• Todo cambia, nada muere

    Pocos textos de la antigüedad han inspirado a tantos artistas como las Metamorfosis del poeta romano Publio Ovidio Nasón (43 a.C – 17 d.C). En esta monumental épica, se describe un mundo en el que dioses y humanos no dejan de transformarse en animales, plantas o piedras. Ya en 1604 el pintor e historiador del arte Karel van Mander la describió como una ‘Biblia para artistas’, y con razón. No es una exageración: después de las Sagradas Escrituras, las Metamorfosis fueron durante siglos una de las fuentes más fecundas para pintores, escultores, grabadores, compositores, escritores y poetas. Y su influencia perdura hasta nuestros días como atestigua una exposición en el Rijksmuseum de Ámsterdam, organizada en colaboración con la Galleria Borghese de Roma.

    Taco Dibbits, director general del museo neerlandés, considera que los 200 mitos y leyendas narrados en este antiguo poema todavía conectan con la incertidumbre actual.  «Las Metamorfosis llevan inspirando más de dos mil años a los artistas y hoy, cuando todo está cambiando a nuestro alrededor, el tema adquiere gran relevancia», ha manifestado.

    “Todo cambia, nada muere” es el mensaje que transmite Ovidio en sus versos que cuentan cómo los dioses se transmutan en animales, las ninfas en árboles, los humanos en piedra y las piedras en personas. Muchas de las historias recogidas en el poema exploran las interacciones entre dioses y mortales, en las que el amor -no siempre consentido- juega un papel determinante, así como la violencia, los celos y la traición. En la muestra se recrean varias fábulas icónicas como la de la creación del cosmos y del mundo a partir del caos; la de Aracne, convertida en araña por la vengativa diosa Minerva para condenarla a tejer por toda la eternidad; y los diversos avatares de Júpiter, que no deja de disfrazarse -de toro, cisne, manto de niebla, o incluso lluvia de oro- para engañar a su celosa esposa Juno y a sus víctimas.

    Las salas del museo se han enriquecido con más de 80 obras maestras, entre ellas, el Hermafrodito durmiente de Bernini; la Dánae de Tiziano, pintada para el rey Felipe II de España; Minerva y Aracne de Tintoretto; los icónicos Júpiter e Io de Correggio; el Narciso de Caravaggio; y el mármol de Rodin Pigmalión y Galatea. También se exhiben tres de los rostros grotescos de Giuseppe Arcimboldo así como el Perseo con la cabeza de Medusa, esculpido a tamaño natural por el holandés Hubert Gerhardt para el duque de Baviera. [Imagen: Juul Kraijer, Spawn. Cortesía Juul Kraijer Studio]. Hasta el 25 de mayo. Rijksmuseum. Ámsterdam. Rijksmuseum.nl]

     

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