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  • Carlos González-Barandiarán: conocer para proteger

    Carlos González-Barandiarán es subdirector general de Registros y Documentación del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura. Nació en Bilbao y de la materia sabe, si no todo, que es mucho decir, bastante. Conocedor de mil datos y otras tantas historias se mueve con soltura entre las vitrinas y pasillos del Museo Arqueológico Nacional (MAN). La cita para esta entrevista es allí, en un centro por el que da verdadero placer perderse y tardar en encontrarse, un edificio de una belleza histórica y con una luz capaz de convertir la grisura de un día lluvioso en una fiesta. A principios de año se recuperaron dos esculturas en bronce, fechadas entre los siglos I a. C. y II d. C., que representan a dos niñas de corta edad que juegan mientras persiguen a un par de perdices y que descansan en sus respectivas peanas. “El conjunto es excepcional y nos ha llegado en un perfecto estado de conservación”, comenta González-Barandiarán al tiempo que señala cada detalle de las piezas, los ojos (que conservan su pasta vítrea), el tratamiento del cabello, las finas pestañas de “las niñas”, como las llama para hacerlas aún más cercanas. Se las sabe de memoria. Se exhiben en una vitrina del Patio Romano de la colección permanente del MAN hasta el 25 de octubre. Son un ejemplo de patrimonio recuperado (en 2025 se recuperaron más de 10.000 objetos arqueológicos), de esa herencia de valor incalculable que se transmite de generación en generación con el objeto de mantener viva la identidad de un pueblo. A nosotros nos ha llegado la de nuestros antepasados, que a su vez la recibieron de quienes les precedieron…, y así podríamos seguir ad infinitum. Nosotros, todos, debemos ser capaces de legar lo que llegó a nuestras manos para que la cadena siga. Y de eso habla el subdirector general. De patrimonio, de recuperaciones, de hallazgos casi imposibles, de expolios de película que, por desgracia, fueron reales, y del Inventario online del patrimonio histórico español, conocido como TESELA y que en unos meses estará en marcha. Y del futuro, que es hoy. Con “las niñas” de fondo, que clavan los ojos en quien las mira y que parecen tener ganas de contar su historia, con las bocas entreabiertas y los brazos extendidos, como a punto de dar el paso y dejar su actual casa de cristal vacía.

    Un departamento como el suyo, de nombre tan prolijo, Subdirección General de Registro y Patrimonio Histórico, debe tener unos cometidos bien definidos. Gestionar el patrimonio se antoja, de primeras, una tarea casi titánica. En el año 2020 la antigua Subdirección de Protección del Patrimonio Histórico se dividió debido a que sus competencias eran inmensas para el personal disponible. De ahí surgieron dos subdirecciones, la de Gestión y Coordinación de Bienes Culturales, volcada en el ámbito internacional, convenciones de patrimonio mundial, inmaterial y subacuático, además de expolios de la propia Administración del Estado, y la Subdirección General de Registro y Documentación del Patrimonio Histórico, que abarca tres áreas muy distintas. La primera es una rareza en el Ministerio de Cultura: la gestión de los registros taurinos. Si quieres ser torero, necesitas un carné expedido por el Estado; es una competencia que antes pertenecía a Interior. Las otras dos patas se dedican a la protección en sentido estricto: el Registro de Bienes de Interés Cultural (BIC), el Inventario General de Bienes Muebles y el Inventario de la Iglesia Católica. En el reparto competencial, el Estado solo protege jurídicamente los bienes de su propiedad; el resto pertenece a las comunidades autónomas. No obstante, las autonomías deben comunicarnos sus declaraciones para mantener un registro central único. Esta es la herramienta de protección más importante: si no conoces lo que tienes, es imposible protegerlo. Vinculada a este trabajo de fondo está la secretaría de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico Español. Este organismo colegiado emite los informes para autorizar o denegar permisos de exportación, revisa importaciones y gestiona las adquisiciones para museos, archivos y bibliotecas estatales. Finalmente, dentro de esta secretaría, combatimos el tráfico ilegal de bienes culturales en coordinación con la Fiscalía, Aduanas, el Grupo de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil (UCO) y la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional.

    Una labor ingente. Ha dicho una frase reveladora: «Si no conoces lo que tienes, es imposible protegerlo». ¿Se puede llegar a conocer todo nuestro patrimonio o es una quimera? España es pionera en la protección del patrimonio histórico. Nuestras primeras normas son del siglo XVIII y alcanzamos un planteamiento muy moderno a principios del siglo XX. Las leyes de 1911 y de 1933 fueron tan novedosas que sirvieron de base para el derecho de protección europeo y mundial. Somos un país veterano, con inventarios que nacen en el siglo XIX a raíz de las desamortizaciones. En bienes inmuebles conocerlo todo es más sencillo. Ahí, la labor de vigilancia de asociaciones como Hispania Nostra es fundamental. En bienes muebles, sin embargo, es mucho más complicado; todos los meses nos llevamos sorpresas en expedientes de exportación. A veces surge un interés renovado por ciertos artistas del pasado y reaparecen obras alojadas en colecciones privadas durante doscientos años que no habían cambiado de manos.

    ¿Somos conscientes de que el patrimonio es una herencia que debemos preservar para el futuro? Quiero pensar que sí. La propia Ley de Patrimonio Histórico de 1985 define el patrimonio como la contribución histórica de los españoles a la civilización universal y el fruto de la capacidad creativa contemporánea. El patrimonio conecta el pasado con el futuro. El prólogo de esa ley, que es muy literario y poético, sigue siendo de plena aplicación cuarenta años después… [Gema Pajares. Foto: Alfredo Arias]

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