El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta la primera gran retrospectiva en España dedicada a Vilhelm Hammershøi (1864-1916). A través de noventa óleos y dibujos del artista y de algunos de sus contemporáneos, ofrece una completa visión de la obra de este pintor que creó poco más de 400 piezas en sus 51 años de vida. Considerado como uno de los artistas daneses más destacados de finales del siglo XIX y principios del XX, tras la irrupción y consolidación de los movimientos de vanguardia cayó progresivamente en el olvido. Desde la década de 1980 varias exposiciones dentro y fuera de Dinamarca lo han acercado a un público que, en España, sólo habían podido verlo en contadas ocasiones. La ambigüedad de sus cuadros mantiene abiertas múltiples vías de interpretación que en las últimas décadas se han enriquecido gracias a la búsqueda de conexiones con otros artistas europeos y a la contextualización con sus contemporáneos daneses. El subtítulo de la muestra, “el ojo que escucha”, remite a la relación metafórica entre su pintura, el silencio, la aparente calma que transmite, y el interés del artista por la música.
Hammershøi encontró pronto los motivos y la paleta que caracterizan toda su trayectoria. Tras su formación académica y sus estudios en las Frie Studieskoler (Escuelas de Estudios Libres), a comienzos de la década de 1880 pinta los primeros paisajes y figuras. Las obras que presenta a los salones oficiales de la Academia danesa encuentran detractores entre el jurado, pero también defensores, a quienes se une para fundar un salón independiente, la Frie Udstilling en 1891, donde expone algunas de las obras que se presentan en esta sala. Entre ellas destacan Retrato de Ida Ilsted, futura mujer del artista (1890) y Tarde en el salón. La madre y la mujer del artista (1891), con figuras ensimismadas y cabizbajas, en entornos austeros y tonos blancos, grises, marrones y negros. Sus lienzos de este periodo se aproximan al simbolismo y al esteticismo de Whistler, cuya obra conoció a través de los grabados en revistas de arte y de la exposición universal de París de 1889, donde ambos artistas estuvieron representados.
Los retratos suponen la cuarta parte de la obra de Hammershøi y permiten reconstruir su círculo más próximo. En él ocupan un lugar destacado los artistas y músicos de los que se rodea, que le encargan obras o posan para él. La interpretación de un instrumento, el recuerdo de un concierto, la escucha o la espera se convierten en motivos habituales durante el siglo XIX, que en ocasiones explican el carácter introspectivo de los retratados por Hammershøi, como ocurre con El violonchelista. Retrato de Henry Bramsen. Con el uso de fondos neutros y la eliminación de elementos que insinúen una narrativa, el artista evita las distracciones para presentar imágenes suspendidas en el tiempo. Tres mujeres jóvenes (1895) muestra a Ida y sus cuñadas, unidas por Anna, la hermana del artista, que lee un libro.
El género que más éxito procuró a Hammershøi se presenta en dos grupos: interiores con figuras e interiores vacíos. En ambos conjuntos muestra las estancias de sus casas, que funcionaron también como estudio y fueron su tema predilecto. Entre 1898 y 1909 vivió en el número 30 de la calle Strandgade, en Copenhague, donde realizó más de 60 pinturas. Algunas cuentan con figuras de mujeres, a menudo de espaldas, leyendo o realizando tareas del hogar, como Interior, mujer vista de espaldas (h. 1904). Pero en un gran número de obras omite por completo la presencia de figuras. En 1907 el artista explicó: “El primer interior que pinté, si no me equivoco fue en la casa de Karl Madsen […] En cualquier caso fue el primer cuarto vacío que pinté. Siempre he pensado que había mucha belleza en un cuarto así, aunque no hubiese gente en él, quizás precisamente porque no había nadie”. Estas habitaciones vacías son a menudo variaciones de una misma vista, en la que Hammershøi modifica la ubicación de muebles o el ángulo de apertura de las puertas. En Rayos de sol o luz del sol. Motas de polvo bailando en los rayos de sol. Strandgade 30 (1900), Hammershøi enfrenta al espectador a una puerta cerrada y una ventana que no permite ver el exterior. La luz que entra a través de ella se proyecta en el suelo y las motas de polvo parecen cobrar vida
En 1908, tras abandonar el apartamento en Strandgade 30, Hammershøi retoma el estudio de la figura humana en grandes formatos a través de desnudos a tamaño natural en depurados y fríos marcos arquitectónicos o en composiciones íntimas, donde explora una representación más dinámica del cuerpo. Y después de casi quince años sin autorretratarse, en 1911 aborda su condición de pintor y se pinta pincel en mano, mirando al espectador. Con sus pinturas de esta época también se apropiará del apartamento en Strandgade 25, que ocupa desde 1913 hasta su muerte en 1916. [Foto: Vilhelm Hammershøi, Interior con mujer al piano, Strandgade 30. Colección privada. Foto © Bruno Lopes]. Del 17 de febrero al 31 de mayo. Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid. Museothyssen.org







