• Paolo
  • La segunda vida de Tracey Emin

    “Lo más hermoso es la honestidad, incluso cuando nos hace daño mirarla”, sostiene Tracey Emin, una artista que habla sin filtros del amor, el deseo, la pérdida y el dolor. Este mes la Tate Modern inaugura la mayor retrospectiva organizada hasta la fecha de la controvertida creadora británica en la que se condensan sus 40 años de carrera. Titulada A Second Life recorre los acontecimientos clave que han marcado su trayectoria a través de más de 90 obras, entre pinturas, vídeos, textiles, neones, esculturas e instalaciones. Emin, a quien el arte ha ayudado a lidiar con sus traumas, ha producido una obra autobiográfica y sin concesiones. “Me di cuenta muy pronto de que yo era mi propia obra. Siempre digo que cuando me muera mi obra no va a ser ni la mitad de buena”, ha dicho con ironía. Nacida en 1963, hasta los siete años vivió en Margate, una turística localidad costera inglesa, en un hotel propiedad de su padre, un empresario de origen turco-chipriota, junto a su madre y su hermano gemelo Paul. En sus creaciones podemos seguir los giros de su vida personal. El descubrimiento de la doble vida de su progenitor en su niñez, una violación a los 13 años y un aborto a los 18 son vivencias con eco en su obra.  De todo ello ha dejado también constancia por escrito en el libro Strangeland (editado en España por Alpha Decay), descritas como “unas memorias bañadas en alcohol y recubiertas de dinero, sexo y escándalo”, pero que al mismo tiempo revelan un alma cándida y sensible. En una de las frases de este diario íntimo confiesa: “Aquí estoy: una bella mujer loca, jodida, anoréxica, alcohólica y sin hijos. Jamás soñé que las cosas sucederían así”. Alumna del Royal College of Art, en la década de los 90 su nombre se asoció al grupo de los Young British Artists (YBA), liderados por Damien Hirst, y promovidos por el mecenas y publicista Charles Saatchi. También en aquella época abrió una tienda, con su amiga y colega Sarah Lucas, llamada The Shop, en la que comercializaban sus obras, desde camisetas con lemas como Complete Arsehole o Fucking Useless a ceniceros con imágenes de la cara de Damien Hirst. Captó la atención del mundo del arte por primera vez con la instalación Everyone I Ever Slept With que presentó en la primera exposición de los YBA. Era una tienda de campaña con los nombres de todas las personas con las que la artista había «dormido» cosidas en las paredes. Emin jugó con la ambivalencia del verbo «dormir» e incluyó también en la lista a miembros de su familia y los fetos de sus abortos. La obra fue propiedad de Charles Saatchi y se destruyó en 2004 en un incendio en su museo… [Foto: Tracey Emin junto a una de sus esculturas. Foto © Empics Entertainment / Cordon Press]

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