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    Un Degas redescubierto

    En la historia del arte hay innumerables obras que celebran escenas de burdeles. Vermeer ya nos regaló una en Entremetteuse de 1656 (Gemäldegalerie Alte Meister, Dresde). En el siglo XVIII, Thomas Rowlandson también produjo algunas bellas imágenes en sus caricaturas, mientras que en el XIX, este tema fue retomado amplia y juguetonamente por artistas famosos. Entre los primeros -tal vez el primero- estuvo Constantin Guys (1802-1892), cuyo Au Salon Scène de maison close (Museo de Orsay) se considera pionero del género hacia 1850. Entre los autores que marcaron el siglo con sus visiones de la prostitución, en particular de los burdeles, cabe citar a Gavarni, por sus litografías, así como a Forain, Toulouse-Lautrec y Edgar Degas.  Fue entre 1875 y 1885 cuando Degas se interesó inesperadamente por los burdeles, realizando una cincuentena de monotipos y pasteles que se encontraron en su estudio tras su muerte en 1917. Junto a sus bailarinas, mujeres desnudas y caballos añadió un nuevo tema a su «repertorio» artístico, el de los cafés-cantantes, al mismo tiempo que aparecían en su obra las casas de citas. Uno se pregunta por qué Degas, sin alejarse de sus primeros intereses pictóricos, enriqueció su obra con tales temáticas. ¿Fueron los cafés-cantantes una nueva fuente de inspiración musical y artística para él, lugares populares diferentes de la ópera, en contraste con el medio burgués del que procedía? En cuanto a los burdeles, ¿hay alguna razón para creer que Degas iba allí en busca de aventuras emocionales, sentimentales o sexuales? ¿No escribió un historiador del arte que Degas no tuvo amantes después de la década de 1870?  [Catálogo de la exposición Degas, París-Nueva York, 1988-1989]. ¿Tuvo realmente alguna antes de esa fecha? A menudo se ha citado el voyeurismo como explicación a su frecuentación de los lupanares, que al final no fue más que un breve pasaje de lo que parece haber sido una larga y bastante austera, por no decir ascética, vida en el terreno sexual. ¿Qué relación íntima, probablemente más moral o psicológica que física, mantenía con sus bailarinas, sus mujeres desnudas bañándose y las de los burdeles parisinos?

    El pastel que hemos reencontrado en España fue probablemente vendido por Degas a Julián Bastinos a finales del siglo XIX. Lo hemos titulado: Eloge du Maquillage. Nos sedujeron las palabras de Charles Baudelaire en Eloge du Maquillage, Le Peintre de la vie moderne (1863), de la que tomamos esta elegante cita: «Ella [la mujer] debe entonces tomar prestado de todas las artes y medios para elevarse por encima de la naturaleza con el fin de subyugar mejor los corazones y las mentes». Este pastel sobre cartón [47,8 x 62,3 cm], firmado Degas en el ángulo inferior derecho, es una pieza emblemática en España, donde existen pocas obras conocidas de este artista: tres en el Museo Thyssen y una en el Museo de Montserrat, sin contar las que se conservan en colecciones privadas y otras cuya autenticidad estaría aún por determinar. Eloge du Maquillage es una variación evidente del monotipo Le Client sérieux (Museo de Bellas Artes de Ottawa, Canadá).  En este monotipo, a la derecha, vemos a un anciano de pie, con el brazo izquierdo extendido, que se apoya en un bastón. A la izquierda, un grupo de mujeres le observan, la de la derecha apoyando su mano diestra en el mismo bastón y en la mano del cliente, como para atraerle. «Sube cariño», parece estar diciéndole. El pastel Eloge du Maquillage repite la parte superior izquierda del monotipo de Ottawa, centrando el tema en las dos mujeres de la parte superior izquierda del monotipo. Esta transición no es infrecuente en Degas, cuando toma un detalle de otra obra, como hace aquí, pasando del monotipo al pastel. Aunque los pasteles sobre papel son más numerosos y constituyen el grueso de la obra de Degas, los pasteles sobre cartón no son infrecuentes. Es el caso que nos ocupa. Eloge du Maquillage es un descubrimiento en un doble sentido. En primer lugar, es el reflejo de una aventura humana, la de Julián Bastinos, pero también el de una página de la historia de España. Junto con su hermano Antonio, Julián Bastinos dirigía una importante editorial en Barcelona y poseía una magnífica colección de arte. En 1872, Julián se encuentra en París formando parte de una activa colonia de artistas españoles. Un documento indica que trabajó con Urrabieta en el número 115 de la rue d’Alésia, en el distrito 14 de París, en Montparnasse. Apasionado de la cultura, la música, la literatura y la educación escolar, era también decorador de porcelana, por lo que estableció contacto con la célebre fábrica de Sèvres dirigida por el no menos famoso hombre de letras Jules Champfleury, que conocía a Degas, como demuestra la carta que éste envió al artista el 15 de mayo de 1870: «Estimado señor: este martes por la mañana, hacia las diez, iré a verle. Atentamente». Carta firmada «Champfleury» dirigida a Degas al 13 rue de Laval París y citada por Loyrette, 1991, [Degas, p. 722, nota 88].  La relación entre Degas y Champfleury se hace así evidente. Otro documento llamó nuestra atención. En una misiva dirigida a Jean-Baptiste Faure el 2 de enero de 1887, Degas se refiere a un tal Sr. B. quien le habría comprado un cuadro por 3.000 francos. En Edgar Degas Lettres [Carta nº 300, nota 2, pp. 412-413], Theodore Reff sugiere los nombres de Etienne Boussod y Émile Bertin. Dadas las relaciones de Degas con ciertos artistas de la colonia española residentes en París, y la coincidencia en el tiempo no es excluyente pensar en Bastinos para la B inicial.  

    Edgar Degas, Eloge du Maquillage. Foto: Marta Arjona Blasco

    Julián Bastinos, contemporáneo de Degas, también conoció a muchas de las principales figuras de la vida cultural y artística parisina, formando una sólida red que incluía a Victor Hugo y Emile Zola. Probablemente fue así como adquirió Eloge du Maquillage, que llevó consigo a El Cairo a principios del siglo XX. Lo hizo enmarcar en Alejandría (Egipto) por A. Marcovitch, un enmarcador de lujo, como indica la etiqueta del reverso de la obra. Bastinos murió en 1918 y fue enterrado en El Cairo, según escribió su hermano en la necrológica publicada en La Vanguardia del 28 de abril de 1918, y más tarde en su libro En Pleno Ocaso, editado en 1922. Tras la muerte de Bastinos, el pastel de Edgar Degas regresó a Barcelona para permanecer en la familia hasta 1934, cuando fue incautado en virtud de las leyes del gobierno de la época. El Archivo de la Corona de Aragón del Ministerio de Cultura, Archivos Españoles, conserva una fotografía en blanco y negro de Eloge du Maquillage de 1939.  Devuelto a la familia en 1940, fue adquirido por Juan Llonch Salas, presidente de la Academia de Bellas Artes de Sabadell, permaneciendo en la familia Llonch durante varias generaciones. Actualmente se encuentra en una importante colección privada española. Eloge du Maquillage fue incluido en la exposición Obras maestras de la pintura celebrada en la Sala Gaspar de Barcelona entre noviembre y diciembre de 1952.

    Una vez reconstituida la procedencia del pastel, también hemos establecido su expertise estableciendo numerosas correspondencias estilísticas con otras obras de Degas. La primera tiene que ver con el color, en particular el de la espalda de la joven de la derecha, que comparamos con La Toilette, 1883, colección particular (MS-1449) y Les Danseuses en jaune, 1878-1880, colección particular (MS-1448). Hallamos aquí las mismas tonalidades y sutiles variaciones de color. El segundo análisis comparativo se centra en la forma de las manos. En  Eloge du Maquillage, la de la mujer que ofrece sus encantos al cliente desaparece en la polvera utilizada para maquillar el rostro. Como en muchas obras de Degas, la mano sólo se ve parcialmente, como si los dedos estuvieran replegados sobre sí mismos. Esto puede verse también en Les Repasseuses, hacia 1884, colección particular (MS-577). La tercera referencia guarda relación con la firma de nuestro pastel, que comparamos con las de Tub, 1886 (Museo de Orsay, París) (MS-1252) y Femme se peignant, 1885 (Metropolitan Museum de Nueva York) (MS-1380). Recientemente hemos publicado en la web un estudio comparativo en profundidad de 66 firmas de Degas: https://www.degas-catalogue.com/michel/liste.php?page=signatures

    Imagen de la obra en blanco y negro tomada en 1934 por Adolfo Mas, fotógrafo de la Junta de Museos de Cataluña

    Los análisis del soporte de cartón y de los pigmentos fueron realizados en julio de 2023 por el Laboratorio I&R de Madrid. En resumen, el informe confirma que la obra es efectivamente de la segunda mitad del siglo XIX, y que su firma de época forma parte integrante de la misma. Eloge du Maquillage se añade así al corpus de 1.750 pasteles y pinturas de Degas referenciados en el primer catálogo razonado digital: www.degas-catalogue.com, que ocupa ahora un lugar inigualable en el conocimiento de su obra que conduce a su valoración y expertizaje.  Michel Schulman es autor del Catálogo Razonado de Edgar Degas.

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