Hacia 1900, la obra de Henri Matisse (1869-1954) revolucionó la pintura europea con una idea explosiva del color. En los años cincuenta, sus collages transformaron la idea del espacio pictórico. Entre esos dos momentos transcurrió más de medio siglo de investigaciones plásticas que convirtieron la obra matissiana en la casa del arte moderno, frecuentada por artistas de distintas generaciones y tendencias. De ahí el título de la exposición en CaixaForum Madrid –Chez Matisse. El legado de una nueva pintura-, realizada en colaboración con el Centre Pompidou de París, que pone el acento en la hospitalidad y la complicidad del maestro francés. La muestra propone un recorrido sensorial e intelectual por la obra de uno de los mayores coloristas del siglo XX a través de 46 obras de Matisse y 49 de otros creadores en un juego de referencias cruzadas que ilumina un siglo de creación y vanguardia. Primitivo y sofisticado, clásico y salvaje, figurativo y abstracto, Matisse es una figura clave de la modernidad, capaz de atraer a un público diverso y deslumbrar a otros artistas, que lo consideran una referencia y un compañero de investigaciones plásticas. ¿Por qué figura en el panteón de la historia del arte moderno? Por su conocimiento de los artistas más innovadores del siglo XIX y por su capacidad de aportar nuevos signos para su tiempo. Nacido en una familia de tejedores y comerciantes de pigmentos, su obra es fruto de un trabajo constante que le permite alcanzar un complejo dominio de la simplicidad. Como señaló el historiador del arte Pierre Schneider, “Matisse sentía la necesidad de pisar tierra antes de lanzarse, de constatar el peso de las cosas antes de darles alas”. Su audaz concepción del color y su reformulación crítica del cuadro como superficie pictórica tuvieron rápidamente eco entre los fauves alemanes y los neoprimitivistas rusos, así como en la pintura estadounidense de la década de 1940. Su obra es, por tanto, el reflejo de su tiempo: desde la angustia y la introspección de los años de guerra, hasta la explosión de sensualidad y hedonismo de sus pinturas y collages de madurez.

Una de las curiosidades que propone esta muestra es la introducción de la mirada femenina a través de la obra de Sonia Delaunay, Françoise Gilot, Natalia Goncharova, Baya [Fatma Haddad] y Anna-Eva Bergman, entre otras, que plantean una reflexión sobre el arte decorativo, los límites de la pintura y el lugar de lo femenino. En palabras de Zoulikha Bouabdellah, los desnudos de Matisse «nos otorgan un poder que debemos aprovechar, el de someterlos a la prueba de nuestros cuestionamientos: ¿no es reduccionista ver en la representación del cuerpo femenino desnudo una simple ofrenda a los deseos masculinos? ¿Negarse a ver esos cuerpos no es acaso encerrarlos por segunda vez?». [Hasta el 22 de febrero. CaixaForum Madrid. Caixaforum.org]







