarlas. Ahí empezó todo: desde ese día, el arte virreinal ha sido una parte central de mi vida.

    ¿Cómo fueron sus inicios como coleccionistas? Carl y yo empezamos a coleccionar en 1975, poco después de terminar nuestros estudios de posgrado. Al principio comprábamos obras de los impresionistas de California y de los pintores de la Taos Society of Artists, casi siempre guiándonos por nuestra intuición. Ese instinto sigue guiándonos. La diferencia es que hoy lo acompañan el conocimiento, los recursos y la comunidad que hemos ido construyendo alrededor de la colección.

    ¿Como nació su interés personal por el arte virreinal? Todo empezó con aquellas cinco pinturas andinas que vimos en Santa Fe. Me impresionaron tanto que durante el año siguiente leí todo lo que encontré sobre el arte y la historia del Perú, y luego viajé a Lima y Cuzco. Allí pude contemplar cientos de estas pinturas en sus contextos originales, y eso lo cambió todo. Mi primera adquisición fueron un par de óleos sobre cobre que, para mi sorpresa, estaban pintados sobre planchas de grabado de Juan Francisco Rosa, un grabador limeño nacido en Francia. Este hallazgo me mostró lo complejo e innovador que podía ser este campo, y marcó el rumbo de todo lo que vino después: una colección construida a partir de la curiosidad y el apoyo a la investigación.

    Su colección reúne más de 250 obras datadas entre los siglos XVI al XIX, que alguna vez adornaron las paredes de iglesias, conventos y casas particulares de toda la América del Sur española. ¿Qué significa atesorar obras históricas? Así es, estas pinturas tuvieron una larga vida antes de llegar a nosotros. La gente rezaba ante ellas, las sacaban en procesión y eran heredadas de generación en generación. Por eso no nos sentimos sus dueños, sino sus custodios. Nuestra responsabilidad es contribuir a su conservación, al desarrollo de su investigación y su acceso público. Queremos que la historia que cuentan, la del encuentro e intercambio entre las culturas europeas y andinas, siga presente y no se pierda con el tiempo. [Vanessa García-Osuna. Foto: Marilynn y Carl Thoma. Cortesía Thoma Foundation]

     

     

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