La materia, la energía y la sustancia, los elementos que dan forma a nuestro mundo, son conceptos que intrigaron desde siempre a Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956). Las primeras respuestas las encontró en la carrera de Químicas que estudió en la Universidad del País Vasco, pero la ciencia no agotaba sus preguntas y así, buscando un campo que uniera distintos mundos y herramientas, donde también contara la emoción, llegó al arte. Sus esculturas e intervenciones inmersivas son, en sus propias palabras, “pensamientos, lugares desde donde uno ve, espacios a medio camino entre la realidad y la imagen, entre la presencia y la representación, espacios que hablan de otros espacios”. Considerada la artista española contemporánea con mayor proyección internacional, en 1993 representó a España por segunda vez en la Bienal de Venecia, junto a Antoni Tàpies. En 1995 fue nombrada profesora de escultura en la Akademie der Bildenden Künste de Múnich; creó su primera obra al aire libre, una instalación en la remota isla de Moskenes en el norte de Noruega; y realizó su primera colaboración arquitectónica, un encargo de los arquitectos belgas Paul Robbrecht y Hilde Daem. Su trabajo ha sido presentado en más de 60 exposiciones individuales y colectivas alrededor del mundo, y ha recibido importantes encargos de obra pública, como las puertas ceremoniales del Museo del Prado, la Fuente Profunda en la entrada del Museo Real de Bellas Artes de Amberes o su instalación en la City de Londres. Su trayectoria ha sido reconocida con el Premio Nacional de Artes Plásticas, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes o el Premio de Arquitectura otorgado por la Royal Academy of Arts de Londres. Ahora la Fundació Catalunya La Pedrera inaugura este mes su primera monográfica en Barcelona, abierta hasta el próximo 25 de enero, que reúne piezas creadas en las últimas tres décadas en sugerente diálogo con la arquitectura de Antoni Gaudí. “Él era un arquitecto profundamente libre y eso lo hace único. Me interesa lo orgánico y lo geométrico. Trabajo con ambos parámetros creando un mundo que es ficción, pero también conecta con la realidad”, nos dice la artista donostiarra, que vive y trabaja en Torrelodones (Madrid).
¿Qué artistas u obras le abrieron los ojos a la escultura? Ha mencionado piezas como Étant donnés de Duchamp, o el Monumento a la Tercera Internacional de Tatlin… Sí, esas han sido obras fundamentales en mi manera de mirar el mundo y expresarme. El lenguaje constructivista siempre me interesó mucho. Sin duda hay muchos más. Entre ellos, Katerina Kobro, Stepanova, Koncharova, más tarde Eva Hesse… De Vladímir Tallin, el Contrarrelieve de esquina siempre me pareció muy interesante.
Su paso por la Chelsea School of Art de Londres le marcó a nivel artístico y personal, pues conoció allí, entre otros jóvenes compañeros, a quien sería su marido, Juan Muñoz. ¿Qué horizontes se abrieron ante usted en la academia? No tuve mucha relación con la academia ni con la escuela, pero sí con la ciudad y con los círculos de artistas, comisarios, pensadores y entre ellos con Juan Muñoz. También en ese momento tuvimos relación con artistas alemanes de la academia de Düsseldorf y con algunas galerías que serían muy poco más tarde fundamentales en nuestra vida, como Konrad Fischer. Ambos fuimos afortunados de entrar a formar parte de exposiciones internacionales muy pronto.
Una beca Fullbright la llevó en 1988 al Pratt Institute, en un Nueva York en plena efervescencia artística. ¿Cómo le ha forjado vivir en otros países? Sentirte extranjera en países interesantes forja tu identidad y te coloca en un lugar que no es bueno por definición, pero a mí me sirvió y lo sigue haciendo. Despierta tu curiosidad y te mantiene alerta. Aunque también me siento despierta en mi refugio en mi país.
Háblenos de su relación con los materiales. ¿Sigue el material a la idea, o al revés? Utilizo diversos materiales. Siempre hay algunos nuevos, que incorporo según lo encuentre útil para lo que quiero expresar y también otros que te relacionan con la historia.
Muchas de sus obras están conectadas con la naturaleza. ¿Cómo es su relación personal con ella? Siempre ha sido una inspiración en muchos sentidos. Incluso para construir ficciones. Crear lugares que ayuden a reflexionar sobre la importancia de cuidar nuestro planeta me interesa… [Vanessa García-Osuna. Foto: Maria Dias]





