En Poblenou, el barrio donde las Olimpiadas de Barcelona transformaron viejos talleres industriales en luminosos despachos de diseñadores, informáticos y programadores, es donde trabaja Sergi Aguilar (Barcelona, 1946). Es un espacioso local con grandes ventanales; todo está muy ordenado, nada de hierros ni virutas porque aquí Aguilar principalmente dibuja sus proyectos, y las esculturas, de pequeño y medio formato ya realizadas, comparten espacio con las mesas de trabajo y la biblioteca. En su estudio, dibuja en DIN A4 y va ordenando los dibujos en una caja como si fuera una libreta; unos quedarán así, como libreta, dibujo o nota; otros serán proyectos para ampliar o como germen de alguna escultura. Dice que cada exposición tiene un guion que enlaza con uno anterior o que aparece de nuevo, es el caso de D’après Blinky, la exposición que presenta en La Nave Sánchez Ubiría de Madrid hasta el 29 de mayo. Es un homenaje a Blinky Palermo, un artista que desde años ha despertado su interés. Con el mármol, el negro fue su color, pero hace ya mucho tiempo, apareció el rojo como un relámpago, y rojo y negro quedaron como un signo de identidad de su escultura. Además de impartir clases y conferencias, Aguilar dirigió la Fundació Suñol de Barcelona desde su creación en 2007 hasta 2021.
¿Qué le atrae de Blinky Palermo? Es un autor que siempre tengo muy presente. En 1990, ya había hecho una pieza de acero, que titulé Blinky. Tengo tendencia a hacer series porque permiten que las obras y las ideas se vayan desarrollando. En 2021 realicé unas pequeñas esculturas, también en acero, en forma de asa, una de las cuales se parecía a su pintura Puente azul [1964]; esta “coincidencia” es la que me hizo volver la mirada a Palermo. Una serie de dibujos bajo ese mismo patrón me llevaron a hacer otros de gran formato que junto con dos esculturas conforman esta exposición. En 1969 viví un tiempo en Alemania; era un momento en que yo me estaba formando y vi una exposición que me impactó y me quedó grabada: era de Palermo; fue alumno del provocador Beuys, pero él estaba en un mundo muy poético, muy potente. Era 1969, cuando todavía se respiraba el Mayo del 68, así que me metí en el movimiento estudiantil, donde estaba Beuys con sus alumnos: Palermo, Knöbel, Richter, Baumgarten… Recientemente, cuando estaba trabajando con esta obra sobre Palermo, Marga Sánchez me propuso hacer esta exposición, que fue un estímulo para terminar la obra.
Usted se inició en orfebrería. Sí, mi padre tenía un taller de ebanistería y de pequeño yo había trabajado con él. Más adelante estudié orfebrería contemporánea en la escuela Massana de Barcelona. Cuando estuve en Alemania, vi que había gran tradición de joya contemporánea y allí hice un amigo, Günter Flinspach, que también hacía objetos-joya. Fue interesante trabajar con materiales no “preciosos” donde pretendíamos que el valor estuviese en el diseño y en los materiales alternativos. Luego expuse en Alemania un par de veces en el museo de Schmuckmuseum Pforzheim, pero era un momento en que yo empezaba a conocer el mundo del arte contemporáneo en directo en Alemania, en Inglaterra y en Francia, y empecé a interesarme por la escultura y fui abandonando los objetos pequeños; así que a los 22 años empecé a esculpir.
¿Tenían alguna relación formal o conceptual sus piezas de joyería con las primeras esculturas? Al principio, hice un par de exposiciones de joyería en Tarragona, Objeto Joya, y a mucha gente le parecían esculturas porque muchas de ellas no eran para llevar. Hice soportes para que cuando no se llevara la joya quedara a la vista y no encerrada en una caja. Era un soporte de autor, de plata, cobre o madera. Las primeras esculturas que hice eran de pequeño formato, pero entonces parecían joyas grandes. Tengo claro que una cosa no tiene nada que ver con la otra, aunque hay momentos en que se conectan porque tienes una manera de ver las imágenes y luego las materializas. Una de mis esculturas, Tronc-Espai-Terra-Eina, que está en el Museo Reina Sofía de Madrid, es una pieza antigua [1974] y significa el salto desde las joyas. En 1972 pasé en Menorca medio año y creo que allí empecé con la escultura; recogía los troncos que la gente del campo utiliza para confeccionar herramientas. Esta pieza parte de la naturaleza y se relaciona con la utilidad, de ahí el título, y mucha gente dice que es una pieza fundacional en mi carrera. Hay algunas que haces muy al principio que se convierten en fundacionales con el tiempo. Curiosamente, hace dos años la vio Manuel Segade, el actual director del Reina Sofía, y me dijo que iba a incluirla en la exposición Colección. Arte Contemporáneo. 1975-Presente, que recorre el último medio siglo de arte en España, que se acaba de inaugurar.
Sus primeros referentes en escultura fueron Julio González, Brancusi, Chillida y Oteiza. En los inicios de un artista siempre hay padres. Yo tengo una tendencia hacia lo constructivo, cómo se construye una “cosa”, una escultura, así que el primer escultor que me interesó fue Julio González por su aspecto constructivo. También Brancusi por su pureza de forma, que es una constante mía, desnudar la forma hasta encontrar la médula, y eso se ha ido sumando. Evidentemente, el constructivismo ruso, por su mística. Luego apareció Chillida, después Oteiza… Con el tiempo, mis “referentes” han ido cambiando, pero hay unos intocables.
Fue seleccionado para la exposición New Image from Spain en el Guggenheim de Nueva York. Cuando hice estas esculturas de troncos, descubrí el mármol, que me cautivó por ser una materia natural y empecé a hacer formas geométricas a partir de una síntesis de los troncos. Era en 1976, un momento en que unos pocos artistas empezamos a hacer escultura tratando de romper con la generación anterior; ya en 1978, me llamó Fernando Vijande, al que ya conocía, que codirigía la galería Vandrés, y me dijo que una curator americana, Margit Rowell, venía a hacer una prospección y que le había enseñado mis bloques negros de mármol. Yo estaba bastante motivado de ver que mi discurso creativo iba funcionando, primero en la propia ciudad porque había hecho una exposición en la Galería Trece que había funcionado muy bien, luego en Madrid, y después que una curator americana me llevara a Estados Unidos. Todos los artistas seleccionados, Carmen Calvo, Teresa Gancedo, Antoni Muntadas, Miquel Navarro, Guillermo Pérez Villalta, Jordi Teixidor, Darío Villalba y Zush, fuimos a la inauguración y estábamos muy ilusionados porque entrábamos en un punto de inflexión en un momento en que aquí todavía había mucho post franquismo… [Marga Perera. Foto: Maria Dias]












