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    Un Bronzino para el Führer

    “Este retrato es uno de los más emocionantes hallazgos recientes relacionados con el artista Agnolo Bronzino (1503-1572). Su redescubrimiento no solo saca a la luz uno de los cuadros más bellos del pintor, sino que también nos permite saber más sobre su etapa juvenil”, ha manifestado Carlo Falciani, profesor en la Accademia di Belle Arte en Florencia sobre este Retrato de hombre joven con pluma y hoja de papel (1527) que vende Sotheby’s el 26 de enero. Estimado en 3 y 5 millones de euros, data hacia 1527 y constituye una valiosa adición al corpus temprano del florentino. Desde el siglo XVII la lista de sus propietarios ha incluido a insignes personalidades, la última de ellas fue la mecenas alemana Ilse Hesselberger quien, a cambio de conseguir la libertad, se lo entregó a los nazis aunque eso no evitó su internamiento en el campo de concentración de Kaunas, Lituania, donde moriría. Hesselberger había adquirido la pintura en 1927 al marchante Julius Böhler quien se la vendió como obra del manierista del siglo XVI Francesco Salviati. Después de la deportación de la coleccionista, el cuadro fue incautado por los nazis y trasladado al Führermuseum de Linz, momento en el que fue re-atribuido (posiblemente por Herman Voss, director del museo) a Jacopino del Conte. Después de la guerra, este óleo estuvo colgado en varias oficinas gubernamentales en Alemania donde pasó desapercibido. En marzo de 2022, poco después de que fuera restituido a los herederos de Hesselberger, el lienzo llegó a las oficinas de Sotheby’s. Inmediatamente sus expertos vislumbraron que, bajo capas de suciedad y barniz descolorido que oscurecían su superficie, latía una pintura exquisita. Se envió una foto al especialista Carlo Falciani, quien confirmó las sospechas de que podría tratarse de un retrato pintado por un joven Bronzino. En él aún es evidente la influencia de su maestro, Pontormo, sobre todo en la manera de representar al retratado: emergiendo de un fondo oscuro, con un rostro ovalado, ojos brillantes y vuelto hacia el espectador. En estas obras, Bronzino pretende capturar no solo el parecido de sus modelos, sino también su posición social y personalidad, a menudo a través de su postura, vestimenta, adornos u objetos circundantes. Los detalles de este retrato así lo demuestran pues toda la parafernalia que rodea a este joven caballero tiene que ver con la escritura, desde la pluma que sostiene en sus manos, al escritorio con la hoja a medio escribir hasta el tintero colocado en precario equilibrio. Falciani también aventuró la hipótesis de que pudiera ser un autorretrato del propio Bronzino teniendo en cuenta el acertijo en latín que aparece en el folio: “La imagen piensa escribir pero en realidad no escribe / Escribe por su propia voluntad, pero no actúa por su propia voluntad / Por tanto, lo hace de mala gana y escribe lo menos posible / Se propone, además, escribir, para que no sea necesario.”

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