La alta costura en España ha dado nombres de enorme peso y no cabe duda que el de Sybilla (Nueva York, 1963), es uno de ellos. Casi cinco décadas lleva la diseñadora en esta profesión llenando con sus obras las mejores pasarelas del mundo. Su carácter independiente, libertad de movimiento y respeto por el oficio, la han convertido en un referente a prueba del tiempo. Hace tres años, tuvo lugar en la Sala Canal de Madrid, la primera retrospectiva en nuestro país sobre la obra de esta maestra del volumen y el color, donde se comparaban algunas de sus innovadoras aportaciones con la vanguardista Elsa Schiaparelli o el trabajo de modelaje sobre el cuerpo de Madame Grès. A lo que podríamos añadir la sensibilidad cromática y la levedad formal de Sonia Delaunay. Y, por encima de todo, un sello artístico inconfundible en la apuesta por la sencillez de lo bello funcional, lo hecho con las manos a partir de la observación y la experiencia.
En los genes de Sybilla ya estaba escrito su cosmopolitismo y ese interés innato por lo intercultural que desde adolescente le otorgó una mirada diversa y amplia del mundo. Nacida en Nueva York, de padre argentino y madre polaca, fue educada en un ambiente artístico propicio, aunque a veces no exento de dificultad. De niña viajó por diferentes países, pero ella se siente sobre todo española, pues Madrid y Mallorca han sido los principales lugares de su vida. Siendo muy joven marcha a París y entra a trabajar con Yves Saint Laurent, para enseguida retornar al Madrid bullente de los años 80, donde pronto destaca como la diseñadora de moda más importante del momento, cuyos trabajos serán fotografiados por Ouka Leele y Javier Vallhonrat. A partir de aquí, la fama de Sybilla se expande internacionalmente siendo sus vestidos requeridos por el mundo del espectáculo, el cine, el arte, con modelos icónicos como el Vestido España. Su preocupación por el medio ambiente y hacer de la industria una actividad sostenible, le llevó en 2009 a fundar Fabrics for Freedom, para la promoción de fibras naturales y el impulso a la fabricación artesanal. Sus modelos fueron expuestos en el Museo de Artes Decorativas de París. Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes y Premio Nacional de Moda, entre otros reconocimientos, su trayectoria es una carrera de fondo con muchas metas abiertas. La última, un proyecto ilusionante, la galería Plaza del Gato, abierta en la calle Noviciado de Madrid, “con el deseo de compartir el trabajo de la gente que admiro”
Usted es una de las diseñadoras más personales y reconocidas del mundo. ¿El éxito es un regalo de la vida o hay que ganárselo día a día? Creo que siempre es un regalo, aunque haya mucho esfuerzo detrás. El éxito no tiene por qué ser algo que vaya necesariamente acompañado de triunfo económico. Que tu trabajo sea reconocido y valorado es siempre motivo de agradecimiento. Todo está permanentemente en juego.
Se presentó al público con tan solo 20 años tras abrir su primer taller de ropa a medida en Madrid en 1983 y dos años después, debutó en la pasarela Gaudí de Barcelona. ¿Tenía ya entonces clara la línea de su trabajo? Tenía claro lo que no quería hacer… Aprendí esta profesión haciéndola. En aquella primera etapa no quería vender en tiendas, prefería vender prendas únicas de mi taller a amigos. Tenía una visión muy utópica de todo, pero de alguna manera, lo hicimos posible. La principal motivación entonces era ser capaz de crear lo que imaginaba y trabajar con mis amigos; eso era lo más importante y lo que más satisfacción me daba.
Ha creado multitud de colecciones para las capitales de la moda internacional, Tokio, París, Milán, Nueva York, Madrid ¿Qué valoración hace de su recorrido profesional? ¿Siente una realización plena o quedan todavía sueños por cumplir? ¡Muchos sueños por cumplir!… La valoración de mi recorrido profesional es, sobre todo, el aprendizaje que ha supuesto a todos los niveles, el privilegio de colaborar con gente muy distinta y los amigos encontrados en el camino. Al final, eso es lo que queda.
¿El arte forma parte de ese sueño o es una realidad con la que ha tenido siempre contacto? Vengo de una familia con muchos artistas por los dos lados: mi madre, mi abuelo, mis tíos y varios primos son pintores. De pequeña y durante mis años de colegio creo que muchos daban por sentado que me dedicaría al arte porque me pasaba la vida pintando. Pero la realidad es que yo lo que quería era hacer cosas útiles. Crear, para mí, era una manera de comunicarme, de relacionarme, porque era muy tímida.
Ha abierto una galería en el centro de Madrid ¿Cómo se embarcó en este proyecto? Por casualidades de la vida…y lo estoy disfrutando muchísimo. No soy profesional ni pretendo serlo; la galería es un lugar para compartir con los demás las cosas que me emocionan: belleza, talento, valentía. No solo en el mundo del arte, también en otras disciplinas. Un lugar para el encuentro, para hacer nuevos amigos, para intentar traer un poco de luz a estos momentos tristes y confusos que nos está tocando vivir.
Creo que la exposición del pintor Jean Bouvier tiene una bonita historia detrás. Encontramos su obra callejeando por París. En una tienda de libros antiguos vi por primera vez un cuadro suyo y me llamó la atención. El librero, un marchante de libros antiguos me contó que era un retrato de su madre pintado por su padre y me habló de su historia: su desconfianza hacia las galerías, cómo había pintado toda su vida con pasión y despreciando el éxito, temiendo que le alejara de su búsqueda artística. En aquel momento, supe que había encontrado algo especial, muy valioso. Especialmente cuando me enseñó la buhardilla donde él pintaba, que no se había tocado desde su muerte unos años antes y que servía de almacén de las obras de toda una vida. Su trabajo es realmente emocionante, muy bello y personal, muy auténtico. Son cuadros que transmiten luz, paz. Fue un honor poder ver la obra de sus distintas épocas juntas y así sentir que podía llegar a entender su mirada.
¿La idea de abrir una galería de arte es también fruto de su inquietud natural? Inquietud natural, sin duda, con otro tanto de ilusión y curiosidad. Hasta aquel momento nunca había tenido una galería ni pensaba tenerla, pero un año después, abrimos Plaza del Gato y en un momento de valentía, nos atrevimos a organizar esta exposición sobre la obra de Jean Bouvier. Reconozco que dar el paso me intimidaba mucho porque le consideraba realmente un gran pintor y nosotros solo unos aficionados. Pero ha sido muy bello ver el reconocimiento que está recibiendo su obra. Cómo la gente la disfruta, la saborea. Y lo bien que se está vendiendo. Jean Bouvier y su obra han terminado trayendo muchas cosas buenas y bonitas a nuestra vida… [Amalia García Rubí. Foto: Sybilla posa con la obra Vino Tinto de Alejandro Lucadamo © Félix Valiente]








