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    Mayoral, sueños por partida doble

    Pareciera que innovan por quinquenios. Sea o no a conciencia, cada cinco años modifican la galería que lleva el nombre de la familia: Mayoral. La abrieron sus padres en 1989, cuando Jordi tenía 7 años y Eduard 5. Veinte años después, en 2009, entraron en el negocio y, desde entonces, cada cinco años ha habido una novedad: en 2014 se jubiló el fundador, Manel Mayoral; en 2019 abrieron una segunda galería en la prestigiosa Avenue Matignon de París; y próximamente, en este mes de febrero de 2024, se disponen a duplicar el espacio de Barcelona incorporando el local contiguo, cuyas dimensiones son idénticas al actual, en el número 286 de la recién peatonalizada calle del Consell de Cent, junto a Rambla de Catalunya. A un lado, seguirán exponiendo el sello que les ha distinguido en la escena internacional de los últimos tiempos: arte español de posguerra; al otro, artistas contemporáneos. A uno y otro bando, los hermanos Mayoral contribuyen a la elaboración de un nuevo relato del arte de los últimos tiempos, restituyendo su importancia histórica a nombres olvidados. Ello les ha procurado reconocimiento en las grandes ferias de Basel, Miami, Hong Kong, Nueva York y Maastricht. De sus padres heredaron el don de la intuición. «Es algo que llevamos dentro, pero que hay que entrenar día a día», exclaman a dúo, rodeados de cuadros cuyo magnetismo descubrieron a una edad muy temprana.

    Retrocedamos a 1989. ¿Cuáles son sus primeros recuerdos de infancia?

    Jordi Mayoral (JM) El día en que se fundó la galería fue muy ilusionante para toda la familia. Nuestra madre vino a recogernos al colegio y había mucho tráfico. Estábamos muy nerviosos y suspirábamos por llegar a tiempo. Compartíamos la ilusión de nuestros padres de fundar una galería en Barcelona en la calle del Consell de Cent, que era una de las más emblemáticas de la ciudad en cuanto a movimiento galerístico y, además, en un momento clave, justo antes de los Juegos Olímpicos. En casa, convivíamos con el arte y cenábamos con las ideas.

    Eduard Mayoral (EM) Soy dos años más pequeño, por lo que mi memoria es más difusa. Recuerdo en general las primeras inauguraciones de las exposiciones, así como las ferias. Siempre estábamos presentes y ayudábamos como podíamos. Eran momentos de gran intensidad y muy bonitos.

    ¿Cómo aprendieron el oficio de galeristas de sus padres?

    JM No hay una universidad o una escuela para ser galerista, la única forma conocida es trabajando. Es decir, el ensayo y el error. Por suerte, nuestros padres nos han inculcado desde la infancia la cultura y el amor por el arte, así como la estructura para generar un negocio viable y perdurable. La mejor manera es caminar.

    EM Cuando éramos pequeños, nuestro padre llevaba a casa cada cuadro que compraba y nos lo mostraba y comentaba a fondo. Empezamos a ser galeristas a los 5 y 7 años, descubriendo los secretos del negocio desde el principio. Sin saberlo, estábamos trabajando para el futuro; y aquí seguimos, labrando desde muy pequeñitos.

    ¿Qué máximas les han transmitido sus padres?

    EM Nuestra madre nos ha enseñado a cuidar el detalle e intentar llegar a la excelencia. Nuestro padre, el negocio en sí, la compra y la venta de obras, a tener buen ojo y ver el cuadro.

    JM Sí, a tener olfato comercial, a identificar las obras de calidad, porque son las que te llevan a los buenos coleccionistas y, al final, a tener una buena galería. Sin buenas obras ni buenos artistas, una galería no puede funcionar.

    ¿Qué reto ha supuesto el relevo familiar?

    JM La galería nació de un tándem enamorado e ilusionado de una idea a la que nos unimos los tres hijos, porque nuestra hermana, Cristina, también está involucrada en el proyecto. Cinco años atrás, al inaugurar una segunda galería en París, el reto fue crear un equipo sólido, no solo familiar, sino que incluyera a otras personas y llevarlo a cabo con perspectiva de futuro.

    EM La clave fue cuando decidimos internacionalizar el negocio. Entonces surgió la necesidad de sumar más manos, más cerebro, más personas con talento que nos ayudaran. Empezamos con las ferias, luego en París y ahora, próximamente, con la ampliación de la galería en Barcelona.

    ¿Cómo se realizó el relevo?

    JM Ha sido muy paulatino y nos ha permitido innovar y, a la vez, mantener la visión fundacional. Hemos podido combinar experiencia y juventud de una manera orgánica, natural y generosa, manteniendo una convivencia saludable. Hasta ahora, nos ha ido bien.

    EM Este proceso empezó en 2009, al entrar nosotros. En 2014, nuestro padre se jubiló y nosotros tomamos las riendas, pero él sigue manteniéndose cerca y ayudándonos.

    ¿Y qué otros cambios han introducido?

    JM Este germen de cambio ya lo llevaban incorporado nuestros padres. Es intrínseco de la galería: la adaptación y la excelencia. Tenemos la suerte de convivir con el arte, la cultura y artistas de primera que nos han marcado y siguen marcándonos. Lo fundamental en el ADN del artista es romper con lo que se ha hecho antes, buscar un nuevo paradigma e innovar. Sin estas grandes ideas, no se puede crear nada nuevo y perdurable, algo que aporte valor. Este es el ADN del arte. Esto es lo que nos han enseñado Picasso, Tàpies, Miró, Dalí…

    EM Nosotros, a lo mejor, lo hemos estructurado más a nivel empresarial, organizándolo de una manera más sólida, especializándonos en arte de posguerra, que es lo que hemos hecho en los últimos ocho años, y que nos ha permitido llegar a todas las ferias internacionales y a abrir galería en París. No hay ninguna galería dedicada a esto de manera específica y con nuestra excelencia: proyectos comisariados, catálogos y libros, comisarios, exposiciones de nivel institucional… [Inés Martínez Ribas. Foto: Carmen Secanella]

     

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