Alfred Jarry (1873-1907) fue mucho más que un escritor. También fue un artista, un crítico de arte, un editor y un aclamado esteta. La exposición Ubú pintor. Alfred Jarry y las artes en el Museu Picasso de Barcelona, comisariada por Emmanuel Guigon, explora su influencia en el arte y el pensamiento del siglo XX. La muestra reúne obras, libros, obra gráfica y dibujos de Jarry junto a piezas de creadores de su círculo, como Pierre Bonnard, Paul Gauguin, Henri de Toulouse-Lautrec, Charles Filiger, Georges Rouault y los nabis. También destaca el impacto que el dramaturgo francés tuvo tanto en los surrealistas como en los artistas del Collège de Pataphysique, como Jean Dubuffet o Enrico Baj. Además, se incorporan propuestas contemporáneas, como la de William Kentridge, que explora la vigencia de los temas que Jarry trató en su obra y sus personajes despóticos, corruptos y totalitarios. La sección final aborda la recepción de su trabajo en Cataluña. Jarry abandono pronto su Bretaña natal para instalarse en París, donde el simbolismo dominaba la escena artística. Allí se relacionó con poetas simbolistas como Léon Paul Fargue, asistió a los cursos de Henri Bergson en la Sorbona y colaboró con revistas como La Revue Blanche y Le Mercure de France. A los 23 años creó su obra más conocida Ubu roi (1896), una sátira feroz y grotesca contra la burguesía que revolucionó el teatro y se considera el punto de partida del teatro del absurdo. El texto nació a partir de una imagen, una caricatura que Jarry hizo de su profesor de física del instituto, dibujado como un ser grotesco, personificación del antihéroe tiránico. Estrenada en el Theâtre de l’Œuvre de París en 1896 provocó un gran escándalo: la primera palabra que Ubú pronuncia (un sonoro Merdre!) hizo que la mitad del público abandonara la sala. La admiración que Jarry sentía por los artistas marginales y el arte popular y medieval le inspiraron para crear dos revistas de estampas que se convertirían en sendos referentes estéticos para las vanguardias. En 1894, se publica L’Ymagier, en la que las imágenes contemporáneas de Gauguin, Rousseau y Filiger cohabitan con las estampas populares de Épinal, las obras de Durero o xilografías exóticas de Indochina. Explicando su ideal de belleza diría: «Es frecuente llamar “monstruo” al acuerdo inusual de elementos disonantes: el Centauro y la Quimera se definen así para quienes no entienden. Yo llamo monstruo a toda original e inagotable belleza.» Tras la muerte de Jarry, a los treinta y cuatro años a causa de la tuberculosis, la figura de Ubú gozó de un reconocimiento considerable, sobre todo en la esfera de las artes visuales. Ambroise Vollard fue el primero en ofrecer su versión del personaje y confió la tarea de ilustrar su propia gesta ubuesca, titulada Réincarnations du Père Ubu, a Pierre Bonnard y más tarde a Jean Puy y Georges Rouault. En realidad, todo lo que se denominaba «el espíritu moderno» se vio afectado. Mucho antes del surgimiento del futurismo, Marinetti conocía y apreciaba la obra de Jarry, con quien había coincidido en la redacción de La Revue blanche. La admiración de los surrealistas por Jarry no cesó en ningún momento. El dramaturgo fue un auténtico precursor de su revolución. Jarry vivió su personaje hasta confundirse con él, convirtiendo la literatura en una aventura vital y estética. [Henri Rousseau, La Guerre, publicado en L’Ymagier, n.º 1]. Hasta el 5 de abril. Museu Picasso Barcelona. Museupicassobcn.cat












