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Inicio » Entrevista » Alessandra di Castro, cómo revivir el pasado

“Las obras de arte deben rodearnos, nutrirnos, ser un elemento activo y vital de nuestra existencia, de nuestra vida cotidiana. Sin arte la vida se reduce a una continuidad monótona”, es la filosofía de Alessandra di Castro, cuyo apellido evoca una de las grandes dinastías italianas de anticuarios. Cuarta generación de la saga, entró en el negocio familiar a finales de los años 80 aprendiendo los secretos de este oficio al lado de su padre, Franco. Dos décadas después, este bagaje le permitió volar en solitario y abrir su propio espacio en el corazón de la Cittá Eterna, en la histórica Piazza di Spagna. En su galería, las pinturas y esculturas se realzan con objetos decorativos de distintas épocas y géneros en una cautivadora combinación. Pero si hay algo tradicionalmente asociado a “il gusto di Castro” son las piedras duras, los mármoles de colores, las gemas grabadas, los camafeos y los pequeños mosaicos, que se han convertido en su especialidad. La profesión de anticuario debe equilibrar de alguna manera dos facetas a menudo antagónicas, como las de comerciante y erudito. Consciente de ello, y teniendo en cuenta los retos del coleccionismo actual, cada vez más exigente y global, se licenció por La Sapienza de Roma y completó su formación en instituciones como el Victoria & Albert de Londres y la École du Louvre de París. La galerista, que se felicita de la buena salud del mercado del arte antiguo, es miembro del comité ejecutivo de la feria TEFAF. 

 ¿Cuáles fueron sus primeras experiencias con el arte? Mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo fueron anticuarios, y yo nací justo enfrente de la escalinata de la Piazza di Spagna de Roma. Siempre he vivido rodeada de arte, pero recuerdo perfectamente mi primera adquisición: un álbum de dibujos de Giuseppe Valadier. Lo compré en París mientras viajaba con mi padre.

¿Qué le motivó a abrir una tienda de antigüedades? Después de dar los primeros pasos en la profesión con mi padre, en 2009 abrí mi propia galería en el número 4 de la Piazza di Spagna con una exposición de camafeos e intaglios del periodo neoclásico firmados por grandes nombres como Pistrucci, Girometti, Pichler, Saulini. Lo que me motivaba era ofrecer mis pasiones más secretas a un público internacional. Desde aquella exposición, que vendí entera, no he dejado de explorar otras formas y géneros artísticos: todos los campos de las artes decorativas, desde el mármol hasta las piedras semipreciosas, desde los muebles hasta los mosaicos, junto con la pintura y la escultura, herencia de los muchos años que trabajé con mi padre. Con el tiempo conseguí adquirir notoriedad internacional participando en ferias como TEFAF (Maastricht y New York Fall).

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