¿Qué mujer se habría atrevido a viajar sola a París a principios del siglo pasado para perseguir el sueño de ser pintora? ¿Cuántas lograron participar en el Salón de los Independientes de la capital francesa durante tres años consecutivos? ¿Qué otra artista compartió galería con Pablo Picasso o Juan Gris durante la Primera Guerra Mundial? La respuesta a estas preguntas tiene un nombre español: María Blanchard (Santander, 1881 – París, 1932). Y eso es precisamente lo que propone la exposición María Blanchard. Pintar el mundo desde dentro, que acoge el Museo de Bellas Artes de Badajoz (MUBA), reivindicar a una pionera que despuntó en el exigente ambiente artístico de Montparnasse. La muestra, comisariada por María Toral, reúne 13 obras de la pintora cántabra a las que se suman otras 4 de artistas de su entorno como Juan Gris, Diego Rivera y Jacques Lipchitz, que ayudan a contextualizar su relevancia dentro del movimiento cubista.
“Pocas trayectorias resultan tan impactantes en términos de superación, lucha y también de amistad como la de María Blanchard”, sostiene Toral, quien subraya la valoración que hicieron de ella colegas como Chagall, Modigliani, Picasso o André Lhote; éste último escribió: «María Blanchard ha muerto el 5 de abril de 1932. Su desaparición no dejará en el mundo parisino un vacío importante. Los artistas de primer orden se marchan habitualmente sin ruido. Su obra, como las obras considerables, lo tenía todo para no gustar. En primer lugar, por lo extraño: nada de lo que se había hecho en estos últimos tiempos hacía presagiar la sensata novedad. Sus composiciones, aunque impregnadas de una disciplina culta, reservaban a la figura humana, el cubismo puro, un espacio real».

Pero ¿por qué su legado ha quedado ensombrecido? Según la comisaria “el contexto histórico la sumió en el olvido, tan solo los grandes intelectuales y artistas supieron apreciar lo gran artista que fue y ni siquiera sucedió en nuestro país, tuvo que marcharse fuera para ser valorada”. Blanchard se integró plenamente en el círculo de vanguardia, compartiendo casa y estudio con Diego Rivera durante varios años, aunque las comparaciones con Frida Kahlo se agotan ahí. “Es cierto que fue gran amiga del mexicano hasta el punto que José Bergamín, rememora la temporada que pasaron en Madrid: «La imagen que recuerdo de María Blanchard va siempre acompañada, a mis ojos, de la de Diego Rivera. Inseparablemente juntas». «Pero no fue más que una relación de amistad y admiración mutuas», puntualiza Toral.

El relato expositivo se apoya en obras como Monograma, una composición cubista con sus iniciales, aún con la G de Gutiérrez que eliminó para firmar finalmente como María Blanchard. “La idea es mostrar piezas imprescindibles de su periodo cubista hasta que alcanza su propio estilo figurativo tras la Primera Guerra Mundial. Ahí destacan personajes como L´Ivrogne o la Bretonne y, cómo no, tampoco podíamos dejar de lado sus temáticas más icónicas como los niños y las maternidades”.

Las obras de Blanchard se confrontan en la muestra con las de algunos de sus camaradas pues, como explica la comisaria, “me parecía fundamental resaltar la importancia de la amistad en su vida y en su carrera. Por ejemplo, Marie Madeleine de Gabriela contó que «María Blanchard toma parte en la aventura cubista bajo la influencia de sus amigos, y especialmente de Juan Gris». Ramón Gómez de la Serna, por su parte, da más detalles cuando dice que María «necesita afecto y lo halla, sobre todo en casa de Juan Gris y de Lipchitz, sus dos amigos de siempre; el uno arquitecto de parecidos ideales en la pintura y el otro arquitecto escultórico».
Para María Teresa Rodríguez Prieto, directora del MUBA, “acercar la obra de María Blanchard al público desde el Museo de Bellas Artes de Badajoz significa enaltecer la aportación de mujeres que, como esta abanderada, supieron ser pioneras en su forma de hacer y reconocidas por la crítica de su momento.” El obituario publicado por el diario francés L’Intransigeant definía a la española como “una de las más bellas inteligencias de nuestro tiempo” subrayando que su arte “poderoso, hecho de misticismo y de un amor apasionado por la profesión, quedará como uno de los más significativos de nuestra época.”
La pintora santanderina sufrió demasiado, conoció algunos triunfos y muchas heridas, pero nunca cejó en su anhelante búsqueda de la perfección. Como escribió Gerardo Diego en un catálogo de la artista para la galería Biosca “Con María estamos siempre, siempre, en deuda.” [Hasta el 14 de junio. MUBA. Badajoz. Muba.badajoz.es]







