• Yayoi Kusama ya es infinita

    Lo que el Museo Stedelijk de Ámsterdam había concebido como una histórica retrospectiva dedicada a Yayoi Kusama (1929-2026) se ha convertido, tras el fallecimiento de la artista en agosto a los 97 de edad, en un tributo póstumo. Pionera del pop y el minimalismo, su obra es mundialmente reconocida por sus lunares, calabazas y caleidoscópicas instalaciones, en las que las fronteras entre el individuo, el entorno y el infinito parecen disolverse. Esta muestra recorre sus siete décadas a carrera en las que se expresó a través de la pintura, la escultura, el dibujo, la instalación, el collage, los happenings y hasta la moda. Nacida en el seno de una familia acomodada dedicada al negocio de venta de semillas al por mayor, era la menor de cuatro hermanos. Su vocación artística afloró en la adolescencia, una ambición inusual para una mujer en el conservador Japón de la posguerra. En 1948, a pesar de las objeciones de sus padres, se matriculó en la escuela de arte de Kioto donde estudió pintura nihonga, un estilo que fusionaba tradiciones niponas y occidentales. En 1958 se mudó a Nueva York donde debutó con grandes cuadros abstractos, a los que bautizó como Infinite Nets. Estas pinturas llamaron la atención de críticos como Donald Judd, que adquirió uno de ellos, y se convirtió en uno de sus primeros valedores.

    Sus performances y happenings tampoco dejaban indiferente. En rechazo a la guerra de Vietnam, llevó a cabo diversas acciones en lugares estratégicos de la ciudad -en Wall Street, en la Estatua de la Libertad y en el puente de Brooklyn- acompañada de un grupo de voluntarios que se desnudaban y posaban mientras ella pintaba sus cuerpos desnudos con lunares, a los que a veces atribuía propiedades mágicas. Muchos de estos símbolos tenían su origen en las alucinaciones que la habían acompañado toda su vida. “Hago arte para corregir la discapacidad que comenzó en mi infancia”, confesó. La calabaza ocupaba también un lugar central en su imaginario. Además de dibujarlas y pintarlas, produjo pequeñas esculturas de papel maché o cerámica y también algunas de gran formato en plástico con fibra de vidrio. El origen de su obsesión por esta fruta tal vez estaba en el vivero de sus padres. “Me encantaba la forma encantadora y cautivadora de la calabaza. Lo que más me atraía era su generosa sencillez. Eso y su sólido equilibrio espiritual.»

    Calabaza © Yayoi Kusama

    En 1966, sin que mediara una invitación oficial, presentó en la Bienal de Venecia Jardín de Narciso, una instalación de 1.200 bolas de acero inoxidable que desde lejos parecían gotas de rocío gigantes. La artista se tumbaba entre las bolas plateadas (que vendió después a 2 dólares cada una) mientras saludaba a los visitantes haciendo caso omiso a las advertencias de las autoridades de que desalojara el espacio. 1973 fue el año de su retorno definitivo a Japón. Empezó a hacer collages inspirados en los de Joseph Cornell, con quien había mantenido una intensa relación platónica, y también se lanzó a escribir, publicando una docena de novelas. El éxito profesional, sin embargo, no vino acompañado de la estabilidad mental, y la gravedad de sus ataques de pánico y alucinaciones la llevó a internarse voluntariamente en el hospital psiquiátrico Seiwa, que sería su hogar hasta el final de su vida. En los últimos años, su carrera experimentó un auge insólito hasta convertirla en un fenómeno cultural. Marcas como Louis Vuitton le dedicaron colecciones, mientras que sus exposiciones convocaban a millones de visitantes. En 2014 se convirtió en la artista viva más cara del mundo en subasta tras vender en Christie’s una de sus pinturas Infinity Net por más de 7 millones de dólares.

    Tras conocer la noticia de la desaparición de Kusama, Rein Wolfs, director del Stedelijk Museum de Ámsterdam, declaró: “Su fallecimiento es una noticia profundamente triste. Su arte habla a personas de todo el mundo y trasciende generaciones, culturas y fronteras. En su obra, la distinción entre tú mismo y el mundo que te rodea se disuelve: te conviertes en parte de algo más grande que tu propio ser.» Por su parte, Leontine Coelewij, comisaria de la exposición, manifestó: «Ha sido un gran honor crear esta exposición en estrecha colaboración con la artista y su estudio. El hecho de que ella siguiera trabajando sin descanso creando nuevas obras hasta el final de su vida es un testimonio de su extraordinaria fuerza artística.” [Hasta el 17 de enero. Stedelijk Museum, Ámsterdam. Stedelijk.nl]

    Yayoi Kusama en Yellow Tree / Living Room durante la Trienal de Aichi 2010 © Yayoi Kusama. Cortesía Ota Fine Arts y David Zwirner
  • Portada

     

  • Azkuna

  • Mubav

  • Parcours

  • Tickets Malaga

  • San Telmo

  • Ibercaja

  • Maca

  • Carmen Thyssen Archipielago

  • Jesus Vico

  • Bilbao curso

  • Azkuna Glenda

  • Suscripción