• Paolo
  • Mitsuo Miura, entre la memoria y la casualidad

    Cuando este japonés sonríe, el 90 por ciento de los músculos de su rostro se contagian de esa alegría. Y a lo largo de esta charla lo hace con relativa facilidad. Llegó a España con 20 años procedente de Iwate, que dicen, podría ser el lugar que Marco Polo bautizó como “Tierra de Oro”. Hoy está cercano a los ochenta y conserva intacta la vitalidad que le trajo en un avión hasta Madrid. La galería Maisterravalbuena celebra su obra en la colectiva El aliento de la tierra (abierta hasta el 12 de julio) junto a la de quienes son y han sido sus amigos, Adolfo Schlosser, Juan Navarro Baldeweg y Nacho Criado, exposición comisariada por Mariano Navarro. Su estudio está en perfecto orden: los lapiceros de colores se alinean uno al lado del otro, los botes que guardan la pintura, también. Hasta sus zapatillas negras, con algún brochazo, tienen su lugar. Mitsuo Miura (1946), que es historia del arte contemporáneo español (aunque atribuya a la casualidad gran parte de lo que es), habla del presente y del pasado y al final, en la despedida, no pierde ni su risa traviesa ni su acogedora bonhomía, siempre con María Lara, su esposa, cerca. Dan ganas frente a él de inclinar la cabeza y juntar las manos en señal de respeto.

    ¿Qué es El aliento de la tierra, además de una reunión de grandes amigos y una manera de establecer por parte de los cuatro artistas que participan una nueva relación del arte con la naturaleza? Es una exposición con recuerdos de otra época, bastante nostálgica, diría, más romántica. Me pidieron obra de los setenta e inicios de los ochenta. La pena es que no están algunos de los compañeros. Han sido mucho más que conocidos, pues he convivido con ellos hasta el último momento. Faltaban ellos, aunque estaba su gente más cercana, sus mujeres e hijos. Fue una experiencia alegórica en la que se mezclaban muchos sentimientos.

    ¿Qué le une a Schlosser, Criado y Navarro Baldeweg? Con Navarro tuve poca relación. Con Criado y Schlosser, mantuvimos el contacto y la amistad hasta el final. Y esta exposición representa una época de España, un momento creativo en el que dominaba El Paso y su estética contemporánea. Entre ellos y nosotros había una abultada diferencia de 20 años y esa separación nos tocó hacerla a nosotros, andar ese camino. La comunicación de España con el exterior era escasa y no resultaba tarea sencilla conocer lo que se hacía artísticamente en países como Francia, Italia o Alemania. Si querías conocer tenías que viajar para ver y es lo que hacíamos. Nos encantaba estar juntos y charlar sobre lo que nos diferenciaba de quienes nos habían precedido.

    Usted llega a España con 20 años en los años sesenta. La fotografía de ese momento imagino que le debió, cuando menos, sorprender. El choque fue importante. Yo venía de un país con una cultura diferente, pero a mí, el tema político español no me preocupaba, lo desconocía, no sabía lo que era una dictadura, algo que aprendí al ir a la Facultad de Bellas Artes, en la Ciudad Universitaria. Al llegar, me resultaba extraño ver a la policía, aunque no tuve problemas. De vez en cuando me pedían el pasaporte, pero poco más.

    Y entre todas las ciudades europeas elige Madrid. A veces me han preguntado por qué no me fui a París, por ejemplo, a Milán, o a Berlín. Lo principal para mí era salir de Japón, para aprender y estudiar, y el único país al que podía acceder económicamente era España. París o Milán eran inaccesibles, demasiado caros. Yo necesitaba hacer mis cosas sin trabajar, sin preocuparme por la economía. Por otro lado, mi familia tenía una relación con España. De niño, recibía unas postales de mis abuelos, que tenían un comercio de pesca con base en Canarias. Ellos me mandaban tarjetas preciosas, con sol, paisajes de palmeras, y yo pensaba: “Qué país tan maravilloso, tan exótico”. Despertó las ganas de viajar hasta allí. También, ver fotografías de casas de piedra en las calles de Madrid, porque en Japón son de madera. Me llamó bastante la atención. Y cuando tenía unos catorce años vi una exposición en Tokio del Museo del Prado, con artistas muy diferentes a los que yo conocía. Me impresionó conocerlos, tener delante otra cultura, ver la inmensidad de aquellas obras frente a mis ojos y no en una reproducción de apenas unos centímetros. Era la pintura clásica española delante de mí. Digamos que eso me fue alentando y alimentando mis ganas de viajar a España a formarme sin tener que realizar una actividad extra, es decir, sin tener que trabajar, para mantenerme… [Gema Pajares. Foto: Alfredo Arias]

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