1976 no fue un año cualquiera en la historia de España. Hablamos de 365 días cruciales en la Transición, algunos más que otros, como ese 3 de julio en el que Adolfo Suárez llegó al Palacio de la Moncloa. Nuestra moneda era la peseta, la televisión en color causaba furor y se podía fumar en espacios cerrados. El Seat Seiscientos aún lo utilizaban los Martínez, los Ochoa o los Del Pino para sus desplazamientos veraniegos, la mili era obligatoria y las películas aún debían pasar el filtro de la censura y su famoso lapicero rojo. Ese año se estrenaron taquillazos como Rocky y Taxi Driver, Cría cuervos y Pepito Piscinas. Menuda cartelera variada. También, un 22 de abril de ese año, se creó una asociación sin ánimo de lucro, Hispania Nostra, declarada de utilidad pública y con el objetivo de defender, promocionar y poner en valor el patrimonio cultural y natural español, que es rico como ninguno y casi inabarcable. Para ello lleva a cabo “programas de vigilancia sobre patrimonio en peligro; de estímulo a las buenas prácticas; promueve la colaboración ciudadana entre instituciones públicas y privadas y participa en actividades de educación y promoción del valor social del patrimonio”, se puede leer en su página web. Aquella primera y ya lejana convocatoria de hace diez lustros fue casi una reunión de entusiastas pero con una clara vocación de perdurar. Han pasado cincuenta años de aquel día y Araceli Pereda, que preside desde hace catorce la asociación, se muestra orgullosa de lo conseguido, aunque dice que se necesitan más manos, más voluntarios, más concienciación y más gente dispuesta a velar por los bienes que son de todos, por tantos cientos y miles de piedras (y no piedras) que son milenarias. “Tenemos el deber y la obligación de devolver a las generaciones futuras todo aquello que nos ha sido legado por quienes nos precedieron”, asegura la presidenta de Hispania Nostra. De patrimonio sabe mucho. Es licenciada en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid, funcionaria de la Administración Civil del Estado, Académica Correspondiente por Madrid de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde 1989 y Medalla de Oro a las Bellas Artes 2018.
Hispania Nostra ha recorrido cincuenta años desde que nació en 1976. Y lo están celebrando, no es para menos. En España han pasado desde entonces muchas cosas. ¿Qué balance hace y cómo ha cambiado la percepción de la sociedad con respecto a la situación de nuestro patrimonio? Ha dado un giro copernicano. Nosotros somos un espejo de esas transformaciones que se han producido en España. Si miramos hacia atrás, hace cincuenta años no teníamos Ley de Patrimonio, que está fechada en 1985, mientras que esta asociación nace nueve años antes, en 1976. Tampoco existían las comunidades autónomas, que surgen posteriormente y cada una con legislación propia en materia de protección del patrimonio, lo que implica una transformación enorme. Es decir, que el ámbito jurídico ha variado muchísimo. El balance es positivo porque la evolución en este campo también lo ha sido.
¿Qué ha cambiado en el concepto de patrimonio a lo largo de estos diez lustros? Antes hablábamos de monumentos y conjuntos, como mucho, no había más. La ley de 1985 ya era en eso bastante avanzada, pero desde entonces hasta ahora el concepto y las categorías de patrimonio se han ampliado una barbaridad. La sociedad se ha transformado indudablemente. En la página web de Hispania Nostra tenemos registradas 807 asociaciones relacionadas con la defensa del patrimonio cultural y natural, lo que quiere decir que se ha expandido y son, por un lado, de carácter geográfico o de carácter profesional. Hispania Nostra nació con dos objetivos: establecer una red de asociaciones y celebrar una reunión anual. Y el segundo propósito, que era intentar que los proyectos que se proponían para los premios Europa Nostra, se premiaran. Nuestra asociación es la representante de Europa Nostra en España, una institución europea que agrupa a más de 400 organizaciones activas en el campo del patrimonio cultural distribuidas por todo el territorio europeo. Y en este sentido España ha sido galardonada cada año y se ha convertido en el país más premiado por la Unión Europea. ¿Qué ha cambiado? La conciencia de la sociedad con respecto a su patrimonio. Cuando empecé a trabajar en el Ministerio de Cultura, en el año 76, el patrimonio se consideraba casi una losa. Ahora empieza ya a ser tenido como una suerte, se entiende como sinónimo de riqueza. El patrimonio cultural y natural genera desarrollo, genera unidad social.
¿Cómo funciona Hispania Nostra? Gracias al voluntariado. Hay un pequeñísimo equipo técnico que hemos puesto en marcha formado por cuatro profesionales. Todo lo demás es voluntariado. Yo soy una voluntaria, el vicepresidente es un voluntario, todo el equipo, la junta directiva lo es también. Y uno de nuestros grandes logros es que haya delegados en gran parte del territorio, es decir, voluntarios, profesionales que se ofrecen para colaborar, Hispania Nostra es un claro ejemplo de que cuando la sociedad civil se organiza es capaz de proteger algo que es nuestra seña de identidad.
La pregunta es si cada vez somos más conscientes de ello, de la riqueza patrimonial que tenemos y que hemos de cuidar y entregar a las siguientes generaciones. Que el patrimonio no es un lujo. Yo creo que sí. Existen dos razones fundamentales. Una es que ha mejorado la educación y la conciencia de la gente con respecto a su identidad, la sensibilidad. Se tiene más información y se está más formado. A la gente le parece fantástico tener patrimonio, se enorgullece de ello porque lo considera como algo propio. Descubre que no es un lujo, sino que contribuye al bienestar y que puede hacerte más feliz. Uno de nuestros proyectos se llama Te enseño mi pueblo. Ahí lo tiene, ese sentido de pertenencia. Por otra parte es fundamental mencionar las razones de tipo económico, el que nos empezamos a dar cuenta de que el patrimonio también es un recurso, y no solamente por el dinero que recibe, también porque nosotros a través del programa de micromecenazgo constatamos que genera trabajo. Por eso digo que la sociedad cada día siente menos losa y está más orgullosa de tener patrimonio, sin duda. Que tenemos en España un patrimonio inabarcable es un hecho claro, pero, sobre todo, en zonas que están despobladas. Y en este contexto es fundamental dar vida a esos pueblos, a esas regiones para que puedan convertirse en un activo económico… [Gema Pajares. Foto: Alfredo Arias]







