Descubrir, aprender y compartir, son las palabras que resumen la actitud con la que Fernando Arriola y Yolanda Zugaza se embarcaron en la aventura de coleccionar. Estos abogados economistas, socios fundadores del Grupo Adakar, han proyectado su pasión por el arte contemporáneo en la Colección Alkar Contemporary Art Collection (ACC Bilbao). A lo largo de treinta años han ido reuniendo uno de los fondos privados de arte contemporáneo más deslumbrantes de nuestro país. Las casi 500 obras que lo componen ofrecen una visión de las líneas que definen la creación de nuestro tiempo. Su nómina de artistas incluye nombres como Anselm Kiefer, Richard Serra, Louise Bourgeois, Georg Baselitz, Olafur Eliasson o Tracey Emin. Han hecho préstamos a museos como el Reina Sofía, el Guggenheim o el Pompidou y la Fundación ARCO les concedió este año el Premio A al Coleccionismo. La riqueza cultural del País Vasco está en la esencia de esta colección, cuya narrativa y alcance es, sin embargo, global. Si en sus inicios, el principal aliciente era el disfrute, poco a poco, este goce fue encauzándose con criterio y disciplina. Cada nueva incorporación es cuidadosamente sopesada y su agenda se ha llenado de visitas a ferias, galerías y estudios de artistas de todo el mundo. Esta travesía va a culminar con la apertura de un centro de arte en Bilbao, cuya sede ha diseñado el prestigioso arquitecto Juan Herreros, autor del Museo Munch de Oslo.
¿Cuáles fueron sus primeras experiencias con el arte?
Fernando Arriola: Desde niño fui aficionado al arte y tomé clases de pintura y escultura. Mis esculturas de arcilla eran muy celebradas entre familiares y amigos de mis padres, lo cual me llenaba de orgullo [sonríe]. Cuando me llegó el momento de elegir una carrera universitaria me planteé el matricularme en Historia del Arte, incluso en Bellas Artes pero pese a que gozaba de apoyo en casa, me decanté por el campo del derecho y la economía y cursé la carrera de Abogado Economista en la Universidad de Deusto, carrera en la que coincidí con Yolanda.
Yolanda Zugaza: Mis padres eran coleccionistas de antigüedades y de artesanía que adquirían en sus viajes por el mundo y eso siempre estuvo presente en mi infancia.
¿Cuándo empiezan a coleccionar? Hicimos la primera adquisición allá por 1992 y recuerdo que compramos con cierto temor ya que la inversión nos parecía una barbaridad. Se trataba de una pintura del pintor bilbaíno Ignacio García Ergüin, concretamente, un Trompetista de jazz de la serie Nueva Orleans, que aún cuelga en la pared de casa. A esa primera obra le siguieron otras, siempre de artistas locales y con un ánimo más de decorar y disfrutar de las piezas que íbamos encontrando que de coleccionar. Transcurrido un tiempo, fuimos entrando en contacto con el arte contemporáneo y acudimos por primera vez a ARCO. De eso hace ya 25 años y nos quedamos en “shock” pues nunca habíamos tenido oportunidad de ver tal cantidad y variedad de obras de arte en un mismo espacio. Recorrimos la feria sin descanso. ¡No paramos ni para comer!. Yolanda tenía “fichado” al artista Sean Scully, y le fascinó una pintura en azules y ocres por la que nos pidieron una cifra muy alta para nosotros en aquel momento, aunque hoy sería ridícula, así que no la adquirimos. Afortunadamente, hemos podido subsanar “este error de juventud”, y hoy contamos con varias obras de Scully. En aquella primera visita compramos en la galería Barbel Grasslin una obra del alemán Imi Knoebel, Perfect Parents. Pocos meses después visitamos Art Basel y desde entonces lo nuestro ha sido un “no parar” de patear ferias, galerías y estudios por todo el mundo… [Vanessa García-Osuna. Foto: Alfredo Arias]





