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  • La excusa perfecta de Cristina De Middel

    La fotografía es como una capa de invisibilidad con la que puedo entender mejor el mundo”, es la hermosa metáfora que usa Cristina De Middel (Alicante, 1975), para explicar cómo se siente detrás de la cámara. Miembro de Magnum, la histórica agencia fotográfica que ella misma presidió durante tres años, y Premio Nacional de Fotografía (2017), entre otros honores, en su agenda se acumulan los proyectos. El último es una exposición en la galería Seltz de Barcelona donde presenta varios trabajos sobre África. Desde Afronautas hasta Funmilayo, un homenaje a la primera activista feminista africana, todavía en proceso. “Y estoy involucrada en una adaptación de la novela Mi vida en la maleza de los fantasmas del autor nigeriano Amos Tutuola, que narra la pesadilla de un niño que huye cuando atacan a su pueblo y se refugia en la selva, donde viven los espíritus dentro de la mitología yoruba y queda atrapado allí; es una crítica feroz a la dictadura militar nigeriana de la época y por ello Tutuola tuvo que exiliarse. El libro se convirtió en un alegato sobre la resistencia, que con el tiempo se ha convertido en El Quijote nigeriano”.

    La fotografía para usted es “la excusa perfecta”, ¿para qué? Para ser curiosa sin sentirme intrusa ni culpable. Cuando era fotoperiodista, estaba mucho más claro. Yo sola, como mujer de Alicante, blanca, irme a Siria o a Líbano durante la guerra ¿para qué? Pero si voy a hacer fotos ya tiene un sentido.

    Si aceptamos que el mundo es la interpretación que hacemos de él, como fotógrafa, ¿qué cree que es la realidad? Aquí hago una distinción, que ha entrado en la parte teórica del pensamiento, porque hay dos cosas que en fotografía suelen confundirse, sobre todo en la documental: la realidad y la verdad.

    No son lo mismo. Claro; la confusión nació en los inicios de la fotografía, incluso pasó con el cine. La primera vez que proyectaron una película en un cine, con un tren entrando en una estación, la gente salió de estampida porque pensaban que realmente iban a ser arrollados por él. Ese enredo entre la verdad y la realidad está en el ADN de la fotografía y del cine. Con el tiempo, hemos llegado a entender que están muy separados. La realidad es lo que ven tus ojos y pertenece al campo físico, al de la ciencia. La verdad, en cambio, entra en el campo de la filosofía, de la religión, o del pensamiento. No se puede medir, nadie va a estar de acuerdo, la verdad de uno no es la del otro. Y hasta hace poco se le ha dado al fotógrafo y al periodista la responsabilidad de contar la verdad cuando en realidad no tenía las herramientas ni la autoridad para hacerlo.

    ¿Por qué Magnum es tan importante? Creo que porque ha sido uno de los vehículos para la fotografía como plataforma y herramienta para entender el mundo inventando el reportaje moderno. Ciertos iconos, como Robert Capa y Cartier-Bresson, llevaron la fotografía casi al nivel del arte, dejando de ser una amenaza para la pintura y empezando a ser un lenguaje y un arte en sí misma. Fue también la primera agencia que empezó a reconocer los derechos de autor y ahora, a nivel legal, una imagen es propia y no del medio que la encargó. Como tiene más de 80 años, ha vivido todas las etapas de la fotografía casi desde el principio y, a pesar de todos los cambios, es un ente cultural que sigue vigente, aunque el medio haya sido declarado muerto infinidad de veces; cuando se inventó el color, los de blanco y negro decían que este era el fin de la fotografía; cuando apareció la fotografía digital, clamaban que este era el final; cuando hubo la crisis editorial y empezaron a salir las webs y las fotografías eran gratis, que siguen siéndolo, porque se puede bajar cualquier imagen de internet gratis, ahí también se murió la industria. Y ahora, con la inteligencia artificial estamos en nuestra cuarta vida. Y el que sigamos ahí, a pesar de todos estos cambios de paradigma, de la industria, de la tecnología, del uso, es una señal de que algo debemos estar haciendo bien, aunque cada vez cueste más.

    ¿Qué significó reicbir el Premio Nacional de Fotografía? Me hizo muy feliz por inesperado. Justo cuando me estaba casando en Río de Janeiro recibí una llamada del director general de Bellas Artes para comunicarme que me lo habían concedido. Fue una enorme ilusión porque yo salí de España cuando dejé de ser fotoperiodista. Me fui a Londres y desde entonces no he vuelto, aunque mi madre vive aquí y vengo mucho a verla. Pero donde mi carrera realmente despegó no fue en España porque yo estaba bastante apartada de los circuitos. Y cuando tuve éxito fuera, en España se me empezó a reconocer. Que me dieran el Premio Nacional fue como volver a casa de la madre a que me diera un abrazo. El año pasado me otorgaron la Medalla del Mérito a las Bellas Artes. Y estando en Magnum, nos dieron el Princesa de Asturias. Así que ya no me queda nada más. España oficialmente me quiere… [Marga Perera. Foto: Maria Dias]

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