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  • Elsa Schiaparelli, la «couturier» surrealista

    “En tiempos difíciles la moda es siempre escandalosa» aseguraba Elsa Schiaparelli, que llevó el arte de vanguardia a la alta costura. Coincidiendo con la exposición que le dedica el Museo Victoria & Albert de Londres, repasamos la trayectoria de una de las diseñadoras de moda más innovadoras del siglo XX. Se exponen más de 200 objetos, entre los que se incluyen prendas, accesorios, joyas, pinturas, fotografías, esculturas, muebles, perfumes y material de archivo. Tristram Hunt, director del museo, ha declarado que esta muestra “celebra a una de las diseñadoras más ingeniosas y atrevidas de la historia de la moda.” Por su parte, Delphine Bellini, actual CEO de la casa Schiaparelli, ha recordado que «La audaz imaginación y visión radical de Elsa Schiaparelli redefinió los límites entre la moda y el arte.” Elsa Schiaparelli (1890-1973), vino al mundo en el palacio Corsini de Roma en el seno de una familia de aristócratas e intelectuales: su padre era director de la biblioteca Lincei y profesor de literatura oriental, un tío suyo astrónomo y su madre descendía de los Medici. Estudió filosofía, aunque su sueño era convertirse en actriz. A los 21 años publicó una colección de poemas abiertamente sensuales, Arethusa. Cuando sus padres se enteraron, la enviaron a un convento en Suiza, de donde salió después de una huelga de hambre. 1913 fue el año de su emancipación. Marchó a Londres con una amiga de su hermana para ayudarla a cuidar a sus hijos. Mientras asistía a una conferencia sobre teología impartida por el conde Wilhelm Wendt de Kerlor, quedó subyugada por el encanto de este joven teosofista. Lo suyo fue un flechazo y casi de inmediato se casaron y trasladaron a vivir a Nueva York. La joven pareja vivía de la dote de Elsa, que iba menguando a la velocidad de la luz. Su hija Yvonne, a la que apodaban Gogo, nacida en 1920, contrajo poliomielitis. Incapaz de conjugar su vida bohemia, los trabajos a tiempo parcial, las repetidas ausencias de su marido y el cuidado de su pequeña, pidió el divorcio. En 1922, se instaló en París porque Europa parecía estar más avanzada en los tratamientos médicos que necesitaba Gogo. Durante el día, trabajaba en una tienda de antigüedades y por la noche, frecuentaba el restaurante Le Bœuf sur le Toit punto de encuentro de la bohemia. Poco a poco su círculo de amistades artísticas fue creciendo. Cierto día, acompañó a una amiga a una prueba en el taller de Paul Poiret, el modisto más renombrado de la época. Mientras esperaba, se probó algunos trajes a pesar de que no podía permitirse comprar ninguno. Al darse cuenta de esto y pensando sin duda que una mujer tan atípica haría buena publicidad a su ropa, Poiret se ofreció a prestarle algunos de sus conjuntos. Aquella primera experiencia con el mundo de la alta costura y el diseño marcó un punto de inflexión en su vida. A mediados de la década de 1920, se convirtió en diseñadora independiente. Su primera idea, sencilla pero radical, fue un jersey con un estampado trompe-l’œil en blanco y negro. La prenda fue inmediatamente considerada una «obra maestra» por la revista Vogue…. [Man Ray, Retrato de Elsa Schiaparelli © 2025 Man Ray 2015 Trust. DACS, London]

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