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Inicio » Entrevista » Clásico, actual, eterno

El museo de Christian Levett recorre cinco mil años de historia del arte.

La pintoresca ciudad de Mougins, en la Costa Azul francesa, esconde en el corazón de su casco histórico una agradable sorpresa para los amantes del arte: el Museo de Arte Clásico de Mougins (MACM), que abrió sus puertas en 2011. Este museo privado alberga una excepcional colección de 700 obras antiguas, neoclásicas, modernas y contemporáneas y es la culminación del sueño de su fundador, Christian Levett, propietario de la compañía de inversiones Clive Capital. En 2008 Levett decidió abrir un museo en la ciudad francesa, donde ya tenía una residencia, una edificación medieval completamente restaurada, para exhibir al público parte de su colección. La responsabilidad de dirigirlo recayó en el experto Mark Merrony, editor de la prestigiosa revista Minerva.

Christian Levett junto a una escultura de Anthony Gormley.

La sorprendente yuxtaposición de piezas antiguas, modernas y contemporáneas brinda un auténtico placer para la mirada. Una exuberante Venus romana está flanqueada por una Venus de Milo surrealista, con un cuello de jirafa, firmada por Salvador Dalí, y una hipnótica Venus azul de Yves Klein, completa la escena El nacimiento de Venus de Andy Warhol. En otra sala se exhiben relieves funerarios egipcios y un sarcófago pintado junto a coloristas pirámides de Alexander Calder y una esfinge de Cocteau.

Las obras expuestas plasman la influencia que el arte clásico ejerció en artistas como Peter Paul Rubens, de quien se muestran sus retratos del siglo XVII de emperadores romanos; estas raíces clásicas son evidentes también en el escultor británico Anthony Gormley, presente en la colección con dos figuras masculinas de hierro fundido que evocan el mito griego de Narciso. La familia Levett ha vivido en el sur de Francia desde 1995, y poseían una casa en Mougins. En el verano de 2008 empezaron a madurar la idea de abrir un museo en esta bonita villa costera. El museo se erigió cerca de los yacimientos grecorromanos de Niza y Antibes, que son visitados cada año por miles de turistas. Mougins tiene profundos vínculos con el mundo del arte -Picasso, Léger, Cocteau y Man Ray vivieron allí en algún momento de sus vidas, mientras que Marc Chagall, Raoul Dufy, Henri Matisse y Amedeo Modigliani trabajaron en sus inmediaciones. Todos ellos están presentes en la Colección Levett junto a obras maestras de grandes escultores de la antigüedad. Mougins, ubicada en la Costa Azul, es también famosa por sus espectaculares vistas sobre Cannes, el bosque de Valmasque, las Islas Lérins y los Alpes, por no hablar de su gastronomía, hoteles de lujo y la belleza del viejo pueblo, cuyo plano desde el cielo recuerda a un caracol. Está también cerca del Museo Fragonard y de las perfumerías de Grasse, la Fundación Maeght en St Paul de Vence, el Museo Picasso de Antibes y el Museo Matisse de Niza.

Usted empezó coleccionando monedas, ¿qué le llevó a coleccionar antigüedades clásicas?
Cuando tenía 7 años uno de mis pasatiempos favoritos era coleccionar monedas inglesas georgianas y victorianas porque eran baratas. A los veintitantos años empecé a comprar monedas romanas y griegas pues siempre me había interesado la historia de Grecia y Roma. No fui consciente hasta hace unos doce años de que existía un mercado de las antigüedades donde adquirir armas antiguas, bustos romanos o sarcófagos egipcios. Hasta entonces pensaba que cosas de esta envergadura e importancia, únicamente estaban en los museos. Pero entonces llegaron a mis manos algunos catálogos de las ventas de arte clásico de Bonhams y Christie’s y no podía creer lo que veían mis ojos. Mis primeras adquisiciones fueron un casco en bronce del siglo V a.C de Iliria y una máscara egipcia en cartón del periodo ptolemaico.

Sus intereses son muy amplios, desde los relieves egipcios a grandes obras de Rubens y Picasso. ¿Tiene una temática preferida? ¿Cómo le conquistan las obras de arte?
Aunque las antigüedades son mi principal campo de interés, también tengo colecciones dedicadas a la pintura de maestros antiguos, el arte contemporáneo (soy socio de la galería de arte Vigo de Mayfair) y los libros de historia natural ilustrados a mano. Una obra de arte me puede cautivar por varios factores, pero los esenciales serían su belleza, calidad, condición e importancia histórica. Cuando descubro algo que me gusta o que pienso que tiene relevancia histórica o académica, entonces valoro su condición y procedencia y, por último, el precio.

Usted posee trabajos de maestros españoles como Picasso y Dalí. ¿Tiene también antigüedades clásicas de España?
En realidad no tengo demasiadas piezas en la colección de antigüedades que sepamos proceden de España, pero mi colección está conectada con la historia del arte española de forma más amplia. Como bien dice, poseo obras de Picasso y Dalí en el museo para reflejar cómo inspiró el arte clásico a estos artistas en algunos momentos de su carrera. También me gusta El Greco, de quien poseo una Crucifixión.

¿Recuerda cuál fue su primera ‘gran’ adquisición? ¿Ha pasado alguna noche en vela antes de una compra?
¡Ninguna compra me quitaría nunca el sueño! [dice riéndose] Nunca he comprado nada que no pudiera permitirme, de hecho sólo he pagado en una ocasión lo que considero un precio de mercado justo. Jamás entro en una disputa entre dos interesados, en una subasta, por ejemplo. Mi primera ‘gran’ adquisición fue una cómoda veneciana del siglo XVIII que me costó más de 10.000 libras y que compré para mi apartamento. Fue un gran negocio, yo tenía 27 años. Y aún recuerdo la primera vez que pagué un millón de dólares por una pieza. ¡Me dieron palpitaciones!. Era una cabeza de Apolo romana en bronce dorado que ahora se expone en el Museo de Mougins. Desde entonces, he vuelto a superar este límite en varias ocasiones, tanto para adquirir antigüedades como cuadros de maestros antiguos.

¿Hay alguna obra de arte que tenga un significado especial para usted?
Siempre me ha gustado leer novelas sobre antiguas batallas y me maravillaba estudiar la forma en que los imperios antiguos se formaron y prolongaron en el tiempo. Con el transcurso de los años me he ido centrando como coleccionista en el campo de las armaduras y armas antiguas. Poseo la colección de armaduras antiguas más importante del mundo que se expone casi toda en el Museo de Mougins. La tercera planta del museo es una armería en la que se exhiben cascos, armaduras, espadas y todo tipo de armas antiguas.

¿De qué pieza no se separaría nunca?
¡De todas ellas! [se ríe]. Adoro, literalmente, todas y cada una de las obras. Para que desee comprarla, la pieza debe enamorarme, ya sea por su belleza, importancia histórica o porque encaja en el discurso de la colección. Naturalmente siempre hay piezas que te impactan más que otras. De la colección del museo, por ejemplo, mis favoritas son una placa pectoral griega, que tiene una inscripción, ‘Para Atenea, botín del enemigo’. Mi casco favorito es uno de caballería romano, es espectacular y está rematado por un águila; actualmente está en préstamo en un museo de Brunswick, Alemania (debo incidir en que somos prestatarios habituales). Uno de mis mármoles predilectos es una estatua de 1,80 cm de Domitila, la esposa de Domiciano, que es representada como la diosa Démeter y también la urna ‘Crowe Hall’ que es una magnífica urna romana de mármol, que fue grabada por Piranesi, y que recientemente fue rescatada por Christie’s después de que en los años 70 la hubieran transformado en una lámpara eléctrica.

¿Cómo se le ocurre abrir su propio museo de arte clásico en Mougins?
Una vez que me sumergí en el coleccionismo de antigüedades, me apasioné de tal forma que ya no pude parar. Me pareció asombroso que uno pudiera adquirir cosas tan increíbles. Acabé almacenando tantos objetos, que la única salida honrosa que me quedaba era la de mostrarlos al público, más que tenerlos escondidos. Y eso es lo que hice.

¿Recuerda alguna anécdota especial como coleccionista?
El año pasado compré en una subasta benéfica un cuadro de un artista muy amigo mío, Marc Quinn; diez minutos más tarde se me acercó un tipo para contarme que deseaba desesperadamente el cuadro, pero que por desgracia la puja le había pillado mientras estaba en el baño. Como sonaba muy divertido y dado que era una subasta benéfica le dije que se lo entregaría si ofrecía un 15 % más y donaba la cantidad íntegra a la caridad. Él se apresuró a aceptar encantado. ¡Fue una anécdota muy divertida!.

¿Qué obra de arte desearía poseer?
El yelmo Crosby Garret, pero su precio subió en Christie’s mucho más de lo que yo tenía previsto pagar. El Altar de Pérgamo, aunque es un poquito grande para mí [bromea], La dama del armiño de Leonardo da Vinci o La Adoración de los Reyes Magos de Botticelli. ¿Sabía que la figura de la esquina superior derecha es un autorretrato?. ¡Adoro las pinturas del Renacimiento italiano!.

V. García-Osuna
Imágenes © Musée d’Art Classique de Mougins
www.mouginsmusee.com