“El logro del coleccionista reside en crear a partir del genio de otros un néctar que le pertenece sólo a él mismo” escribió el historiador del arte francés Henri Focillon, una reflexión con la que hubiera podido coincidir el arquitecto José Manuel Pérez Latorre (1947-2023), que dejó en su ciudad, Zaragoza, una significativa huella en edificios como el Auditorio o el Museo Pablo Serrano. Además fue pintor y un apasionado, aunque discreto, coleccionista. Sus intereses iban desde los libros al arte moderno y contemporáneo con un foco especial en el arte tribal africano que es ahora objeto de una muestra, comisariada por Ángel Martín, en la Sala de Exposiciones de la Diputación de Huesca. Se exhiben 100 obras, desde esculturas, máscaras y objetos rituales hasta textiles que “nunca antes habían sido presentadas al público en un espacio fuera de la esfera privada” ha recalcado el comisario.

Estos fondos tienen dos bloques claramente diferenciados: uno– Arte tribal africano – constituido por obras de un gran valor etnológico y artístico, en cuya adquisición Pérez Latorre contó con el asesoramiento de galeristas y especialistas y en el que están representadas distintas culturas tribales del África Central y Occidental, cuya cronología va del siglo V a. C. al siglo XX. Y un segundo apartado, Arte y copia en África, cuya incorporación respondió al impulso personal y al gusto estético del coleccionista, frecuente en las colecciones de creadores como Pablo Picasso, Antonio Saura u otros artistas cuyo objetivo y deseo era la búsqueda de la belleza por encima del valor, la autenticidad o el significado antropológico de las obras. A modo de epílogo se ha incluido una tercera sección – La transformación de la mirada occidental – que reflexiona sobre cómo progresivamente y a lo largo del siglo XX cambió la percepción y el reconocimiento del arte africano, que se desplaza desde el mero interés plástico por la obra hasta la necesidad de un conocimiento profundo de la misma desde disciplinas relacionadas con la etnología y la antropología.

El arte africano fue la proyección de unas cosmogonías que intentaban comprender y explicar el mundo. Las diferentes religiones animistas tuvieron unas necesidades generales que explican gran parte de la creación artística. Para marcar las etapas de la vida del individuo (nacimiento, pubertad, madurez y muerte), los ritos de paso estuvieron en el origen de una gran cantidad de creaciones africanas. El equilibrio del orden natural fue otro de los motores de los artistas africanos, que se preocupaban por los ciclos de sequía-lluvia, importantes para organizar la siembra y la cosecha entre los grupos agricultores y ganaderos y para asegurar el nacimiento y la migración de la fauna salvaje entre los grupos de cazadores. Neutralizar el mal, la enfermedad o la adversidad fue otra de las razones que explica la creación artística en África.

Por último existió, como en todas las civilizaciones, un arte cortesano. La colección Pérez Latorre invita a recorrer el continente africano apoyándose en objetos escogidos de diferentes culturas. Así, se muestra desde una máscara lwa-lwa de las sociedades cazadoras del centro del Congo hasta esculturas propiciatorias de los lobi de Burkina Faso. Y se lleva al espectador al origen mismo de la escultura y del arte africanos: las cabezas de la cultura Nok, las más antiguas manifestaciones escultóricas de África negra, que dieron paso a una tradición artística de objetos en terracota que se prolongó en las culturas de Guimbala (S. X al XII), y de Djenné (S. XI-XVI), ambas en Mali y también presentes en esta colección. (Fotos: Javier Broto). [Hasta el 27 de abril. Sala de Exposiciones. Diputación de Huesca. Dphuesca.es]











