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    El allegro continuo de Manolo Valdés

    Manolo Valdés (Valencia, 1942) estudió Bellas Artes, pero realmente empezó a descubrir el arte en París; allí se encontró con Soulages, que cogía un bote de pintura negra, la volcaba y la movía con un palo; con Klein embadurnaba mujeres de azul; y también con Rauschenberg, que había hecho un cuadro con un águila disecada, y le sorprendió que a él le estuvieran enseñando a pintar con pincel. En la capital francesa descubrió que el arte es un acto de libertad. De vuelta a España, en 1965, cofundó Equipo Crónica, grupo que manifestó su compromiso político antifranquista con estética pop. Ya en solitario, a partir de 1981, desarrolló un estilo propio con apropiacionismo de iconos de obras clave de la historia del arte, tratando de encontrar una forma nueva de hablar de la misma imagen, entre ellas, personajes velazqueños (reinas, infantas y meninas) o las odaliscas de Matisse. La sede madrileña de Opera Gallery presenta hasta el 13 de abril Allegro, compuesta por más de 40 piezas, entre esculturas y pinturas, en lo que supone su presentación en la capital después de diez años desde su última individual, siete desde la que tuvo en Barcelona y casi veinte desde su gran retrospectiva en el Museo Reina Sofía.

    Expone en la sede madrileña de Opera Gallery, ¿qué supone esta muestra para usted? Bueno, es la de un artista mayor, que ya lleva años en esto y, desde mi punto de vista, ha sido un poco caprichosa, en el sentido en que escoges cosas que te gustan a ti sin pensar en ninguna estrategia. Y la verdad es que me ha sorprendido encontrarme con algunas cosas antiguas que la galería había elegido para contrastarlas, y me sentí muy bien y muy libre de poder hacer una exposición pensada sobre todo en mis gustos, porque uno siempre acaba mediatizado por las circunstancias.

    Expone en Madrid y, sin embargo, su galería no ha participado en ARCO Sí, es algo de lo que me he quejado, aunque con la boca pequeña, porque ya no me importa mucho, pero es curioso que haya galerías de menor nivel en ARCO y no lo digo porque estén exponiendo, que esto sería una apreciación subjetiva, sino porque es una rareza del mundo del comercio que formen parte del comité de selección galerías que exponen sus cosas y que entran en competencia con otras y deciden quién participa y quién no. Y esta manera de actuar, desde la lejanía y desde la edad, me choca y me pregunto cuáles son los intereses para decidir quién expone. Y la pregunta clave sería cómo la dirección de la feria lo consiente, y cómo puede ser que una galería como Opera no sea admitida. Es como si en una feria de coches, o de lo que sea, una marca impida que se presente otra; es un poco cómico.

    De todas formas usted ya tiene más demanda que capacidad de trabajo, casi ¿no? Tengo bastante trabajo, sí, [sonríe]. Precisamente, el Museo de Singapur y los Emiratos Árabes han comprado esculturas públicas [Opera Gallery tiene sedes en Singapur y en Dubai]. Afortunadamente, vivimos en un momento histórico en que ocurren muchas cosas por todo el mundo. Si miramos al pasado, cuando los artistas estaban tan desprotegidos, que no había trabajo, que no había nada, todo sucedía en el estudio. Allí el artista tiene derecho a hacer lo que quiere, pero cuando sale al mercado es otra cosa. Ahora vivimos un tiempo muy favorable, creo que todos los que estamos en esto, sin excluir a nadie, tenemos más de lo que merecemos; en otra época, yo hubiera podido ser un pintor dominguero, pero la demanda actual, con ferias, subastas y exposiciones, convierte a los artistas en profesionales… [Marga Perera. Foto: Enrique Palacio]

     

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