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Inicio » Entrevista » Paso a dos: David Rodríguez Caballero & Marta Regina Fischer

Sus caminos se cruzaron en la ciudad que nunca duerme, Nueva York, a miles de kilómetros de sus respectivos lugares de origen, España, en el caso de él, y Guatemala, en el de ella. David Rodríguez Caballero (Pamplona, 1970) forma parte de la reducida constelación de artistas españoles que han logrado triunfar en el mercado más eléctrico y competitivo del mundo, el neoyorkino. Representado por la galería Marlborough y con estudio en Manhattan desde hace años, sus esculturas forman parte de colecciones internacionales como la de Marta Regina Fischer de Fernández, guatemalteca de nacimiento pero residente en Miami, ligada a instituciones como la Tate Gallery de Londres, de cuyo Comité de Adquisiciones para Latinoamérica es miembro, o el Museo Universidad de Navarra, del que es patrona. Ambos consideran el arte un estilo de vida y su compromiso con él va más allá de su aspecto estético. Como dice Rodríguez Caballero “el arte debe ayudar a mejorar el mundo.” [Vanessa García-Osuna. Foto: Alfredo Arias]

¿Qué presencia tiene el espectador en su proceso creativo?
David Rodríguez Caballero (DRC) Es él quien cierra el proceso de lectura de la obra. Es el que descubre nuevos ‘ángulos’ en mis esculturas. El espectador crea otros significados y mensajes, redefine el objeto artístico. La obra de arte, una vez terminada, deja de pertenecer al artista y pertenece al espectador. Se convierte en una hoja en blanco que el público va rellenando con nuevos mensajes y significados. Pero no suelo pensar en él durante mi proceso creativo, porque si un artista incorpora el factor espectador en su trabajo procesual, la obra pierde determinación y fuerza. Las obras deben ser lanzadas por los artistas de forma unilateral para que el espectador las complete. El artista es el que enciende la mecha, el que lanza o presiona el botón de start. 

¿Conocer personalmente al artista le da otra perspectiva sobre su obra?
Marta Regina Fischer (MRF) Siempre me ha interesado conocer a los artistas, sobre todo en su taller o lugar de trabajo para ver el proceso creativo, su inspiración. Cuando adquiero una obra, me estoy llevando a casa un pedazo del artista, me gusta apreciar la obra no sólo visualmente sino también apropiarme algo del sentimiento que la originó. En el caso de David visité su taller en Madrid pero desgraciadamente él no estaba, por eso cuando tuve la oportunidad de ir a su estudio en el Soho con un amigo de la galería Marlborough, conocerlo fue como cerrar el círculo. 

¿Qué le hizo conectar con la obra de David?
MRF En la primera visita a su taller de Madrid, me impresionaron los pliegues en el metal de las es- culturas y los juegos de luces y sombras. Consigue darle vida, movimiento, a un metal frío. Esto es evidente en la obra monumental de su serie Marañas que David instaló en nuestro piso madrileño, y que quedó espectacular. 

¿Cómo definiría su sentido de la belleza?
MRF En esta etapa de mi vida, lo que más placer me produce es adquirir esculturas y ubicarlas en sitios especiales de mis viviendas para convivir con ellas. Si me pregunta qué tipo de escultura tiendo a comprar, le diré que mi gusto es ecléctico. En nuestro piso madrileño tengo, además de la obra de David, trabajos de artistas como Juan Garaizabal, que hizo los arcos de mi casa colonial en Antigua Guatemala, así como de Hugo Rondinone, Conrad Shawcross o Manolo Valdés. 

Para Picasso la escultura era “el arte de la inteligencia”. ¿Y para usted?
DRC Es una disciplina artística bastante compleja. Para mí es la manera de estar en el mundo. Un estilo de vida. La escultura ha definido mi existencia. Me ha marcado los límites, las aspiraciones, así como las renuncias y destinos. Incluso mi configuración familiar. Me ha permitido volar alto y estar en micromundos únicos. Lo más importante de la escultura es el sentido que da a mi vida. Sin ella estaría perdido. Es un juego de búsqueda interminable que me permite seguir emocionándome y estar estimulado permanentemente sin desgaste emocional. La escultura es quien organiza y dirige mi búsqueda de conocimiento. Comparto con Glenn Gould la idea de que la escultura es una construcción paciente, a lo largo de la vida, de un estado de quietud y fascinación. 

¿Cómo llegó el arte a su vida?
MRF Siempre sentí una atracción especial por el arte, al graduarme en el colegio era lo que quería estudiar pero al final opté por Business por los negocios de mi familia. Ya en aquellos días empleaba la mensualidad que me daba mi padre en comprar arte local y era una asidua visitante de galerías. Fue con mi marido cuando comencé a viajar por el mundo. Él comparte mi amor por el arte pero desde un punto de vista completamente diferente, lo racionaliza mientras que yo soy más espontánea, reacciono ante lo que veo y siento. 

¿Qué pasa por su cabeza cuando crea?

DRC El acto creativo no tienen un recorrido lineal. Es un viaje de idas y venidas. El proceso correspondería gráficamente con una estructura tridimensional de pensamiento, una gran maraña de imputs, estímulos, pulsaciones, conocimiento, deseos, sensaciones e intenciones que manejo como puedo, y que me llevan a la materialización de la escultura.

Si crear es un viaje de idas y venidas, ¿cómo es el del coleccionismo?

MRF Definitivamente el coleccionista reacciona igual que el artista a estímulos exteriores no sólo del lugar donde vive o se mueve sino también a su vida personal. En mi caso me inicié con el arte guatemalteco, que me llevó al arte latinoamericano y de ahí, en esta etapa, llegué al contemporáneo. No he dejado de comprar a los maestros guatemaltecos, obras que encuentro perdidas en colecciones extranjeras y que repatrio porque creo que es allí donde deben estar. 

¿Cómo se conocieron?
DRC En Nueva York. Marta adquirió una obra mía en Art Basel Miami y visitó mi estudio del Soho, en Manhattan. A partir de ahí comenzó una relación que con el tiempo ha ido consolidándose. Ella es una de esas coleccionistas que vive intensamente su amor por el arte. Es una perfeccionista del objeto. Compartimos un sentido estético cercano y una forma de enfrentarnos al objeto artístico. Su colección es ecléctica y muy especial por la elección de los artistas y la selección de obra de cada uno: Chillida, Kiefer, Rondinone, Garaizabal… 

¿Qué le aporta visitar el taller del artista? Aparte del de David, ¿qué otros le han dejado huella?
MRF He estado en muchos porque me gusta conocer al ser humano que está detrás de las obras; en el caso de David me impresionó su juventud, sencillez y dulzura. También me impactaron los talleres que el pintor nicaragüense Armando Morales, amigo personal de mi esposo, tenía en París, Londres y Madrid. Este artista dormía en un colchón en el suelo de su estudio, concentrado sólo en la pintura. Pintaba sus cuadros de memoria evocando su ciudad natal, Granada, en Nicaragua. Viéndolo me impresionaba la soledad y el aislamiento que pueden llegar a rodear a un artista. 

¿Cómo entiende la función del artista en la sociedad?
DRC Creo que tiene un compromiso con ella. Debe aportar y ayudar a mejorar el mundo con sus obras. Esta es la función del arte. Las obras que sean útiles sobrevivirán, el resto se las llevará el viento. 

¿Y el suyo como mecenas?
MRF He ejercido durante años como Agregada Cultural honoraria de Guatemala en la Embajada de Washington, y eso me ha permitido dar a conocer a jóvenes valores guatemaltecos en áreas como la fotografía, el cine, la música y el arte, pues casi ninguno de ellos tiene acceso a un mercado como el norteamericano. Mi marido tiene una fundación en Nicaragua dedicada principalmente a la educación y también edita obras de autores nicaragüenses; yo, por mi parte, me concentro en Guatemala. 

Aparte de nombres consagrados, ¿le interesan las jóvenes promesas? Por ejemplo, ¿usa las nuevas tecnologías, tipo Instagram?
MRF Hay muchas formas de llegar a los artistas jóvenes, ir a las grandes ferias es una de ellas; a mi me gusta dedicar al menos dos días para visitarlas con calma y poder apreciar lo que se expone y detectar lo novedoso. También voy a galerías y museos acompañada de mis amigos curadores, que comparten con paciencia sus conocimientos conmigo. Y sigo a muchos artistas por Instagram, mi red social favorita. 

¿Qué obras de su colección tienen un significado especial?
MRF Todas tienen una historia, pero diría que la de Anselm Kiefer por la anécdota que tiene detrás. Mi esposo y yo hemos sido grandes admiradores de este artista alemán de quien anhelábamos poseer uno de sus campos de flores. Se me escapó uno en una subasta que no pude adquirir y hace ahora un par de años se me presentó una nueva oportunidad durante una venta privada de Sotheby’s en Palm Beach. Mi marido insistía en tenerlo en nuestra casa en Miami pero yo me empeñé en que lo quería en nuestro apartamento de Madrid. Así fue como este cuadro de casi 400 x 200 cm, llegó a su nuevo hogar. Triangulando Palm Beach, Londres y en camión hasta Madrid. Mandé confeccionar un marco de madera del mismo tamaño para ver como podríamos introducirlo por alguna parte del edificio y nos alarmó comprobar que no entraba por ningún lado. La solución fue subirlo hasta el piso con una grúa para lo que tuvimos que solicitar un permiso al Ayuntamiento para cortar el tráfico en la calle. Luego idearon un mecanismo para, una vez arriba, y colocándolo en un ángulo determinado poder meterlo en el apartamento. ¡El sufrimiento valió la pena!. Otro cuadro con gran valor sentimental, porque fue el primero que me regaló mi mamá, es de un artista guatemalteco, Juan Sisay, que fabricaba sus propios pinceles y colores. Solíamos visitar su taller con mis padres y hermanas, atravesando el lago Atitlán hasta llegar a su pueblo, Santiago Atitlán. 

¿Cómo artista prefiere aislarse del “mercado” o le gusta estar pendiente de sus movimientos?
DRC Hoy es imposible estar al margen del mercado. Lo necesitamos para existir. El mercado no es todo para el artista, pero sí necesario. El trabajo artístico tiene dos caras: la interior y la exterior. La interior abarca nuestra relación con el contenido, todos los procesos específicos creativos de concepción, concreción y desarrollo del objeto artístico, y la exterior son las interacciones con todos los agentes externos que permiten que la obra llegue a buen puerto. El artista que no entienda que ambas facetas son necesarias, lamentablemente terminará diluido y sin posibilidad de seguir trabajando. No soy un artista obsesionado con el mercado. Para mí, valor no es igual a precio, y viceversa. El arte no puede ser puro mercado para un artista. Esa concepción te lleva a estar siempre polarizado entre la fortaleza y la debilidad. Significa otorgar todo el poder sobre el trabajo de uno. Los movimientos mercantiles tienen curvas que generalmente corresponden a factores circunstanciales, y que no deben de afectar excesivamente a la relación del artista con su trabajo. Tampoco me han obsesionado nunca las tendencias . De hecho, las he evitado por principio. 

MRF Como dice David es difícil aislarse del mercado. Todo el que compra y vende forma parte de él. En mis adquisiciones suelo ser bastante intuitiva, no me guío por el mercado sino que elijo obras que me apetece formen parte de mi vida. Admiro al artista que es fiel a su trabajo y lo mantiene independiente de factores externos. 

Usted forma parte del patronato de importantes museos, ¿cómo valora la proyección internacional del arte español?
MRF Creo que mi colección refleja la fuerza que ha ido tomando el arte contemporáneo español. Cuando recorres una feria donde se exponen tantos artistas y tu vista se siente atraída por alguna obra de un autor español, eso indica que están sobresaliendo del grupo. En mi colección, aparte de David, hay otros españoles como Juan Garaizabal, Manolo Valdés, Santiago Calatrava o Baltasar Lobo. Y en perspectiva hay nombres como Luis Gordillo, de quien tengo ilusión por adquirir una obra. 

A lo largo de la historia, los artistas también han coleccionado… Picasso era un admirador del arte africano y oceánico, Walker Evans recopilaba postales, y Matisse era un ávido coleccionista de muebles y tejidos exóticos. Creo que usted también ha experimentado esa pulsión. 

DRC No puedo decir que sea coleccionista pero sí que soy un admirador del arte africano. Los objetos de aspecto primitivo me fascinan. El arte africano ha sido uno de los detonantes del desarrollo del arte moderno. Pero en mi caso estar rodeado de objetos primitivos me permite observar el proceso de depuración y reducción que tan importante es para mí. Estos objetos buscan la esencia en la representación, los valores o rasgos intrínsecos que precisan los referentes. Además de mi conexión con las artes primitivas en el proceso de depuración para llegar a lo esencial, comparto interés por algunos temas, como el de la máscara. Comencé una serie de máscaras al llegar a Nueva York en 2011, y sigo trabajando en ella. 

¿Colecciona algo más además de arte contemporáneo?
MRF Mi otra pasión son los muebles de diseño de mediados del siglo XX. Crecí en una casa construida en los años 60 con los mismos muebles que ahora busco en ferias y subastas. Me sorprende que lo que diseñaron estos artistas en su momento siga cumpliendo los requisitos de comodidad y estilo. Me gustan mucho, por ejemplo, Gio Ponti, Charlotte Perriand, Pierre Jeanneret y algunos nórdicos como Flemming Lassen y Fritz Hansen. Pienso que ser coleccionista va en el ADN, no es algo consciente ni planeado. Es el anhelo de poseer aquello que admiras y con lo que te gustaría convivir. En mi caso la limitación viene del espacio donde ubicar la obra pues no me gusta saturar las casas si no darle a cada pieza el espacio que se merece. Por fortuna tenemos varias viviendas y eso nos ofrece cierta flexibilidad a la hora de incorporar nuevas piezas. 

¿En qué momento se encuentra de su carrera?
DRC Siempre he tenido la sensación de estar en el comienzo de mi carrera, empezando constantemente… Actualmente me siento más ligero en la toma de decisiones, siento que mi abanico de posibilidades ha aumentado. Estamos en un momento muy incierto por las repercusiones de la pandemia, y vamos a ver una nueva configuración de los sistemas del mundo, nuevos paradigmas. Es fascinante para un artista ser testigo de este momento y tener que redefinir y reajustar su trabajo a este nuevo mundo que viene y que desconocemos… 

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