El periodo de transición entre los siglos XIX y XX fue uno de los más brillantes y fecundos de la pintura española. Entre el apego a lo cotidiano y la voluntad de modernidad, los artistas exploraron nuevos temas, técnicas y formatos en diálogo con las grandes corrientes europeas. Organizada por la Fundación Cajamurcia y comisariada por Helena Alonso y J. Óscar Carrascosa, De Fortuny a Montmartre examina este efervescente capítulo de nuestra historia del arte. La muestra traza un arco cronológico que abarca desde el Costumbrismo hasta el Modernismo, desde la España recorrida por Prosper Mérimée hasta los fundadores del legendario grupo Els Quatre Gats en Barcelona, y el surgimiento de las incipientes vanguardias históricas. Dos ciudades europeas actuaron como polos de atracción para los artistas del momento: Roma y París. En la capital italiana la estrella es Mariano Fortuny (1838-1874), cuya fama internacional ejerció de imán sobre algunas de las figuras más destacadas del panorama artístico español. En la ciudad del Tíber adquirió especial relevancia la Academia de España, donde se formaron como pensionados numerosos artistas del momento, a menudo futuros directores de la institución. En las últimas décadas del siglo XIX, cuando la modernidad empezaba a imponerse, París se consolida como destino natural de los pintores españoles y las escenas costumbristas de temática española alcanzaron una demanda extraordinaria en ese mercado y en el americano. Al mismo tiempo, artistas como Santiago Rusiñol y Ramon Casas llevaron a sus lienzos, y a sus colaboraciones en prensa, la intensa vida social y cultural parisina, de la que fueron testigos desde Montmartre. Sus continuos viajes entre Barcelona y París ayudaron a difundir las novedades entre el amplio círculo de creadores reunidos en torno a la taberna Els Quatre Gats, entre los que se encontraba un joven Picasso.

Mariano Fortuny (1838-1874) es uno de los grandes maestros españoles del siglo XIX. En 1860 viajó al norte de África por encargo de la Diputación de Barcelona para documentar pictóricamente las campañas militares españolas en aquellos territorios. Este cometido le permitió experimentar de primera mano la luz del paisaje africano, una vivencia que influyó decisivamente en su producción. Fortuny está considerado el principal exponente del orientalismo en la pintura española. A mediados de la década de 1860, Goupil, uno de los marchantes europeos más influyentes de su tiempo, le convirtió en uno de sus artistas estrella. La producción del pintor se estructuró en dos grandes categorías: la pintura orientalista y las composiciones de inspiración dieciochesca, ambas muy demandadas en el mercado. Joaquín Sorolla es otro de los puntales de esta exposición.

Fue en Roma donde el valenciano conocería a quien sería un respaldo decisivo en su posterior desarrollo en París: Pedro Gil Moreno de Mora, pintor perteneciente a una familia acomodada. La estrecha amistad entre ambos fue esencial para el impulso de Sorolla hacia el éxito internacional en la capital francesa. Monet llegó a referirse a su obra como “d’un joyeux de la lumière surtout” (la alegría de la luz, por encima de todo). Y ante una pintura premiada, el maestro italiano Giovanni Boldini subrayó: “la superbe maîtrise de ce diable d’espanyol” (la soberbia maestría de este diablo español). “Desde el magisterio de Fortuny hasta el entorno barcelonés que acompañó los primeros pasos de Picasso, el recorrido de la exposición permite comprender la consolidación de una sensibilidad nueva, capaz de situar a los artistas españoles en el centro de los debates europeos”, observan los comisarios, “más que un relato de influencias, esta muestra propone la imagen de una modernidad conquistada desde múltiples frentes y de un arte que, al mirar hacia fuera, encontró también nuevas formas de mirarse a sí mismo.” [Hasta el 26 de abril. Centro Cultural Las Claras. Murcia. Fundacioncajamurcia.es]







