Alberto Cruz es un coleccionista con una misión: poner en el mapa el arte caribeño y dar voz a generaciones de artistas excluidos de las narrativas oficiales. Más allá de sus playas paradisíacas, su país, República Dominicana, tiene un rico acervo artístico. Nombres como los de Jaime Colson, que fue alumno de Sorolla y se relacionó con Picasso y Dalí, o el de Firelei Báez, cuyas pinturas alcanzan hoy precios millonarios en subasta, encarnan la diversidad y calidad de la creación surgida en esta isla. Pero el compromiso de Cruz, presidente de la banca de inversión Excel, no se limita al arte de la isla y su diáspora (más de un millón de dominicanos viven en Estados Unidos) sino que incluye a toda la región. Con el fin de que “el arte caribeño tenga el protagonismo que merece en la escena internacional”, la Fundación Alberto Cruz promueve exposiciones, así como la publicación de ensayos y estudios críticos. Él fue un coleccionista precoz, de adolescente reservaba parte de su sueldo para comprar una obra al mes, y hoy sus fondos superan el millar de piezas. Miembro de la Fundación Museo Reina Sofía y del Círculo Latinoamericano del Guggenheim, reconoce que el arte también ha sido un refugio frente a los desafíos de la vida.
¿Cómo llega el arte a su vida? Desde niño me recuerdo rodeado de arte pero fue con 14 años cuando viví una experiencia transformadora. Mi padre colgó en casa unas obras que le había regalado un artista dominicano que en esos momentos estaba estudiando precisamente en España, en la Escuela de San Fernando. Recuerdo pasar largos ratos contemplándolas; me producían una sensación difícil de explicar, pero muy poderosa. Fue la primera vez que sentí que el arte podía acompañar la vida cotidiana. Una de ellas era una pintura realizada sobre la madera de una caoba centenaria y me llamó tanto la atención que no pude evitar tocarla e involuntariamente dejé la huella de mi dedo. Durante meses temí confesárselo a mi padre, pero cuando finalmente lo hice, él me tranquilizó y me dijo que esa obra sería para mí. Y con ella, podríamos decir, empecé mi colección. A los 17 años ya trabajaba y me compraba cada mes una pieza. Nunca he comprado para vender, así que llevo décadas acumulando arte.
¿Cuántas obras ha reunido? Mi colección consta de más de un millar que he reunido a lo largo de varias décadas. La última ha sido una pintura de gran formato de la artista dominicana Hulda Guzmán.
¿Qué criterios ha seguido? Siempre he sentido una gran curiosidad por entender lo que trata de comunicar el artista y el proceso que hay detrás de la obra. He estado muy orientado a investigar, a profundizar en todo lo relacionado con el autor y su contexto.
Su colección recorre la historia del arte dominicano desde el siglo XIX hasta la actualidad, pero también engloba la diáspora, el Caribe, y Latinoamérica. En los inicios mi foco eran los artistas en activo pero fui paulatinamente incorporando figuras históricas. A partir de ahí, de forma natural, comencé a interesarme también por autores latinoamericanos e internacionales.
¿Qué distingue al arte dominicano? Creo que el color, la luz. De hecho, hay artistas extranjeros que se han establecido en República Dominicana y cuando comparas la obra que hacían en sus países de origen y la que producen tras instalarse aquí notas un cambio radical. De alguna manera incorporan la luz y el sol en sus creaciones.
¿Qué le impulsa a compartir su colección? Hubo un punto de inflexión en mi relación con el arte a partir de mi vínculo con el artista Domingo Liz. A partir de esa experiencia mi manera de coleccionar cambió y adquirió una conciencia cada vez más filantrópica, orientada a compartir conocimiento y generar documentación. En los años 80 Liz tuvo buena acogida internacional, expuso con Matta y con Botero, su obra se subastó en Christie’s, pero el mercado no respondió, así que, en los 90, se retiró del mercado de arte. Es decir, seguía pintando, esculpiendo, y era profesor universitario, pero decidió no vender más. Yo le conocí en 2001 y le animé a producir, y me alegra decir que en la última etapa de su carrera creó obras realmente significativas. Pienso que ha sido una de las cosas más importantes que yo he hecho en el arte y cuando él fallece, cambié mi forma de ver el arte.
¿En qué sentido? Me volví más filántropo que coleccionista. Es decir, empecé a comprar no para mí, sino pensando en esa gente que cuando veía mi pasión al hablar del arte me decía “me gustaría saber más”. Lamentablemente la falta de documentación sobre la historia del arte dominicano es un lastre. De ahí que nosotros nos hayamos implicado en hacer publicaciones para darle al público esas referencias. Así, comenzamos a apoyar a los artistas de otra forma. Adquiriendo sus obras pensando no en poseer sino en compartir, en difundir y en mostrar a los demás.
¿Cómo ve el mercado del arte latinoamericano? Ha crecido, pero aún se enfrenta a desafíos estructurales. Nos falta visibilidad. Como decía antes, el arte caribeño es literalmente ignorado. Afortunadamente se percibe una tendencia nueva de apertura y los museos están incorporando cosas que habían sido soslayadas. Pero aún nos falta institucionalidad y lectura crítica. Me preocupa que el mercado a veces se adelanta un poco a la historia. Por eso insisto tanto en el trabajo curatorial, esa labor de investigación es lo que le da fuerza a la obra y es un contrapeso necesario al mercado. Además, es lo que ayudará a que este mercado, aún infravalorado, crezca y se consolide.
Usted es miembro de la Fundación Museo Reina Sofía y del Círculo Latinoamericano del Guggenheim. Las colaboraciones institucionales son fundamentales para mí, porque permiten que las obras y los discursos trasciendan lo individual. Mi relación con instituciones como el Reina Sofía o el Círculo Latinoamericano del Guggenheim responde a una misión compartida: la de ampliar los relatos del arte contemporáneo. Tenemos que integrar voces que históricamente han quedado en los márgenes. Ayudar a que artistas de la región entren en esos museos es una de mis motivaciones principales… [Vanessa García-Osuna. Foto: Alfredo Arias]









