Carmen Calvo, que fue su jefa años atrás, hizo que naciera en ella el sentido de la responsabilidad por cuidar el patrimonio. En sus manos tiene hoy tesoros de un valor único, tan valiosos como desconocidos, pedazos de nuestra Historia en forma de monedas. Pero no solo eso. La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, que es como una ciudad en miniatura donde a las once de la mañana el café se antoja sagrado y el movimiento, un no parar por pasillos y escaleras, es una realidad veloz, es un continente macizo, duro, un punto austero y al tiempo bello, que alberga un contenido sin parangón en forma de museo. Un Museo que ha pasado de puntillas hasta ahora. Isabel Valldecabres, presidenta-directora general de la institución, sesenta años, valenciana de nacimiento y con una experiencia caudalosa en la Administración, habla con fuerza y ganas de dar a conocer el Museo. “Mi obsesión es que se conozca”, repite a lo largo de la conversación. La historia del dinero está representada en sus salas y vitrinas a través de unos 90.000 ejemplares entre los que destacan por su calidad e importancia las colecciones de moneda griega, de circulante itálico fundido -la mejor del mundo-, moneda hispánica, la de imperial romana, moneda islámica andalusí -quizá la más completa que exista-, y la de acuñaciones españolas y virreinales, entre otras.
Vamos a empezar por el principio: ¿De cuántas piezas consta la colección del Museo de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y cuántas de ellas están expuestas? Hablar de número de piezas es difícil cuando nos referimos a un Museo que forma parte de una fábrica, y cuyos criterios de registro han variado desde 1784, año de la compra de la colección de Tomás Francisco Prieto, que constituyó la primera que conformó el actual Museo. Por ejemplo, provenientes de los diferentes talleres hay álbumes -denominados capillas- o muestrarios que, técnicamente, ocupan un único registro en el Inventario, pero que, en sus páginas o bandejas, existen numerosas muestras de impresión o pruebas de acuñación. Hablamos de unos fondos con centenares de miles de piezas y objetos, básicamente metálicos y de papel, que se incrementan a diario con la diversa producción que tiene lugar en la FNMT y que atesora el Museo para el futuro, y que incluye, además, hasta enormes máquinas de la ceca que han merecido ser conservadas. Te voy a facilitar un dato. En el último informe que tengo consta que se han fotografiado, catalogado y ordenado 6.500 piezas solamente de Al-Andalus. Me parece una barbaridad. Al público le tienes que enseñar de una manera más interactiva las monedas y que conozca que tenemos la mejor retrospectiva de todo el panorama de la numismática de la historia de España con piezas de Grecia, Roma, los fenicios, las colonias, Carlomagno, los reinos godos, musulmanas, de la época de los Reyes Católicos y del posterior esplendor de España. Nuestra moneda, el real de a 8, es la moneda de canje del mundo. El dólar americano está basado en ella, se le llamaba spanish dollar. Hemos podido tener la colección más perfecta de numismática y, desde que fuimos Timbre, también del sello, no como de uso para el franqueo, sino de colección.
¿Dónde se guardan las que no se exhiben? Contamos con cinco grandes depósitos, o salas de reserva, en los que, en estrictas condiciones de seguridad, almacenaje y climatización, adaptadas a las diferentes dimensiones, características y necesidades físicas de cada objeto (papel, metal, escayola, etc.) se conservan las piezas que no están expuestas o a la espera de destino.
Este museo es un gran desconocido, a qué negarlo. Imagino que estarán trabajando en abrir las puertas y que se pueda conocer más y mejor. El Museo de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre fue el único que permaneció abierto durante la pandemia. Aquí acudía mucha gente después de vacunarse, gente deseosa de salir de casa y a la que se daba entre estas paredes un balón de oxígeno. El museo posee varias particularidades, no en vano, es uno de los más importantes del mundo en su género. La primera, que está fuera del circuito, tanto para lo bueno como para lo malo, porque cuando en Navidades y verano no hay quien se pueda mover por la calle Alcalá, la Gran Vía o el Paseo del Prado, te puedes venir aquí, que está un poquito más apartado, pero en el barrio de Salamanca, y no está a desmano. Tienes parada de metro en la puerta, que, por cierto, en poco tiempo pasará a llamarse Casa de la Moneda y tendremos una exposición próximamente de la historia de nuestro edificio porque hemos cumplido sesenta años. Mi obsesión es que se conozca. Todo esto no es nuestro, sino de los ciudadanos y tiene que estar abierto, salvo las zonas que no se permite visitar por motivos de seguridad. No podemos mostrar dónde se hacen los billetes o monedas, pero sí, con un poco de imaginación, darle una vuelta al potencial de esta casa. Aquí se hace un trabajo estupendo que se debe conocer y estamos abiertos al mundo y tenemos una vocación internacional, particularmente con América Latina. Y lo mismo que con la casa sucede con el Museo, donde no ocupamos ninguno de los primeros puestos de visitas de centros de arte. El futuro es de los museos pequeños, específicos, temáticos, muchas voces lo están diciendo. Pero el visitante no puede venir una vez y no volver. No, eso no puede ser. Tenemos que ir renovando, buscando nuevas exposiciones, abriendo las puertas, que el visitante se pueda tomar un café si le apetece, aunque solo sea eso. Y en ello estamos. En esto y en un posible cambio de sede…. [Gema Pajares. Foto: Alfredo Arias]





