Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia, personalizar y analizar tu navegación, mostrar publicidad y anuncios basados en tus intereses
Si sigues navegando, consideramos que
Para obtener más información entra en la sección de Política de cookies

Inicio » Mercado » Un Bosco inédito en España

El anticuario Nicolás Cortés presenta en su galería madrileña un dibujo original de El Bosco (c.1450-1516), uno de los autores más enigmáticos y originales de la historia del arte, que fue descubierto en 2003 y autentificado en 2015 como obra autógrafa del genial holandés por el Bosch Research and Conservation Project (BRCP). Inédito en España, se trata del dibujo más importante conocido de Hyeronimus Bosch y el que incorpora mayor riqueza de detalles en su composición, una críptica escena ambientada en el inframundo. El artista elabora una perturbadora visión de la gran maquinaria del Infierno y sus ejércitos. Monstruos espeluznantes acechan, esperando a la Humanidad que camina inexorablemente hacia su destrucción en el Fin de los Tiempos. Sirviéndose de una fina pluma de cuervo y su inigualable talento como dibujante, el artista consigue aterrorizar al espectador con una ilustración que ha llegado a nuestros días en un admirable estado de conservación. Ya es motivo de asombro el que la tinta no se haya desvanecido al cabo de 530 años.

Se trata de la primera obra autógrafa del genio deS’Hertogenbosch que sale al mercado en 135 años, y posiblemente la más antigua conocida pues es previa al Jardín de las Delicias (1495-1505). Los periplos de este dibujo, que permaneció en la oscuridad durante más de tres siglos, nos llevan a Italia, adonde viajó desde Den Bosch acompañando a Jan Brueghel el Viejo (1568-1625), y parece plausible que estuviera en posesión del artista en Roma, antes del verano de 1593. Sin embargo, no hay ninguna mención a este dibujo tras la muerte de su artífice en 1516. No es difícil de entender por qué quienes estudiaron y vendieron el arte producido en los Países Bajos y Flandes en aquella época se olvidaron de su existencia, así como de la del  propio pintor. La razón es tan sencilla como el cambio en los gustos que se decantaron por los nuevos artistas influidos por las innovaciones que llegaban de Italia. Por ejemplo, hacia 1600, había pocos coleccionistas interesados por las obras de finales de la Edad Media pues éstas eran consideradas ‘góticas’ y bárbaras, una triste herencia de la Edad Oscura que había destruido Roma, su Imperio y su legado. El Renacimiento y más tarde el Barroco – tan poderosamente influenciado por el arte italiano- era la expresión artística dominante. Por lo tanto, es comprensible que un dibujo que encarnaba tan nítidamente el pensamiento medieval, estuviera condenado a languidecer en el olvido.  [Hasta el 22 de marzo. Nicolás Cortés Gallery, Madrid]