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Inicio » Mercado » Místico Botticelli

Justo cuando se cumple un año desde que Joven sosteniendo un medallón estableciera un récord mundial al adjudicarse por 76 millones de euros, Sandro Botticelli (1445-1510) vuelve a agitar las aguas del mercado con Varón de Dolores, que podría superar mañana los 35 millones de euros en la sede neoyorkina de Sotheby’s . Las obras del florentino siguen siendo insólitas en las subastas, pero sus creaciones tardías muy rara vez salen a pujas, de hecho se tiene constancia de que sólo otras tres pinturas de este periodo (posteriores a 1492) se conservan en manos privadas.

Representativo de su carrera tardía, este cuadro ilustra los cambios en el estilo y los temas de Botticelli. A diferencia de sus poéticas escenas mitológicas como Nacimiento de Venus y La Primavera de la década anterior, la producción de 1490 en adelante tiene un tono austero y de naturaleza espiritual. Este giro estilístico vino probablemente motivado por el cambiante clima político y religioso que se respiraba en la Florencia de la época. En 1494 la ciudad fue invadida por ejércitos extranjeros, la familia Medici fue expulsada, y los temores a un apocalipsis por la llegada del año 1500 fueron alimentados por el fanático fraile dominico Girolamo Savonarola (1452-1498). Nombrado Prior de San Marco, el convento protegido por los Medici, Savonarola se convirtió en un personaje poderoso con un enorme tirón popular. Predicador carismático, arremetió contra el pecado y la iniquidad del pueblo, declaró a Florencia una nueva Jerusalén, exigió que sus ciudadanos se purgaran del pecado e instigó la Hoguera de las Vanidades, en la que se quemaron objetos de lujo, ropa y pinturas consideradas idólatras. Según Giorgio Vasari, el propio Botticelli se sintió tan persuadido por los sermones que entregó a las llamas varias de sus propias pinturas sintiendo que eran impuras. Finalmente, la Signoria – el consejo de gobierno de Florencia– arrestó a Savonarola, lo juzgó y le hizo confesar ser un falso profeta. El 28 de mayo de 1498 fue ahorcado y quemado como hereje en la Piazza della Signoria. Aunque Vasari escribió que Botticelli no volvería a pintar después de la muerte del mesiánico líder no es cierto. De lo que no cabe duda es de que las doctrinas del enloquecido monje tuvieron un efecto directo en su arte.