Con el entusiasmo y las ganas de siempre, Rafael Canogar (Toledo 1935), pintor de renombre internacional y uno de los soportes de nuestra vanguardia de posguerra y las corrientes posmodernas de los 80, sigue librando batallas en el arte con el mismo embate y carisma de los años de juventud, cuando “casi todo estaba por hacer en España”. A punto de cambiar de estrenar la novena década de su vida, la longevidad de Canogar es directamente proporcional a su lucidez intelectual. Una amplitud cultural que caracterizó a aquella generación humanista de los años 50, ocupada en pintar, esculpir o grabar sin olvidarse de indagar en otros campos del saber, la historia, la literatura, la filosofía… ramas todas vitales que arman el gran árbol de su quehacer artístico. Su actual antológica en CentroCentro no puede ser sino resultado de un extraordinario camino impregnado de principio a fin de la nítida certeza que alberga la pintura. Juan Gris dijo: “Cézanne hace de la botella un cilindro, yo hago del cilindro una botella”. Canogar pinta realidades a partir de estructuras abstractas y en esa dialéctica de forma-función, la reflexión que plantea en torno al arte ha sido siempre la de acortar distancias convencionalmente impuestas entre figuración y abstracción.
¿Qué supone esta retrospectiva en CentroCentro? Pues una enorme alegría. Hacía tiempo que no celebraba una exposición tan amplia en Madrid, desde 2001 en el Reina Sofía. Y el hecho de que se haya organizado en un lugar tan relevante como es el Palacio de Cibeles, me enorgullece.
¿Cómo ha sido el montaje en un espacio tan diáfano, teniendo en cuenta además que se trata del repaso a toda su trayectoria? Le he dado total libertad a Alfonso de la Torre y me ha gustado mucho. Aunque durante el verano pasado fui a visitar las salas y empecé ya a jugar con la ubicación siguiendo un orden más o menos cronológico. Sin embargo, el comisario ha tenido una visión diferente, empezando por la obra más reciente y haciendo un planteamiento que rompe el tradicional recorrido retrospectivo para terminar en mis primeras abstracciones; al salir de la exposición el espectador tiene que hacer el paseo inverso, dando así una mirada espacio-temporal de ida y vuelta muy completa.
El título, Realidades, ¿no choca de entrada con un pintor abstracto como es Canogar? Un cuadro abstracto es también realista al ser lo más cercano a construir una nueva realidad por medio de una imagen distinta. Como he dicho muchas veces, mi identidad castellana también es mi paisaje. La impronta del hombre sobre la materia, la tierra. Es la huella del arado en los campos roturados que, desde muy jovencito, veía en los viajes a Toledo.
¿Y desde esa esencia de artista castellano, cómo entiende la pintura? Decía el crítico que una guitarra pintada por un cubista, un realista o un pintor abstracto, cambiará mucho pero siempre será una guitarra. Yo pertenezco a una generación que dejamos de pintar guitarras y empezamos a pintar nuestra memoria, nuestros sueños, nuestras rabias. Buscábamos otras realidades distintas a las que albergan las cosas cotidianas. Las entrañas mismas del ser… [Amalia García Rubí. Foto: Alfredo Arias]





