• Paolo
  • Nico Munuera, la contemplación pura

    Nico Munuera (Lorca, Murcia, 1974) dejó sus estudios de matemáticas, con la profundidad y abstracción de su lenguaje, para expresarse con una pintura, también profunda y abstracta, elegante, silenciosa y contemplativa, que puede trasladarnos al universo zen. Aunque la sensibilidad de Munuera pueda estar moldeada por su relación con la naturaleza, su voluntad no es representar un paisaje y aun así sus pinturas lo sugieren porque nuestro sistema visual percibe la estructura de horizonte con cielo arriba y tierra abajo. Es más, la neurociencia de la percepción confirma que “ver ya es interpretar”, así que bien podríamos decir que son paisajes interiores, no tanto por lo que representan sino porque pueden convertirse en escenarios físicos de una condición espiritual, tanto para el artista como para el observador. Puede ser una contemplación que nos transporta, que nos mueve entre lo bello y lo sublime. Frente a una pintura abstracta, que no es un paisaje, nosotros tampoco somos lo que estamos mirando o sintiendo, somos el yo mirando, el yo sintiendo, como lo fue para los románticos alemanes. Kant lo explicó muy bien: lo sublime no está en los objetos porque las montañas no son bellas ni sublimes en sí mismas, sino en el sujeto que las contempla. Con el evento Apertura en Madrid, la galería Pedro Cera arranca la temporada con la exposición Piedras sobre agua de Munuera, hasta el 14 de noviembre.

    ¿Cómo fueron sus primeros recuerdos y experiencias con el arte? Mi experiencia consciente con el arte fue un poco tardía; siempre estuve más interesado por las ciencias, además del cine, la literatura y la música. Cursé estudios musicales durante años y estudié piano, pero no tenía la costumbre de visitar museos y mi interés por el arte empezó a los 20 años, cuando empecé a pintar.

    Estudiaba Matemáticas y lo dejó por el arte. Sí, fue un ruptura imprevista y poco probable, pero sucedió. Estaba cursando matemáticas en ese momento, una carrera durísima, y de manera muy casual, mientras estudiaba, me puse a pintar en un bloc. Tuve un bache emocional, me dio por pintar y en el juego de la pintura encontré mi lugar; no sé si es extraño o no, pero era el sitio donde estaba a gusto. Volví a casa, porque estaba estudiando fuera, y dije que quería abandonar la carrera y dedicarme a pintar. Mis padres pensaron que estaba loco [dice sonriendo].

    Pitágoras nos enseñó que el universo está regido por leyes aritméticas y geométricas, la naturaleza es un ejemplo de ello. ¿Tiene conciencia de una posible influencia de su paso por las matemáticas hasta su interés por la naturaleza? Absolutamente. El lenguaje matemático puede llegar a ser de una profundidad y abstracción inimaginables. Puede resultar extraño, pero había momentos en que el álgebra se tenía que convertir en un acto de fe para poder continuar, y yo debí perder esa fe en alguna ecuación. No seré yo quien contradiga a Pitágoras, pero sí que puedo matizar esa frase: no creo que el universo esté regido totalmente por leyes aritméticas. Lo que sí es cierto es que hemos creado un sistema que nos permite medirlo y entenderlo más profundamente, pero esto no significa que la naturaleza sean matemáticas. Es decir, que podría haber otros sistemas que se pueden aplicar para entender lo que nos rodea. Quizás uno de ellos sea el arte.

    ¿El arte sería un modo de comprender lo que nos rodea? Es un modo de comprender y estar. La pintura es una vía de conocimiento que me ayuda a profundizar en mi interior y agudiza mi manera de ver el exterior. Comencé a pintar como lo hace un niño que juega con unos materiales. De hecho, creo que sigo haciendo lo mismo; o sea, jugando y aprendiendo. Es a través de la materialidad de la pintura la que me enseña a mirar fuera y percibir la naturaleza y el paisaje.

    En la naturaleza es frecuente encontrar la proporción áurea. Me hace gracia porque en algunos trabajos míos, que son como muy de línea y aparentemente muy matemáticos, donde hago mediciones de lo que ocurre, he encontrado esas secciones áureas en la composición; lo he compuesto de manera intuitiva y lo sorprendente es que a veces ha aparecido ese rectángulo áureo. No sé a qué atribuirlo. No sé si es que estamos educados a ver de una manera determinada o quizás están ahí realmente las matemáticas.

    A veces nos preguntamos qué es la belleza y, aparte de las oscilaciones del gusto, en el orden de la proporción áurea siempre encontramos belleza. Claro, creo que eso es cierto. Pero también sospecho que debe haber otros sistemas que no son tan utilizados, que también son capaces de encontrar quizás esa belleza. En las ciencias lo hemos aplicado en nuestra vida diaria y nos es muy práctica. Y si lo aplicamos al arte y nos ponemos a observar algo que ha hecho alguien en el atisbo cultural, vemos ahí algo que nos emociona o nos conmueve. Hay una cuestión, creo, de educación de la percepción… [Marga Perera. Foto: Alfredo Arias]

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