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    Un sueño que no cesa

    Elegido Mejor Artista Joven de África Occidental en 1999, Médéric Turay (Costa de Marfil, 1979) presenta su exuberante pintura en el espacio OOA Gallery de Sitges que su fundadora, Sorella Acosta, ha convertido en un estimulante escaparate del arte africano contemporáneo. Turay creció inmerso en la cultura urbana norteamericana de la década de 1980, bailando hip hop, cantando rap y pintando graffiti, una explosión cultural que influyó en la evolución de su obra. En 1995 su familia volvió a Costa de Marfil, él inició Bellas Artes y ahí encontró las raíces de su cultura. Estos dos mundos, que forman parte de su experiencia vital, conviven armonizados en su obra. Está representado en colecciones tan importantes como la de Charles Saatchi, la del Rey de Marruecos, Mohamed VI, y en la Niarchos de Suiza.

    Con un exuberante color que se apodera de la mirada, Turay utiliza tanto métodos pictóricos tradicionales, como óleo sobre lienzo, como técnicas rápidas actuales, como spray de graffiti. A los 4 años imitaba a Picasso, Dalí y Basquiat: cubismo, surrealismo y arte urbano, aún focos de su interés. Recordemos que André Breton consideró a Picasso como un surrealista por su toma de conciencia de tan alta traición a las cosas sensibles que se atrevió a romper con ellas. Turay también rompe con ellas, juega con la distorsión de la forma y del espacio y, como Picasso, recurre al collage para introducir la estabilidad de lo concreto. El artista marfileño presenta un escenario abstracto con un laberíntico “horror vacui”, que obliga a recorrer todo el lienzo y que puede convertirse en metáfora de un universo cuántico en el que todo está conectado.

    Médéric Turay, Primitive Spirit (2023)

    Esta naturaleza laberíntica parece evocar un escenario onírico, como el lenguaje de los sueños, en el que el espacio y el tiempo no caben en una concepción racional, pero aún así es real. Sus abstractas representaciones humanas y animalísticas conviven con collages de esculturas de artes primeras africanas, que no solo aportan realismo sino que crean un vínculo entre los espíritus y los hombres, conectando lo invisible con lo visible. Ascender al mundo de lo invisible explica la gran presencia de máscaras en sus pinturas, ya que en los rituales religiosos africanos, las máscaras representan lo sobrenatural. Con ello, Turay crea un territorio que conecta sus múltiples experiencias, las propias y las colectivas, diversas culturas, arte urbano y arte primitivo, sus propias influencias como artista, pasado y presente. Sus personajes evocan la vida y la muerte porque forman parte de un mismo viaje y para él el yo y la muerte son espejos gemelos.

    Turay traza un arco que podría ir desde los discos solares de las pinturas rupestres africanas a las esculturas tribales, recurriendo al arte primitivo como la primera representación del hombre y del animal en toda su autenticidad desde el hombre de las cavernas. Estas presencias totémicas actúan aquí como revisitación de las religiones africanas tradicionales con sus tótems, entes tan mágicos y tan potentes que son capaces de crear vínculos entre animales o plantas y grupos o individuos de un clan. Él no deja de ver las dos caras de una misma realidad y estas presencias totémicas en sus cuadros son como parte de los testigos del tiempo, cuentan la historia con él mismo; son la representación del espíritu primitivo, un recuerdo de sus ancestros, de las tradiciones, y sus obras están inspiradas en fábulas o poesías africanas, que aportan lo sagrado a su creación contemporánea.

    Junto al espíritu contemporáneo de su pintura, Médéric Touray tiene muy presente “Alkebulan”, como sus antepasados llamaban a África, que significa “Jardín del Edén” o “Madre de la humanidad”, y reconoce que Alkebulan, como búsqueda del origen de la humanidad, es una fuente eterna de inspiración para él como artista.

    Médéric Turay, Soul and I (2022)

    [Marga Perera. Del 25 de septiembre al 22 de octubre. OOA Gallery, Sitges. ooagallery.com]

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