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    Eva Lootz, visualizar la materia

    Eva Lootz (Viena, 1940), es uno de los nombres imprescindibles de los nuevos lenguajes más allá de los límites de la escultura. Perteneciente a las generaciones pioneras que bebían de las transformaciones socioculturales de finales de los 60 y que convulsionaron el significado mismo del arte, su obra hermana pensamiento y estética. En Lootz, pasado y presente se unen para conformar espacios atemporales, cuyas raíces humanistas explican o dejan en interrogante las razones existenciales de un mundo altamente tecnificado.  Aunque siempre se ha considerado al margen de las corrientes de moda, es imposible no hallar en sus intervenciones artísticas, resonancias del arte conceptual, el povera, el land art, como el empleo de lo mineral apenas manipulado o la incorporación de elementos inmateriales, palabra, sonido, luz, movimiento… Su búsqueda en el arte persigue llegar a entender las leyes y misterios que aúnan ciencia y filosofía, espíritu y materia, partiendo siempre de la observación. Autora de varios ensayos sobre crítica y teoría del arte, conferencias y cursos, la carrera de esta artista multidisciplinar está jalonada de grandes exposiciones y tiene una amplia representación en los mejores museos españoles, así como en la colección del Chase Manhattan Bank de Nueva York. Eva Lootz ha sido galardonada con el Premio Nacional de Artes Plásticas (1994) y el Premio Arte y Mecenazgo (2013), entre otros reconocimientos.

    En su estudio de Madrid, una acogedora buhardilla de la zona centro, los libros se amontonan en un sinfín de estanterías bajas, las carpetas, papeles y lápices nos hablan de una actividad viva, la de una artista que dice dedicarse a “la reflexión antes que a la producción”. Entre los recortes, le señalo una pequeña foto de John Cage, sobre la que comenta: “Estuvo aquí, hace años, cuando se organizó una exposición sobre Marcel Duchamp”.

    Hábleme de sus inicios en Austria. Comenzó estudiando musicología, filosofía y cine, además de Bellas Artes. ¿Qué ha aportado esa formación tan amplia a su obra como artista? Inicié mi formación en cine en Viena, que me llevó luego a hacer alguna pequeña incursión estando ya en España, como la película Oeste, rodada con el apoyo de Paloma Chamorro. Pero enseguida comprendí que dedicarse al cine era algo muy costoso y requería años de sacrificio antes de ver algún resultado, así que me decidí por las artes plásticas. Ese ha sido el camino por el que la vida me ha llevado. La filosofía y la antropología también son materias esenciales para mí.

    ¿Su entorno familiar ha sido importante a la hora de dedicarse al arte? Bueno, yo fui una niña de posguerra, incluso tengo una pieza que se llama así Niña de posguerra. Mi padre era historiador del arte, pero nunca me sentí cerca de su manera de entender el arte, chocábamos ideológicamente y siempre discutíamos. Fue una de las razones de mi marcha a España. Por otra parte, en mi casa teníamos una buena biblioteca que disfruté desde jovencita. Cuando iba al instituto había muchas facilidades para conseguir entradas baratas para ir al teatro y a los conciertos e íbamos con frecuencia a los museos. Con el tiempo me he dado cuenta de que el sistema educativo y la formación que me dieron, en general fue buena y yo la aproveché.

    A principios de los años 60 apareció el “accionismo vienés” y el movimiento Fluxus de Beuys en Alemania ¿cómo veía a estos grupos más radicales?, ¿conoció a algunos de sus miembros? Sí claro. Nos conocíamos los artistas que empezábamos a querer cambiar las cosas en ese momento, pero mis inquietudes en el arte iban por otro lado, aunque no rechazaba lo que ellos hacían.

    En 1967, llega a España, junto al también artista Adolfo Schlosser ¿Por qué eligió este país para vivir? Básicamente quería salir de Austria y viajar hacia el oeste. En verdad, tenía que haber acabado en Lisboa [risas]. De niña, veía ponerse el sol y pensaba “yo quiero ir allí”. Había leído el libro Los tristes trópicos de Levi Strauss, y entendí esa tendencia mía de mirar hacia el oeste que también se refleja en el conato de película Oeste que rodé en 1981. Levi Strauss explica que el movimiento del sol, desde que nace hasta que se oculta, en el inconsciente colectivo está asociado a lo positivo y al camino de la perfección. De hecho, las grandes migraciones de la humanidad se han producido en esta dirección.

    ¿Cuál era la situación del arte en Madrid en aquellos años? Había un sentido compartido entre todos los artistas de rechazo a la dictadura y eso unía mucho. Conecté rápidamente con el mundo del arte gracias a la galería Buades. Era el lugar de reunión de todos nosotros, donde exponíamos y hablábamos sobre arte, cultura, política… [Amalia García Rubí. Foto: María Dias]

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