• Turner & Constable: como agua y fuego

    Coincidiendo con el 250 aniversario de sus nacimientos, la Tate Britain organiza la primera gran exposición que explora las vidas y legados entrelazados de los paisajistas más venerados de Gran Bretaña: JMW Turner (1775-1851) y John Constable (1776-1837). Pintores y personalidades radicalmente diferentes, ambos desafiaron las convenciones artísticas de la época e idearon formas de representar el mundo que aún hoy siguen fascinando. Esta muestra sigue sus vidas paralelas, desvelando cómo fueron aclamados, criticados y enfrentados entre sí, y cómo esto les empujó a emprender nuevos rumbos creativos.

    JMW Turner, Autorretrato © Tate Gallery

    El relato se apoya en más de 190 pinturas y obras sobre papel, desde el emblemático lienzo de Turner El incendio de las Casas de los Lores y los Comunes, (1835), cedido por el Museo de Arte de Cleveland, hasta El caballo blanco (1819), una de las cimas de Constable. Nacidos con solo un año de diferencia —Turner en la concurrida metrópolis londinense y Constable en el seno de una familia acomodada en el pueblo de East Bergholt, en Suffolk—, la exposición empieza explicando cuan diferentes fueron sus primeras etapas de la vida. Turner era un talento precoz, una joven estrella que expuso por primera vez en la Royal Academy en 1790, con apenas 15 años, y creó ambiciosas pinturas al óleo antes de cumplir los 18.

    JMW Turner, El incendio de las casas de los Lores y los Comunes © Cleveland Museum of Art

    Por el contrario, Constable, básicamente autodidacta, se embarcó en diversos viajes para dibujar y crear sus primeras acuarelas y demostrando un firme compromiso con el perfeccionamiento de las técnicas, tuvo que esperar hasta los 26 años para debutar en la Royal Academy. Ambos surgieron en un momento de efervescencia del género paisajístico, pero estaban unidos por su deseo de cambiarlo para mejor. Dentro del competitivo mundillo, ambos se labraron perfiles diferentes. 

    Constable construyó su reputación sobre los paisajes de Suffolk de su infancia, optando por pintar al aire libre pues sostenía que el impacto emocional de una pintura residía en sus cielos. Turner, por el contrario, viajó extensamente por Gran Bretaña y Europa llenando cuadernos de rápidos estudios a lápiz. Estas excursiones le proporcionaron tanto inspiración, recordemos sus sublimes escenas alpinas, como oportunidades de negocio para editar grabados a partir de sus acuarelas. La muestra aborda también las novedosas formas de aplicar la pintura y representar la luz que Turner, con las que consiguió capturar el poder de la naturaleza.

    John Constable, El caballo blanco © The Frick Collection

    Al exponer frente a frente sus pinturas más emblemáticas queda patente cómo, a pesar de sus diferencias, los dos artistas se esforzaron por hacer del paisaje un género importante, digno de grandes lienzos. Artífices de algunas de las creaciones más arriesgadas y bellas de la historia del arte británico, lograron transformar para siempre la pintura paisajística.

    Las acusadas diferencias que había entre sus obras llevaron a los críticos a enfrentarlos entre sí y presentarlos como rivales. El propio Constable alimentó esta competición al colgar sus obras justo al lado de las de Turner en la exposición de la Royal Academy de 1831. Enfrentar El palacio y el puente de Calígula, de Turner, junto a La catedral de Salisbury desde los prados, de Constable, provocó una avalancha de comparaciones entre el calor soleado de la mítica escena italiana de Turner y la atmósfera húmeda de la Gran Bretaña de Constable; para los críticos de la época fueron «el fuego y el agua». [Hasta el 12 de abril. Tate Britain. Londres. Tate.org.uk]

    Ramsay Richard Reinagle, Retrato de John Constable © National Portrait Gallery, Londres
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