“El arte nos permite quitar valor a cosas que, en el orden ‘normal’ de relaciones, tienen valor y dárselo a aquellas que no lo tienen”, sostiene Julia Spínola (Madrid, 1979), cuya obra críptica y poética tiene como materia el tiempo y el espacio. Spínola, que vive y trabaja en Barcelona, tiene un largo recorrido entre estudios, becas y exposiciones. Su trabajo ha sido reconocido con galardones como El Ojo Crítico que concede RNE (2013), Generación Casa Encendida Madrid (2013) y el Premio ARCO Comunidad de Madrid (2017). Conversamos con ella con motivo de El vuelto, la exposición que presenta en la galería etHall de L’Hospitalet, en la que manifiesta su interés constante por el proceso de su trabajo, cómo van a interactuar sus obras en el espacio de la galería y cómo lograr que el público se sienta bien en ese lugar. Sabiendo que sentirse bien es algo subjetivo, Spínola va dejando claves para que el público pueda relacionarse con las piezas desde un lugar de interpretación no unidireccional, convirtiendo el espacio en un artefacto espacio-temporal perceptivo con espacio para moverse. De ahí que, últimamente, en sus exposiciones las esculturas ocupen las paredes dejando un espacio central vacío donde poder moverse libremente, como un ideal de belleza de respeto al ser humano más que hacer concesiones formales en su obra.
¿Cómo fue su primer contacto con el arte? Mi abuelo trabajaba pintando cerámica en una fábrica en Talavera de la Reina y siempre que venía a Madrid me llevaba con él al Prado, a ver a Goya y Velázquez. Su cuadro favorito era Las Hilanderas de Velázquez. Después ha sido el contacto y la amistad con otros artistas, una vez acabada la carrera de Bellas Artes, lo que me ha mantenido haciendo cosas.
Esta exposición, que ha realizado expresamente para la galería, ¿qué significado tiene para usted en el contexto de su carrera? Esta exposición me ha recordado mucho otra que hice hace ya siete años en el CA2M de Madrid, que se llamó Lubricán, porque creo que estamos en una coyuntura parecida, aun con muchas diferencias. En aquel entonces acababa de llegar al poder Donald Trump y se empezaban a normalizar discursos que hasta entonces era impensable que pudieran saltar a la esfera común; fue el momento también de la disolución de un tipo de lenguaje con la irrupción de las fake news, elementos todos que ya venían apareciendo pero que fue entonces cuando empezaron a construir otro tipo de realidad. Ahora estamos viviendo el aceleramiento y la imposición por la fuerza de todo eso. Para aquella exposición quise trabajar con elementos y objetos en un equilibrio muy precario, de manera que la fragilidad material quedara muy a la vista pero también las tensiones que sostenían y mantenían juntos esos elementos.
¿Como reconociendo cosas que aparecen una y otra vez? Sí, ya son 20 años de trabajo. En ocasiones reconocer cosas que ya he hecho me provoca una sensación extraña, la de estar pasando otra vez por el mismo lugar y mi primer deseo es salir corriendo en otra dirección. Por otra parte, con los años se ha ido afianzando una forma de trabajar que acojo con gusto, por ejemplo, pensar las exposiciones como artefactos textuales y perceptivos, que me permiten operar con mucha libertad las relaciones entre materiales, imágenes y textos. En esta exposición quería trabajar con la idea de desorientación espacial, de desequilibrio y de exposición abierta. Me acompañó mucho una cita de Gordon Matta-Clark que me envió mi amigo, también artista, Victor Ruiz Colomer, en la que habla de laberintos y critica los que por aquel momento estaba haciendo Robert Morris, que respondían a esa idea clásica de un espacio sin profundidad -generalmente un corredor- en el que siempre hay que ir eligiendo entre dos opciones.
¿Por qué sólo dos opciones, no? Claro, y Matta-Clark habla del deseo de construir un laberinto sin paredes en el que se den una multitud de opciones pero ninguna sea contraproducente entre sí. Para mí una exposición implica poner en relación, en el espacio, una serie de cosas que estoy pensando y es en el encuentro entre ellas del que surge el pensamiento; no en las cosas en sí, sino entre unos elementos y otros, por contacto y cercanía, o choque… [Marga Perera. Foto: Maria Dias]





