Nacido en Nueva York, Robert Mnuchin (1933-2025) se graduó en la Universidad de Yale y posteriormente sirvió en el Ejército de los Estados Unidos. En 1957, se unió a la banca Goldman Sachs y en el transcurso de las tres décadas siguientes ascendió hasta la cúpula de la empresa hasta convertirse en su director. Su interés por el arte, que contagió a su esposa Adriana, comenzó visitando museos y galerías. En el camino, fueron perfilando sus gustos y su atracción por la abstracción, relacionándose con artistas como Willem de Kooning -a quien solían visitar en su estudio de Springs- Mark Rothko o Franz Kline. La filosofía de la pareja era sencilla: adquirir las obras que les enamoraban y con las que querían vivir. “Me encanta estar cerca del arte… Realmente pienso que tengo corazón de coleccionista» declaró. A los 56 años abandonó Wall Street y el mundo de las finanzas para consagrarse en cuerpo y alma al arte. Y no sólo como coleccionista sino también como galerista. A principios de la década de 1990, los Mnuchin reconvirtieron parte de su residencia en Manhattan en una galería llamada C&M Arts, en colaboración con James Corcoran, un marchante de la costa oeste. Más tarde se asociarían con Dominique Lévy en otro espacio, L&M Arts, que en 2013 fue rebautizado como Mnuchin Gallery. Su presencia en las subastas no solía pasar desapercibida. Era conocido por hacer sus pujas con voz tronante. “Adoro ir a las subastas”, admitía, “y a los demás presentes en la sala también, de lo contrario harían sus ofertas por teléfono.” “Mis padres entendían el coleccionismo como un modo de vida apasionado y casi obsesivo. Solo compraban lo que amaban. Tendían hacia pinturas complejas y rigurosas que involucraban al espectador. Buscaban pinturas de clase «A», como las llamaban, obras que representaban el el culmen del artista”, ha recordado su hija, Valerie Mnuchin.
El 14 de mayo, Sotheby’s ofrece 11 obras de la Colección Mnuchin valoradas en 110 millones de euros. El conjunto está encabezado por dos lienzos monumentales de Mark Rothko: la vívida composición en amarillo y naranja No. 1, preciada entre 10 y 15 millones de euros, y Brown and Blacks in Reds, tasada entre 60 y 90 millones de euros [en imagen]; ésta última fue ejecutada en 1957, década crucial para el artista, cuando desarrolló sus características bandas rectangulares de color. Adquirida en su día por la compañía Joseph E. Seagram & Sons, probablemente su paleta influyó en la conceptualización del mural Seagram que realizaría en los años siguientes.








